Inicio » Reportaje

  Titanes del Rock: La lucha continúa

  Todos los martes en Valparaíso se realiza este espectáculo que mezcla lucha con rock. Peleador como es, León viajó hasta su ciudad natal a presenciar este show que recuerda a los "Titanes del ring" y a la WWF, con la diferencia de que aquí todo es más modesto: desde los luchadores hasta las coreografías, pasando por el piso de madera del ring. Eso sí, por empeño no se quedan.

Domingo 31 de enero de 2010| por Gonzalo Len / LND

Los empleados fiscales emplazan a Sebastián Piñera para que diga cuántos trabajadores quedarán cesantes en marzo; uno de los sindicatos de este diario se reúne para que el boliche no se cierre; el Presidente electo lucha para que sus acciones en la Bolsa de Santiago aumenten de valor. Como ven, son tiempos de lucha, así es que por eso estoy golpeando una de las puertas de acceso del pub El Huevo de Valparaíso, lugar en el que en pocas horas más se realizará un espectáculo de lucha libre llamado Titanes del Rock. Sin embargo, nadie contesta en este edificio de tres pisos. Miro la azotea, diviso a unas personas, les hago señas, pero no entiendo lo que dicen. Observo la pantalla gigante de la azotea, que va entregando la programación de cada día, y claro los martes toca Titanes del Rock.

Son las siete y media de la tarde y pienso que tal vez ésa sea la razón por la que nadie abre. Esto me trae a la memoria lo que decía mi "ex" luego de tocar el citófono de mi anterior departamento: "Ábreme León". Y yo siempre la… perdón "le" abría.

-No nos pongamos vulgares tan temprano -dice Hoppe, adivinándome el pensamiento, pero yo haciéndome el loco, replico a qué se refiere-. A eso, a qué más -agrega señalando la parte central de mis pantalones.

Contemplo mis pantalones sólo para comprobar que tengo el cierre, cremallera, marrueco, cosa, abajo. Soluciono el problema y comento:

-Bueno, habrá que seguir en la lucha.

Justo en este momento un chirrido abre la puerta. Viene bajando una persona, que se identifica como sonidista del pub, yo me identifico como León, y Hoppe… ¿Dónde se metió Hoppe? Bueno, no hay tiempo para aguardar a los viejitos o, como dijo el poeta Germán Carrasco en su poema sobre el bebé mafioso descendiendo de la limusina, "apúrense que estamos creciendo", lo que se traduce en que tampoco hay tiempo para los bebés. En realidad no hay tiempo para nadie, sólo para luchar.

En una oficina del segundo piso, una señora me pasa su teléfono y me pone al habla con Patricio Hado, el productor-descubridor de los titanes. Hado, productor de esas detestables fiestas

kitsch, dice que recién vienen abandonando Santiago en un bus puesto por el pub. No me queda otra que esperar.

La llegada

El tiempo pasa rápido en Valparaíso, eso siempre lo he dicho, y hoy no es la excepción: por eso al observar el reloj de mi celular no me sorprende que sean las nueve y media y que un bus con el isotipo del pub arribe en este momento con los luchadores: Montoya, Makina, Coyote, Míster Boogie, Atemista, Krosty, Iluminado, BCW, además de las chicas Tiffany y Kristy. En total quince luchadores y siete músicos.

No sé si el entusiasmo o la sorpresa de ver que hay chicos esperándolos me hace abordar a los luchadores apenas descienden del bus. Sin mucho conocimiento le pregunto a Makina, un chico que en horario de oficina es contador, pero que a esta hora se transforma en el campeón nacional de Guerra de Titanes, cómo estuvo el viaje. Makina también es el más corpulento de los competidores y el más amable.

-Bien -contesta serio, pero al ver que Hoppe y otros lo fotografían ensaya una bella sonrisa y posa para "su" posteridad.

Al ver que Makina y otros se encuentran al medio de la calle, el productor del Centro de Eventos El Huevo (alguien me ha corregido que no sólo es un pub), los reta:

-¿Acaso no se dan cuenta de que están al medio de la calle?

