
Lunes 8 de marzo de 2010| por Claudio Barrales
Sicólogo de la Universidad Central
El terremoto que acaba de sufrir gran parte de la población chilena no sólo ha traído y seguirá trayendo consecuencias en cuanto a la pérdida de vidas humanas y de bienes materiales. También está produciendo -y seguirá haciéndolo durante un largo tiempo- consecuencias sicológicas, como aquéllas con las cuales en la actualidad debemos tratar y, en todo momento, a través de los medios de comunicación.
Constituye un deber de la sicología como ciencia y disciplina de servicio social tanto aportar con explicaciones sobre el comportamiento humano en este tipo de emergencias y desastres, como también las formas de apoyar sicológicamente a la población para sobrellevar de la mejor manera esta crisis nacional. Por un lado, muchos de los fenómenos sociales que están ocurriendo en la actualidad producto del terremoto -saqueos, poblaciones armadas para defenderse, incluso hasta los mismos actos de heroísmo y solidaridad y sicosis colectiva- se deben a una combinación entre reacciones sicológicas naturales de los individuos, los mecanismos biológicos y sicológicos de supervivencia, la incertidumbre debido a la falta de rápida información y/o de ayuda de las autoridades locales y nacionales competentes, y la motivación de satisfacer las necesidades básicas y de seguridad para sobrevivir.
Para vivir y reaccionar de manera adecuada a cualquier exigencia del medio ambiente, los seres humanos necesitamos el control, la información inmediata que nos dé seguridad. La incertidumbre nos incita a realizar conductas anormales y hasta antisociales. Estas variables se expresan a raíz de la presencia de factores llamados protectores o debido a la presencia de ciertos factores de riesgo. Por ejemplo, en el caso de los saqueos, los factores de riesgo tienen una directa relación con los factores históricos y crónicos, como la pobreza, la exclusión, la represión social, las subculturas, experiencias negativas de vida y el escaso o difícil acceso de esa población a las redes de apoyo formal municipal y gubernamental.
En el caso de los actos de valentía, el heroísmo y las muestras de solidaridad, estas personas poseen con una mayor probabilidad factores protectores sicosociales, tales como acceso expedito a las redes de apoyo formal, familias con valores y roles definidos, una alta resiliencia y éxito para afrontar las exigencias de la vida, además de participación en redes informales y al mismo tiempo una alta satisfacción de sus necesidades básicas de autoestima y seguridad.
Por otro lado, a nivel sicológico individual, las investigaciones muestran que la mayoría de las personas reaccionan, tanto adultos como niños y jóvenes, ante desastres y catástrofes naturales con comportamientos sicológicos normales y adaptativos ante situaciones desadaptativas, con conductas sicológicas agudas y pasajeras, tales como angustia, tristeza, miedo, incertidumbre, llanto, etcétera. En el menor de los casos, las personas reaccionan con trastornos sicopatológicos o siquiátricos tales como el estrés postraumático, la ideación suicida, los suicidios, la depresión mayor, la histeria, las crisis de pánico, etcétera.
De esta forma es importante ayudar e informar a la población, de modo que entienda que estos síntomas y signos son expresiones naturales y pasajeras y que no representan síntomas de locura o problemas mentales graves. Por ello, para afrontar sicológicamente y de la mejor manera esta catástrofe y asimismo prevenir las secuelas sicológicas graves y permanentes en la población constituye una labor fundamental realizar algunas conductas, como por ejemplo expresar las emociones, conversar con otros sobre los sentimientos involucrados, apoyar a otras personas, ser solidario, ser un líder positivo, mostrarse seguro en frente de los niños o los hijos, continuar dentro de lo posible con las rutinas diarias, establecer metas progresivas de readaptación y rehabilitación social, organizarse con otros, unirse y cohesionarse emocionalmente con la familia nuclear y extendida, valorar el estar vivo y darles menor importancia a los bienes materiales. Junto con ello, imprimirle un sentido a la vida actual.
En el caso específico de los niños, es fundamental que los adultos o sus padres los motiven a seguir con las rutinas habituales de comida, sueño e higiene. Ellos deben seguir jugando y socializando con otros niños y recibir explicaciones con la verdad, pero con un lenguaje apropiado a cada edad respecto de la tragedia. Los adultos deben mostrarse seguros y equilibrados delante de ellos y ejercer sus roles en forma clara.
En los casos más graves de detección de sicopatologías es necesario buscar ayuda especializada en los servicios de salud mental locales. La catástrofe actual y sus consecuencias sicológicas, económicas y sociales están aquí para quedarse durante un largo tiempo en nuestro país. Por esa razón, es nuestro deber como profesionales, pero también como ciudadanos, apoyar y apoyarnos para recuperar el control de nuestras vidas lo más rápido posible.