
Viernes 30 de julio de 2010| por LE MONDE
Buena noticia: a la aeronáutica le va bien. Signo de los tiempos, el sector es impulsado por los pedidos de los países emergentes. El Salón de Farnborough, que se desarrolló en Londres, ha sido el despegue. Éste fue superior a las expectativas, como lo atestigua la cosecha de contratos registrados por la europea Airbus y la estadounidense Boeing: más de 500 aviones (combinando pedidos en firme y cartas de intención) que representan un valor potencial superior a 55 mil millones de dólares. La toma de pedidos se elevó a 65,5 mil millones de dólares en la edición anterior de Farnborough, en 2008. Durante lo más fuerte de la crisis habían caído a 13 mil millones en 2009, por 130 aviones vendidos en el Salón de Le Bourget, que se realiza alternadamente cada dos años.
El balance de la reunión de Farnborough es de tal nivel que los dos rivales revisaron al alza sus proyecciones de venta en el año. Airbus busca confirmar su posición de número uno mundial, que ocupa desde hace siete años, por delante de Boeing. Los otros fabricantes de aviones, como el brasileño Embraer, el franco-italiano ATR o el ruso Sukhoi, no se quedan.
La crisis quedó atrás, se decía en los pasillos del salón al comentarse el alza del tráfico de pasajeros y de carga. La actividad está impulsada por Asia, Medio Oriente y América Latina, cuyas perspectivas de crecimiento son las más importantes. Otra señal de esta mejoría: las compañías de arriendos de aviones vuelven con vigor al mercado. Verdaderos barómetros de la aviación comercial, son discretas en la crisis, omnipresentes desde los primeros signos de repunte. A todo se agrega, por último, el mejoramiento de la situación financiera de las compañías aéreas.
Una sombra, sin embargo, amenaza este cielo de recuperado optimismo: el mercado europeo no está involucrado, por el momento. Si bien la aviación comercial aprovecha los pedidos del sur emergente, las malas noticias se acumulan para la aeronáutica militar. Ésta es víctima de los severos recortes que se esperan en los presupuestos europeos de defensa. Se han tomado medidas draconianas, desde España a Gran Bretaña pasando por Alemania y Francia. En todos esos países, las compras de equipos van a reducirse. Ya circulan en Alemania documentos que hacen referencia a recortes mayores en numerosos programas de compra de aviones y helicópteros. Italia indicó también su deseo de reducir sus pedidos de aviones de combate.
Para respetar presupuestos a la baja es grande la tentación de recurrir a materiales menos caros que los fabricados en Europa. Es el caso de los drones de vigilancia, esos aviones no tripulados. El Ministerio francés de Defensa estudia la compra de drones estadounidenses. Aunque sólo se trata todavía de una opción, arriesga con poner en entredicho la soberanía industrial europea en un sector estratégico. Europa puede estar orgullosa de Airbus. Le falta cooperar más en la aeronáutica militar.
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