Bájale la espuma a tu chocolate, escucho por ahí o quizá no. Lo cierto es que Patricio Hado ordena que crucemos la calle y que ingresemos al local. Extraño el poder que tiene este productor, porque todos, cual milicos, o sea en filita, le hacemos caso.

Subimos hasta el segundo piso. Yo sigo a Montoya, el líder de los luchadores según Patricio Hado, y observo cómo a una orden suya todos se sacan las poleras y empiezan a armar el ring, que para mi sorpresa es un armatoste de metal más una plataforma de madera y una alfombra. Nada de resortes ni amortiguadores debajo del ring.

-Hey, no se puede sacar fotos -le advierten de repente a Hoppe, quien perplejo consulta por qué-. Porque primero hay que estar vestidos.

Como a mí también me parece un poco exagerada la medida, ya que afuera no hubo ningún problema para las fotos y ahora sí, me acerco al productor del "centro de eventos" y le pregunto qué pasa, "Pelado".

-Lo que pasa es que en estos momentos se está edificando el "templo", y digo templo porque lo que suceda acá tiene un sentido místico, porque uno nunca sabe si alguien saldrá sangrando, lesionado o muerto.

¿No será mucho, Lucho?

Me abro paso entre la vorágine de la puesta en escena y llego hasta donde está Patricio Hado, quien da las últimas instrucciones. Al verme, pone cara de atención y luego se larga hablar sin que pueda detenerlo. Dice que tiene una productora o agencia que se llama Novedades y que él fue quien descubrió a los muchachos hace cuatro o más años, precisamente en el Teatro Novedades en el barrio Yungay, el barrio del roto chileno.

-Ahí fue la primera vez que los vi y me enamoré de ellos -cuenta con nostalgia. Los tomamos: invertimos en diseñadores teatrales, rings, DVD, y el próximo gran paso es tener nuestra propia arena.

Imagino ese refrán o dicho "colaborar con un granito de arena" y me dan ganas de bromear con eso.

-Estos gallos son locos -afirma cambiando de tema-. No les gusta la sangre falsa. De hecho, cuando nos visitó Rikishi, que es un luchador de la WWF, no podía creer que contáramos con un ring con piso de madera. Y por eso mismo ha habido accidentes, como el de Coyote. -Patricio se distrae, ubica a Krosty, el libretista de los titanes, y le consulta-: ¿De cuántos metros cayó Coyote?

-De seis metros -contesta.

Patricio cuenta que muchos de los luchadores son profesionales.

-Hay contadores, ingenieros y estudiantes -precisa-. Pero todos tienen algo en común: cuando discuten, la cosa queda ahí nomás, porque saben que lo importante es el espectáculo. Por eso si alguien está mal, me refiero a que no ha ido a entrenar, no lucha.

Ha transcurrido media hora desde que los luchadores comenzaron a armar el ring y ya lo tienen prácticamente listo. Aprovecho la ocasión para hablar con Montoya, quien de buenas a primeras se muestra reticente a hablar conmigo. Montoya luce una especie de mohicano, muy similar al mío, por lo que me lo imagino como un hermano chico. Dice que él fundó la Revolución Lucha Libre (RLL) o Guerra de Titanes. Es curioso, porque el productor los llama por este último término, mientras Montoya prefiere el primero.

-¿Revolución es porque tienen una visión política de la lucha? -consulto inocentemente.

-No, Chile es uno solo y en todas partes la gente piensa la misma cosa

-contesta.

En este momento me pregunto cómo sabe Montoya lo que la gente piensa. ¿Tendrá acaso poderes paranormales, como telepatía?

-¿A qué te refieres con "la misma cosa"? -insisto.

-A estabilidad, futuro, estudios.

Luego agrega que lleva doce años entrenando, pero que empezó con el boxeo. En este minuto Montoya enciende el primer cigarro de la noche y observa cómo sus "dirigidos" ensayan las coreografías o libretos. Inquieto se despide, y es el primero en subir al ring para practicar su rutina. Como ven, hasta en la lucha libre se respetan las jerarquías.

