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Domingo 12 de agosto de 2007

¿POR QUÉ LAS EDITORIALES NO CANCELAN LOS DINEROS DE DERECHOS DE AUTOR?
La voluntad herida de Mistral

La poetisa fallecida hace 50 años dejó estipulado en su testamento que el dinero por los derechos de sus libros fuese para los niños pobres de Monte Grande por intermedio de los padres franciscanos. Maximiano Errázuriz dice que la “mala organización” de la orden “permitió que las editoriales se queden con la plata”. Un representante de los religiosos se defiende y Guillermo Scallan, albacea de la Premio Nobel para Latinoamérica, habla del rol del diputado.



Javier García
Nación Domingo

“Piececitos de niño, azulosos de frío”, reza uno de los poemas más reconocidos de la primera escritora latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura (1945). Once años más tarde, cuando Gabriela Mistral preparaba su testamento, volvió a retumbar en su cabeza como uno de sus últimos versos el deseo mayor: “Todos los dineros que se me deban que provengan de la venta de mis obras literarias en América del Sur, se los lego a los niños pobres del pueblo de Monte Grande, valle de Elqui, Chile. Dichos dineros deberán ser pagados a la referida Orden de San Francisco”.

Pero, paradójicamente, los billetes de cinco mil pesos que llevan su rostro, no llegan al pueblo que la vio hacer clases, caminar por sus calles de tierra, encariñarse con niños morenos por el sol nortino y de piececitos fríos.

El vocero oficial de la Orden Franciscana y asesor jurídico señaló, recalcando que no hablarían de temas ocurridos en el pasado, que “la idea es ahora trabajar de una manera más profesional adecuándonos a las exigencia de los tiempos. Los dineros deben venir de los derechos de autor recaudados, porque la nueva albacea, Doris Atkinson, así lo estipuló”.

Para el diputado (RN) Maximiano Errázuriz, quien sigue este tema desde hace décadas, el problema de no recaudar los dineros para los niños pobres de Monte Grande es producto de que “los franciscanos renunciaron a la administración de los derechos de autor. No se pagan los derechos porque los franciscanos, y su mala organización, no los exigen, por eso las editoriales se quedan con la plata”.

ALGO DE ROPA USADA

La posición de la Orden Franciscana frente a los reclamos de Errázuriz es parte del pasado y lo dan como un tema zanjado. “No queremos tener un conflicto, el diputado Errázuriz puede opinar lo que quiera, porque nosotros ya contamos con la confianza de la señora Atkinson”.

Maximiano Errázuriz fue subgerente general de la Editorial Andrés Bello desde 1976 hasta 1979. El diputado cuenta que en esos años Sergio Fernández Larraín “me trajo en una caja de zapatos las cartas de amor que Manuel Magallanes Moure le había escrito a Gabriela Mistral. Entonces iniciamos el proceso para su publicación, y nos dimos cuenta que había que pedirle permiso a Doris Dana –albacea original–. La llamé, le pregunté y me dijo que no”.

En la década de los ’80, cuenta Errázuriz, no llegó prácticamente ningún dinero para los niños de Monte Grande. El diputado dice que “pregunté en el pueblo si estaba llegando la ayuda de parte de los franciscanos, y me dijeron que no, excepto una vez al año llegaba algo de ropa usada y material para la banda del colegio”.

Un ejemplo de la manera de efectuarse el procedimiento de recolección de los de derechos es como sucede en la Fundación Pablo Neruda. Su director ejecutivo, Fernando Sáez, cuenta que “a inicio de los ’70, Jorge Edwards le presentó a Neruda a Carmen Balcells –agente literaria–, y ella, en conjunto con su agencia, organiza hasta el día de hoy todos los derechos de autor de la obra del poeta. Ellos recaudan y envían”.

ERRÁZURIZ “INCONSTITUCIONAL”

Guillermo Scallan, junto a Luis Binimelis, son los albaceas para Latinoamérica del legado de Gabriela Mistral, designados por Doris Dana. Scallan cuenta que “a nosotros nos costó mucho demostrar en Chile que los derechos de autor estaban vigentes, porque muchos mistralianos sostenían que no lo estaban. Era una mala interpretación de la ley, por eso que las editoriales pensaron que los derechos habían caducado”.

