“En las economías de mercado, las diferencias sociales existen y coexisten a veces de manera difícil. Las empresas deben ser eficientes en el mercado para poder generar valor que les permita sustentarse en el tiempo, sobre todo las pequeñas y microempresas. El aporte de los trabajadores es vital para conseguir cuotas de mercado, eficiencias y otras exigencias. Salarios acordes con este esfuerzo y productividad deberían ser la retribución. No obstante, es común escuchar a la gente de menos recursos afirmar que: ‘uno no pide un salario alto, pero al menos estar un poco mejor pagado’”.
El argumento para desacreditar esta reflexión es que esta gente no sabe nada de economía y solicitar salarios más altos sólo empeorará su situación. Sin embargo, ellos sí saben del arte de la economía en cuanto a sacar adelante a sus familias con sueldos bajísimos e intentar entregarles a sus hijos lo que más pueden dentro de las limitaciones que les impone el sistema económico. Ellos saben más que nadie de esta ciencia.
En cuanto a la solución del problema en el largo plazo, se requieren empresarios más honestos, el concepto de un destino colectivo y común, incrementos en la productividad, educación de mejor calidad y un Estado más eficiente y menos parcelario. Lo interesante de la discusión que ahora se ha registrado es que nadie está pensando en solucionar el problema mediante un decreto que eleve las remuneraciones. Es por esto que el reciente debate enraíza a la economía con su esencia: un sentido humanista.
Francisco Castañeda G.
Académico de la U. de Santiago de Chile