A vestirse se ha dicho

Patricio Hado dijo que, cuando conoció a estos chicos, le pareció ver a los Rolling Stone con guitarras de palo. Lo cierto es que ahora estos mismos chicos continúan comportándose como los Rolling con guitarras de palo, porque llevan varios minutos encerrados en sus camarines, negándose a salir para una fotito de Hoppe.

-Debimos haber venido con Patricio -se lamenta mi compañero de desventuras, y yo para variar me enojo, porque los gritos desde los camarines no cesan: "¡Hielo, guuuuu!" o "Coca Cola, guuuuu".

El único que se pasea de un camarín a otro -porque aclaremos hay dos: uno para músicos y otro para luchadores- es Montoya, quien sigue fumando y fumando, mientras yo me pregunto en qué momento se pondrán sus máscaras y concluirán con sus maquillajes.

Después de unos instantes BCW (o Black Camboyan Warrior), un tipo vestido con pantaloncitos cortos ajustados y maquillaje tipo Kiss sale a tomarse fotos. Lo mismo hacen consecutivamente los demás luchadores y luchadoras. Me llaman la atención Atemista y Tiffany.

-Atemista, ¿a qué se debe tu nombre? -consulto.

-El maestro que me enseñó era ninja y atemista es una variación del término.

-Aaaaaahhh.

-Tiffany, ¿qué es lo más difícil de pelear?

-Aceptar la derrota.

Los titanes vuelven al camarín. Mientras aguardamos ahora su salida definitiva para el espectáculo que ofrecerán, llega un grupo de cuatro tipos. Dicen que son Rotenhead, una banda de heavy no sé qué. Enseguida tocan la puerta y aparece un sujeto de pelo largo y rubio que las oficiará de presentador.

-¿Sí? ¿Qué se les ofrece?

Los muchachos explican a lo que vienen.

-Tocarán lo que dura la primera pelea, es decir seis minutos -asegura el presentador.

Es la una de la madrugada y es la hora de bajar al segundo piso a pelear. Por fin podré ver de qué están hechos estos chicos.

La lucha, Lucho

Estoy en el espacio donde se efectuarán las peleas. Hay cerca de cien personas o quizá más. La música, que es Rotenhead, suena a todo volumen. El presentador anuncia el primer combate entre Montoya y Makina. Ambos salen al estilo WWF, es decir, con las luces apagadas y un foco direccional. El público aplaude, los más fervorosos gritan cosas ininteligibles.

¡Comienza la pelea!

Rotenhead toca un tipo de metal, que reconozco muy similar a Criminal. Los luchadores se mueven rápido, tan rápido que no alcanzo a seguirlos bien con mi camarita amiga. Entre el público algunos sonríen, como burlándose de los luchadores, mientras que otros entienden la lucha como una performance y observan con la boca abierta, sin decir nada. Hay también un par de fanáticos de ambos luchadores. No consigo distinguir si son "palos blancos" o no. La pelea dura seis minutos y gana Makina.

El segundo combate es más promiscuo. Son dos parejas: por un lado Kristy y Míster "Magoo" Boogie y por el otro Krosty y Tiffany. Las chicas pelean rudo y bien. De hecho, son castigadas por los hombres, cuestión que nos excita a Hoppe y a mí. Mientras luchan, mi mente, tal vez cansada por mi estancia en esta ciudad a la que vendría gustoso a veranear pero no a trabajar, se transporta a otras luchas: a la de la dictadura, a la del Plebiscito del '88, a la de mi madre por seguir viviendo hace dos años, a la de mis dos medias hermanas en Australia, a la de mi ex chica trotskista por superar un hecho doloroso y, por qué no, a la lucha que empezará el próximo 11 de marzo.

Comentarios »

Los comentarios publicados están sólo en plataforma de Facebook y La Nación S.A. no se hace responsable de su contenido ni aplicará edición a ellos. No obstante, se reservará el derecho de administrar las listas de comentarios cuando éstos presenten ofensas personales.
Los usuarios que se sientan afectados por algún comentario también pueden usar la misma plataforma de Facebook para denunciarlos en caso que los consideren ofensivos o denigrantes.
Los artículos publicados bajo la etiqueta de Opinión son de responsabilidad exclusiva de sus autores y no necesariamente representan la línea editorial Nación.cl

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.