¿Cuántos años rigen los derechos de autor? La Ley de Propiedad Intelectual Nº 17.336, data de octubre de 1970. En el capítulo III, artículo 10, se señala que “la protección otorgada por la presente ley dura por toda la vida del autor y se extiende hasta por 50 años más, contados desde la fecha de su fallecimiento (...)”. Sin embargo, este artículo fue modificado en noviembre de 2003. En el se asegura que “la protección otorgada por la presente ley dura por toda la vida del autor y se extiende hasta por 70 años más, contados desde la fecha de su fallecimiento (...)”.

O sea, quedarían sólo 20 años para que los niños de Monte Grande puedan recibir los beneficios de estos derechos, a pesar de que los aludidos no han recibido la ayuda regularmente en estos últimos 50 años.

El problema se extiende, según Scallan, al decreto Nº 2.560 de 1979 solicitado al Ministerio de Educación por el diputado Errázuriz, que impidió “que Doris Dana no pudiera actuar en Chile, no pudiera firmar los contratos con las editoriales y, por lo tanto, no se pagaran los derechos de autor”. Para Scallan, el propósito de Errázuriz, en “un acto inconstitucional”, dice, fue crear ese decreto para publicar tres libros por la Editorial Andrés Bello, en el tiempo que el diputado era parte de la empresa.

Pero Errázuriz se defiende: “El decreto se realizó para permitir la reproducción de la obra de la Mistral sin la autorización de la albacea, cuestión que fue una brutalidad, porque estábamos modificando un testamento, pero no había otra alternativa para que el país pudiese conocer la obra de la poetisa”. El decreto de 1979 fue derogado en enero de 2003 con el único voto en contra de Errázuriz.

La semana pasada, Maximiano Errázuriz, junto a Álvaro Escobar, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, presentaron un proyecto de ley solicitando que los derechos de autor de la poetisa, a partir del material inédito hallado en EEUU, se extienda por 70 años más, contados desde la fecha de publicación de la presente ley en el “Diario Oficial”.

Mientras Jaime Quezada, presidente de la Fundación Gabriela Mistral, dice que los dineros por los derechos que sí son válidos son aquellos que sólo llevan la firma de la poetisa, y no estudios complementarios. ¿Les interesará, a los niños de Monte Grande, cómo se ha dado, entre verso y verso, la ingratitud y la ausencia en todos estos años?



HABLA MIGUEL LAWNER, ARQUITECTO Y UNO DE LOS CREADORES DEL CENTRO EN 1972

Edificio Diego Portales será Centro Cultural Gabriela Mistral

El histórico edificio ubicado en Alameda, que fue pasto de las llamas en marzo de 2006, será rebautizado con el nombre de Gabriela Mistral. El anunció fue realizado el pasado viernes por la ministra de Cultura, Paulina Urrutia, quien señaló que con la reconversión el edificio “recupera su misión original”, refiriéndose a su creación en el período de la Unidad Popular, para celebrar la Tercera Conferencia Mundial de Desarrollo y Comercio de las Naciones Unidas (Unctad), y que en la dictadura pasó a llamarse Diego Portales.

Para ello ya está abierto el concurso de proyectos para la reconversión, que debiera comenzar a construirse a fines de 2008 y que deberá estar listo para el bicentenario en 2010. El fin es la instalación en el lugar de un centro nacional de artes escénicas y música, un centro de artes visuales, una biblioteca de las artes y un centro de debates y encuentros ciudadanos.

Miguel Lawner, arquitecto y coordinador de obras del centro inaugurado en abril de 1972, cuenta que “este fue un lugar maravilloso, era un edificio muy distinto a como lo conocíamos previo al incendio, porque el Gobierno militar lo blindó y enrejó. Era un edificio transparente, atrás había una plaza pública, y los artistas sentían que ese lugar era de ellos”.

Luego vino el golpe militar, y el centro cultural se convirtió en dependencias del Ministerio de Defensa. “Para quienes hicimos ese edificio, nos creó grandes conflictos el pasar por ahí 17 años y ver en qué se había convertido ese lugar alejado de la gente; aún me provoca una irritación sin límites”, relata Lawner, quien todavía no olvida los 275 días que duró la construcción del edificio.













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