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Jueves 5 de enero de 2012| por Angelina Leal V.
Será la segunda vez que estará sobre el escenario más importante de Chile, pero Rafael Araneda, quiere “sentir y trabajar como si fuera la primera vez”.
Y aunque no piensa hacer algo especial para dejar una marca en la conducción del Festival de Viña, destaca que lo importante son los artistas que vienen al show.
“Los que vienen a hacer (el show) son los artistas, yo no. Creo que sería confundir el foco, hacer noticia por lo que yo quiero hacer. Ellos son profesionales que se dedican al espectáculo, la gente los espera a ellos, y uno tiene que hacer vínculo entre la Quinta Vergara y el público que está viendo por las pantallas, y no solamente en Chile sino también fuera de nuestras fronteras”.
Con respecto al hermetismo que existe sobre el artista anglo que falta por confirmar, Araneda es cauteloso.
“Cuando el equipo y la comisión te dice: estos son los artistas, faltan otros por confirmar y, en un caso, falta una parte del contrato, donde se está viendo cómo llegar a acuerdo y volverlo a redactar. Pero es así, y es por eso que no se da a conocer, porque se puede caer, por que las condiciones son otras. Hoy tu anuncias, y algunos artistas prefieren tirarlo primero en mi página. Es distinto, todo cambió”.
Araneda siempre ha gustado del buen vestir. Trabaja hace 10 años con el diseñador nacional Sergio Arias, quien también se ha preocupado de los vestuarios que usaron Sergio Lagos y Felipe Camiroaga, durante su participación como animadores del Festival de Viña.
“A mí me gusta la ropa para el trabajo, para subirte a un escenario, ya que es distinta. Es una chaqueta que sólo se puede ocupar para trabajar, ya que tiene otras medidas, los movimientos son más cortos, es más ceñido. La televisión te hace subir entre cinco a seis kilos, y ahora con los plasmas, te ves redondo”, apunta.
Se nota más relajado y distendido, y ese relajo lo prendió en Cuba, mientras compraba puros.
“Fumarme un puro es un gustillo que uno se da tranquilo, a veces con un coñac. Me relaja, me entretiene, es un momento conmigo. Me lo enseñó un artesano que hace puros. Estaba en Cuba y uno acelerado, estresado, me voy a comprar unos puros. Lo hacía lentamente, lo enrollaba, y yo un poco molesto, porque se demoraba mucho. Lo prende, fuma ‘mi puro’, y dice ‘todavía no está bueno’, y le saca un poco más y dice, ‘ahora sí’, me lo pasa y me comenta que me ve apurado, y dice: el puro es totalmente lo contrario. En este momento usted y yo estamos viviendo un momento único en el planeta, estamos disfrutando, y terminamos conversando el puro completo. Tenía toda la razón ese artesano. Y siempre me acuerdo de él, el puro lo fumo en el momento de conversaciones, de relajo, de echarse para atrás”.