
Domingo 10 de mayo de 2009
"Soy el más swinger de Chile", dice Willy (37), un chico de lentes de carey que tira su confesión mientras lanza una bocanada de humo de cigarro. Está sentado en uno de los sillones de cuero ecológico rojo de "La Casona" para contar cómo es que empezó en esto de los swingers. Confiesa que conoce el ambiente desde hace diez años, cuando le tomó el gusto a estas fiestas privadas que en ese tiempo se hacían en departamentos más privados aún. Con el tiempo se aburrió de ellas porque estas reuniones se fueron comercializando y el fenómeno quedó reducido a algo muy parecido a la prostitución. "Hace cuatro años comenzaron los clubes y ésta fue una opción para los amantes del swinger que ya comenzaban a sumar" en número, aclara.
-¿Los swingers son personas snobs?
-No.
La respuesta es firme. Mal que mal, asegura, ellos se diferencian del resto de las personas por tener el coraje para concretar esa fantasía erótica que muchos han imaginado alguna vez en la vida. Para Willy eso hace a los swingers más auténticos que nadie. Y así, como hay parejas que exploran posiciones, ambientes o disfraces, los swingers se atreven a incluir otra pareja en su vida sexual sin que los atormenten principios ni moralidades. "No entiendo qué tiene de malo materializar tus fantasías: las mujeres quieren estar con una mujer en ocasiones y los hombres con dos mujeres y todas las parejas han pensado alguna vez en el 'intercambio de pieles'", dispara.
Eduardo (37) y Andrea (29) llevan 11 años juntos. Comparten no sólo un departamento en el barrio Bellas Artes, sino también el gusto por el intercambio de parejas. Denominan el llamado del swinger "el bichito que les picó". Hace ocho años sintieron esa curiosidad y se atrevieron. Nerviosos, contactaron a una pareja en la página "Club erótico". Los cuatro se conocieron por messenger y por webcam. Se gustaron y programaron la cita. "Después de unos tragos nos fuimos a su departamento. A pesar de los nervios iniciales, fue una muy buena experiencia acostarnos con ellos", recuerda Andrea.
Andrea es una morena de pelo lacio y lentes de contacto. Algo en su actuar confirma lo que dice: "Siempre quise ser vedette". Andrea se parece a esa compañera vivaracha que todos tuvimos alguna vez en el colegio.
-¿Con cuántas parejas han estado?
-Andrea no responde porque no recuerda, aunque examina los dedos de ambas manos buscando una respuesta que tampoco encuentra mirando el techo.
-¿Treinta... cuarenta?
-Sí. Un poco más de cuarenta.
Eduardo explica el modus operandi que sigue para olfatear a la pareja ideal para el intercambio. Reconoce que el criterio, en ocasiones, no necesariamente tiene que ver en el aspecto físico sino con la afinidad. Comenta que en ocasiones las chicas esculpidas a mano se pierden entre el nerviosismo y los torpes intentos de sexo oral. "Tiene que ver con algo que entre los swingers llamamos feeling... tiene que ser una pareja con la que tengas empatía. Recuerda que se tienen que gustar cuatro personas: uno debe confiar en que ese hombre va a ser empático y te va a incluir. Más de una vez ha pasado que el hombre agarra con las dos minas y te deja mirando", explica.
Andrea interrumpe y recuerda esa vez que en la fiesta temática "Spencer Tunick", de "La Casona", se desnudó junto a una verdadera manada que caminaba desinhibida entre las salas del club y cómo fue testigo allí de una Babel de pieles lechosas, morenas y rosadas. "Fue exorcizante verlos tan liberados", explica. Junto a Eduardo son de la tesis que frente a "la primera vez" de un swinger, no necesariamente las parejas deben llegar al sexo, porque también se puede practicar el "soft porno" y el "voyeur", "aunque después de ver culos y senos y de escuchar gemidos, muchos terminan tirando entre ellos", explican. Es justamente para eso que fue adecuado el segundo piso de "La Casona", donde se puede jugar en medio de la oscuridad, recorriendo las distintas habitaciones llenas de espejos, camas redondas y cortinas de tul.
