DERECHOS HUMANOS EN EL FESTIVAL DE CINE DE SANTIAGO
Una decena de películas relacionadas con la historia recorren la espina dorsal del Sanfic 2007. Autores que hablan de la importancia de recordar nuestras dictaduras y limpiar la basura metida bajo la alfombra durante tanto tiempo. Habla el director del certamen y los realizadores que no olvidan.
De las 500 películas que los organizadores del Festival de Cine de Santiago ven durante un año completo para escoger la parrilla de una semana de cine, este año por lo menos 10 tienen una categoría poco festiva. Más bien son bisagras que unen la historia que queremos olvidar y la que preferiríamos recordar de otra manera. Documentales y películas de todo el mundo que hablan de un tema nuestro y universal a la vez.
Autores como Camila Guzmán (hija de Patricio) y su regreso al viejo barrio cubano en “Telón de azúcar” para mostrar que el sueño del Che murió, las calles que recorría Miguel Enríquez y que también revisita Carmen Castillo en “Calle Santa Fe” o los ojos de la noticia durante la dictadura en “La ciudad de los fotógrafos”, de Sebastián Moreno, sólo son parte del catálogo que Carlos Núñez –director artístico y fundador del Sanfic en 2003– recomienda este año. “Seguimos manteniendo la calidad de la programación por sobre la cantidad, buscando un poco la tendencia mundial; el cine está hablando de eso, y en ese sentido programamos varias películas, cuyo eje se concentra en los derechos humanos”, subraya.
Y para quien las ha visto todas, su lista de recomendados es “El año que mis padres se fueron de vacaciones”, una ficción amena sobre un niño que deambula por la ciudad de São Paulo el día de la final del Mundial de Fútbol de 1970, mientras sus padres son exiliados por el régimen militar; “Reinalda del Carmen, mi mamá y yo”, la reconstrucción de una hija de la memoria de su mamá y su mejor amiga detenida desaparecida; “Palestina blues”, que se refiere a la vida de ambos lados del muro que separa Israel y Palestina; “The dissapears” y “M”, dos películas que enfrentan un mismo tema en torno a los secuestros y ejecuciones políticas de la Argentina militar, pero con una mirada en primera persona y otra gringa.
EL THRILLER BERRÍOS
“Muchos de los nuevos documentales están dando a conocer a autores, no sé si todos tan nuevos, unidos por un tema en común que es la recuperación de la memoria reciente. Y detrás de esto ya no hay una posición política, sino una necesidad valórica”, dice Lorena Giachino, sobre su trabajo “Reinalda del Carmen...”.
Dentro de las películas chilenas, también “La ciudad de los fotógrafos”, de Sebastián Moreno, transita por las fibras emotivas de un autor que reconoce el trabajo de los reporteros gráficos de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI) que dejaban la vida en la calle durante la dictadura. Las postales delicadísimas del trabajo documental del hijo de Pepe Moreno –director del archivo fotográfico de la Universidad de Chile– se convierten en película: “Yo pude ver pasar la historia de este país en fotos, desde los momentos más íntimos. Estos fotógrafos de a poco se fueron haciendo conscientes del poder que tenían en las manos, que la cámara era un arma. Se van emocionando, sintiendo el dolor y empiezan a humanizar a sus personajes. Eso le otorga a la fotografía un valor y un alma mucho más potente”.
Chilena, pero criada en Cuba y Europa, Camila Guzmán estrena su propia memoria obstinada, “Telón de azúcar”, una especie de retrato de generación. “Nosotros teníamos 20 ó 22 años, y con el muro de Berlín se cayeron los ideales para los cuales habíamos crecido. La generación más grande estaba más formada a los 30 y la más chiquita nunca vivió la utopía; la nuestra quedó cortada. El punto de vista de niña fue que Cuba era un paraíso; cuando uno es adulto lo ve de otra manera”, ha dicho sobre su trabajo.
Otras películas que dan la talla en Sanfic son “Matar a todos”, filme basado en el caso del asesinato del químico chileno Eugenio Berríos. Una coproducción uruguaya, argentina y chilena, una verdadera Operación Cóndor del cine que narra la historia de una abogada obsesionada con aclarar el misterio. La iraquí “Underexposure”, que mezcla ficción y realidad en la Bagdad recién invadida por EEUU, e “Invisible”, cinco relatos sobre la pobreza de África, que cuenta con producción del actor español Javier Bardem y uno de ellos está dirigido por Wim Wenders.
Para Núñez, el organizador de Sanfic, el denominador común entre la realidad sudamericana y la internacional en la temática “responde a una mirada propositiva y crítica sobre cómo se están resolviendo muchos casos en la realidad y cómo los países están haciéndose más tolerantes resolviendo problemas que antes no se tocaban”.