Pareciera que con el propósito de que las autoridades y el Congreso -que tanto dicen saber sobre economía- tomen medidas atingentes, faltan algunas definiciones de sentido común. Por ejemplo, quién es rico. Lo es aquella persona que pese a los muchos males de la naturaleza e imprevistos como la falta de materia prima, los desperfectos de equipos de producción, las huelgas de trabajadores, los accidentes de cualquier tipo, incluso muchos años consecutivos de eventos perjudiciales, no pierde lo sustancial de su riqueza, en especial sus bienes inmuebles. Tal como aparece en el Antiguo Testamento, incluso después de siete años de plagas no deja de ser una persona rica. Por ello, en el mundo y en Chile la gente rica no supera el 1% de la población.
Esto se debe a que su riqueza se encuentra repartida y expandida por todos los ámbitos de la economía. De ahí surgen los grupos estratégicos, donde las personas adineradas se distribuyen su capital en diferentes y variadas cuotas, en direcciones de empresas o en las gerencias de las mismas, pero todas con un mismo y único propósito: maximizar la riqueza. Y esta es la gente que dirige la economía del planeta. Dirige también a los políticos, que para no perder las elecciones pueden ser financiados por los acaudalados sin importar quiénes sea ni qué ideas políticas profesen o digan tener. Este minúsculo grupo de seres humanos son los que dirigen al 99% de la humanidad.
Esto es lo que en términos económicos se denomina monopolio y monopsonio. ¿Por qué el Estado chileno no impone barreras a estas prácticas? ¿Será que los gobiernos y los legisladores se encuentran tan absorbidos por esa telaraña?
Tengo la impresión de que así es. No hay que tener un doctorado en Economía en las universidades de Chicago o de Harvard para saber que la práctica monopólica se ejerce y cada día con más fuerza en nuestro país y en general en cualquiera. Sobre todo en aquellas naciones como la nuestra. Porque mientras la pobreza no desaparezca de un país resulta inmoral calificarnos como los jaguares del continente. Por ello, es válida la fórmula de instaurar más impuestos al 1% más rico de las personas en favor de liberar de más gravámenes al restante 99%. Después de leer la definición de riqueza, ¿en qué proporción se encuentra el chileno que tiene muchas propiedades, fundos, minas, etc., pero que se las debe en una gran parte a los bancos y que tres años de mala racha bastan para que éstos se queden con todo lo que supuestamente tiene?
Sergio Jara Castillo
Licenciado en I. Forestal de la U. de Chile