Lado B
Según una encuesta mundial de sexo hecha por una marca de preservativos, una de cada tres mujeres tiene fantasías con otra mujer y cuatro de cada diez hombres fantasea con la amiga de su pareja. Con estos datos a la vista, Willy asegura que los swingers sólo son libres frente a estas fantasías y se ríe de quienes opinan que esta práctica raya en la degeneración. Es más, los adeptos a la técnica sexual ya suman más de mil en la comunidad Facebook "Grupo amigos de La Casona". La mayoría de ellos son quienes rotan entre un fin de semana y otro para asistir a los eventos del club. El próximo gran encuentro está convocado para "El día de las mamacitas", como ellos celebrarán el Día de la Madre. "Todos tenemos un lado B, sólo hay que dejarlo fluir... parece que los chilenos fueran una persona de día y otra de noche", enfatiza Willy.Los celos son otro gran tema. Andrea asegura que antes del intercambio siempre hay una conversación previa, aclaratoria. "A ambos nos debe gustar la pareja", interfiere Edu. Andrea dice que nunca ha sentido celos, no al menos en el sentido romántico y clásico de la definición, aunque recuerda que una vez, cuando Eduardo tuvo atrapada entre él y una pared a una mujer más voluptuosa que ella, sintió que una pequeña daga se le clavó en el pecho. Ahí no más reaccionó y sacó sus artilugios cual conejo de la chistera. "Llamé más la atención, fui más perversa, más caliente... bajé cierres, hice más cosas. Hay que dominar los celos para tener la sartén por el mango", dice mientras sus largas pestañas se agitan a la velocidad de un colibrí.
La estrofa del conocido tecno de In-Grid "Tu m'as promis et je t'ai cru/ tu es foutu" es interrumpido por el grito de "¡esta noche proooomete!" que lanza el barman y que definitivamente enciende los motores de la jornada de los jueves. La conversación continúa con revelaciones. "Lo mejor que hemos experimentado con los swingers es que hemos cumplido nuestras fantasías juntos y nos hemos desprendido del egoísmo. Sería bueno que la gente aprendiera a compartir un poco", arenga Andrea, lanzando como ejemplo la fantasía que Eduardo le cumplió con un francés-afro con el que ella retozó primero sola y luego en pareja. "Fue uno de los mejores momentos de mi vida. Lo pasé increíble con el moreno y Eduardo a la vez, fue una especie de infidelidad con permiso", dice Andrea recomendando echar mano a esos excitantes recuerdos cada vez que se necesiten estímulos en pareja.
Los dueños de la noche
Compraron "La Casona" a sus antiguos dueños: "Alf" y "Tábata". Desde entonces, Mauricio Rojas (37) y Johanna (29) llevan dos años juntos y hace 8 meses conocieron el mundo swinger. La aventura comenzó el mismo día en que pusieron sus pies en este club de la comuna de Providencia. Llegaron tímidos, como llegan casi todas las parejas la primera vez a "La Casona", pero no requirió mucho tiempo antes de que entraran en confianza.Mauricio es quien responde el teléfono en "La Casona". Es el encargado de preguntar a cada uno de los interesados que llama para filtrar bromistas y fiscalizadores. Mauricio, como buen dueño de casa, también se encarga de cobrar la cuota que más bien sirve para comprar los tragos y otros menesteres porque "La Casona" es un club para amigos con gusto por el swinger. Ojo que hay barra abierta.
Pero una cosa es administrar el club y otra muy distinta su relación de pareja. Con poca experiencia aún en este tema de los intercambios, Mauricio recuerda que la primera vez fue pura pelea con Johanna, porque, a su juicio, ella no supo qué decir ante el acoso del otro invitado. Desde esa vez "hablaremos antes de tomar cualquier decisión", repite Mauricio como la máxima que debe tener el swinger. "Hemos estado unidos en esto. Creo que si tienes todo claro, esta experiencia te fortalece como pareja, te hace madurar, aprendes más sobre sexo", dice él. Y ha resultado, pues ambos aseguran que han vivido experiencias que jamás olvidarán.
Una de ellas la vivieron el sábado pasado. En una pieza se acostaron siete parejas. Tras la puerta, entre extremidades cruzadas y gemidos, sólo se distinguía una especie de Vishnuh, la deidad hindú. Según Mauricio y Johanna, la orgía estuvo dirigida por una especie de gurú del ambiente swinger chileno, cuyo nombre guardan con tanto hermetismo y misterio como los personajes que los visitan de vez en cuando en el negocio. "¡No te imaginas quiénes asisten a nuestras fiestas!... no te imaginas qué personajes públicos nos visitan", lanza Johanna cual anzuelo, mientras juega con los rizos entre sus dedos. Para matar la curiosidad, tal vez habría que sumarse a algunos de los encuentros convocados entre jueves y sábados: "Fiesta de lencería", "Fiesta de transparencias" y "Fiesta de máscaras". Pervertidos e infieles tienen prohibición absoluta de participar en esos encuentros en los que sólo se requiere superar el "qué dirán". Ellos dicen que hasta el momento no hay swingers arrepentidos. ¿Usted se atrevería a probar? //LND