Basta con poner al policía John McClane en un claustro de monjes o en una biblioteca para ciegos, darle un par de frases irónico-farsantes y poner play para tener listo un explosivo cóctel de inverosímiles consecuencias. Algo así como “Duro de Matar 8: sotana explosiva” o “Duro de matar no sé cuánto, pero absurda al cubo”. Que a Bruce Willis se le puede rapar y poner un poco de esmalte de uñas en la frente para crear un clásico instantáneo de la acción y la vergüenza ajena. Y si bien hasta esa secuela que transcurría en el aeropuerto de San Francisco, la franquicia era lo suficientemente buena para esperar una tercera parte con reparos, el hecho es que ya vamos en “Duro de matar 4.0” que da más vergüenza propia que de la otra a todos quienes creemos que puede llegar a pasar algo nuevo en la agenda de un policía a medio jubilar.
Y aunque una de las primeras víctimas de McClane es Sylvester Stallone, a quien le matan el punto de su “Rambo IV”, una de las novedades es la participación de la superdupla del policía malas pulgas. Justin Long (“Jeepers Creepers”), un mequetrefe que cae simpático y que lograría las cuotas de química de Edward Furlong y el Terminador II de no ser por la impostada cara de republicano del protagonista principal. Pero antes de hablar de eso, hay que decir que en la cuarta parte de la serie un peligroso hampón descolgado del gobierno norteamericano está tratando de darle a los suyos aquello que más les aterra: un ataque tecnofílico para quedarse con el finiquito más grandes desde... hace mucho tiempo. Pero es poco lo que McClane puede hacer con un teclado, así que se ve forzado a tomar el camino de las armas contra quienes han secuestrado a su hija y esos lugares comunes de Hollywood: villanos de pésima puntería, helicópteros que estallan con un chasquido de los dedos y la fuerza bruta por sobre el intelecto.
Pero bien, para quienes quieren justificar la entrada al cine, podemos adelantarles que hay espeluznantes escenas de acción, creativas luchas cuerpo a cuerpo entre Bruce Willis y un F-35 y un fabuloso cameo de Kevin Smith interpretándose casi a sí mismo. Razones suficientes para que el jovencito se luzca a destajo o se jubile de una jodida vez.
FICHA
“Live free or die hard”. EEUU. 2007. 130 minutos. 14 años. Con: Bruce Willis, Timothy Olyphant, Maggie Q, Justin Long, Cliff Curtis. Guión: Mark Bomback sobre el texto “A farewell to arms” de John Carlin. Música: Marco Beltrami. Dirección: Len Wiseman.