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  Meados por Marco

  Desde el aeropuerto al CEP, pasando por la reunión con el cardenal Errázuriz, las galletitas de la Karen y la consulta inoportuna de nuestro cronista. Además una casa en La Dehesa, en la que Marco era preparado para exponer su programa económico ante los empresarios, sin contar el viajecito desde el Congreso. Todo eso vivió León durante tres días, en los que una rebelde alergia a este candidato no lo dejaba en paz.

Domingo 4 de octubre de 2009

Me bajo del vehículo en marcha y pienso que hoy podría ser uno de esos asesinos de las películas, o mejor el protagonista de "Vine a decirles que me voy", el cortometraje que Marco Enríquez-Ominami hizo cuando el "Ominami" sobraba. El corto, quiero volver a él, transcurre en este aeropuerto y se trata de un exiliado que regresa a Chile, pero luego de una serie de peripecias en el mismo terminal aéreo le informa a su familia que sólo vino para irse. Imagino al propio Marco actuando su película en la vida real y anunciando una vez que regrese de su viaje por Argentina: "Chilenas, chilenos, vine a decirles que me voy". Sin embargo, en vez de eso, diviso ahora a Marcelo Bielsa, saliendo del terminal aéreo. Cuando le doy alcance, le pregunto por las elecciones presidenciales. Bielsa se mantiene callado o sorprendido, no sé. Entonces insisto, y él aclara:

-Si no le contesto, no es porque no me importe.

El director técnico de la selección chilena se aleja en su auto, y yo ingreso al aeropuerto. Ahí me doy cuenta de que deberé esperar una hora más el arribo de Marco, por lo que tengo que armarme de paciencia. Doy vueltas por el terminal, hasta que Hoppe, mi compañero de desventuras, me señala a Juan Emilio Cheyre, el ex comandante en jefe del Ejército. Me pregunto si Cheyre será parte del comando de Marco, pero él rápidamente aclara que no es así, y que no opina de ninguna candidatura porque no quiere entrar en política contingente. Sus palabras me recuerdan a las de esos futbolistas, tenistas o animadores de TV que aseguran no meterse en política, cuando en verdad esas palabras son muy políticas. Así es que le hago otra consulta. Recordando a los Illapu, digo observando a su esposa:

-¿Qué hacen aquí?

-Fui abuelo, y mi mujer está viajando a Estados Unidos para conocer a nuestro nieto.

-Aaaah -exclamo y luego añado más serio-: Hay candidatos que han hablado de más Estado, otros de más mercado. Usted en materia de defensa, ¿qué prefiere: más armas o menos armas?

-Las suficientes -responde arqueando las cejas.

El candidato vuela

Un rumor da vuelta por el aeropuerto: una delegación de chilenos escucha a un ministro en la Casa Rosada decir: "Si una elección se va a perder por poco, mejor hacés trampa". La delegación no sabe cómo reaccionar y simplemente se devuelve a Chile.

Cuando faltan veinte minutos para que arribe MEO desde Buenos Aires, aparecen tres PPI, o protección para personas importantes, que lucen un broche con la insignia de Carabineros. En los días que siguen volveré a topármelos, pero ahora es el turno de Hoppe, o más bien de uno de sus tantos reencuentros.

-Hooola, ¿cómo estái?

-Bien, ¿y tú?

-Aquí poh.

Hoppe cuenta luego que conoce al carabinero de cuando ambos trabajaban en La Moneda. Curioso, pero cuando uno quiere estar solo, siempre hay alguien que se acerca, o al menos eso me pasa. Hoy no es la excepción: un productor de Chilevisión se acerca para contarme que están haciendo un docu-reality con todos los candidatos, que a Marco lo siguieron por Buenos Aires, que a Arrate lo siguieron por Temuco y Neuquén (ciudades que unió por tierra: "nueve horas de viaje por hacerle caso a los compañeros"), que a Frei lo seguirán por Calama y alrededores y que la pega es "terrible cansadora".

De pronto y sin ser anunciado en la pizarra electrónica, vemos a Marco Enríquez-Ominami en las pantallas del terminal aéreo, así es que hay que moverse hacia una de las salidas. Por acá veo al senador Carlos Ominami, a Marcelo Trivelli, al diputado y vocero Álvaro Escobar y por supuesto al candidato del pelo largo. Me acerco a él, y le consulto por las acusaciones que ha hecho la prensa argentina por el gasto excesivo en ropa que hace Cristina Fernández de Kirchner: cerca de doscientos millones de pesos anuales. Sin embargo, Marco, en vez de responder, me halaga, diciendo que soy un periodista con pluralismo y que le gusta lo que hago. Vuelvo a la carga, pero ahora él me pregunta cuándo le voy a hacer una nota simpática en este diario oficialista, y yo contesto que eso hago, pero él, incrédulo, avanza hasta su auto, se saca unas fotos con los choferes del aeropuerto y se despide.

-Nos vemos mañana entonces -le digo con una incipiente alergia, que por el momento no sé a qué atribuírsela.

-¿Dónde?

-Con el cardenal.

-¡Ah, sí!

Las galletas de Karen

Son las nueve de la mañana de otro día y estoy parado junto a una decena de reporteros afuera de la residencia del cardenal Francisco Javier Errázuriz. Pese a la hora, Marco aún no llega, aunque su "avanzada" ya está terminando de ajustar el sonido, instalar el podio que dice Marco Presidente y desde luego la banderita chilena. La persona a cargo de todo esto es Giorgio Varas, la persona que le puso el sonido a "El diario de Agustín".

-Esto no tiene ninguna dificultad, porque los periodistas son muy ordenados -asegura Giorgio.

Hoppe, sin pedírselo, aclara tragando saliva que este año votará por Frei, pese a que en el fondo no le gusta ningún candidato. Le digo entonces que haga como yo, que no vote, pero hay aspectos en los que él no me hace caso. Para más remate, mi alergia aumenta justo en el momento en el que se apea de su cuatro por cuatro Marco Enríquez-Ominami acompañado por Karen Doggenweiler, quien sostiene una bandejita con galletitas.

-Trabajó harto la nana -comento cuando la pareja pasa frente a mí.

Pero Marco sólo responde en los puntos de prensa. La pareja desaparece tras una reja, y yo me quedo pensando que a lo mejor soy alérgico a Marco. Por suerte reacciono y le pregunto a Esteban Maturana:

-¿Estábai castigado que no te llevaron a Buenos Aires?

-Yo no soy parte de las relaciones exteriores de la campaña -responde serio-. Y además no creo que haya que perder el tiempo hueveando en Buenos Aires.

Al parecer el espíritu crítico de Marco se ha traspasado a todos quienes lo apoyan. Así es que me acerco nuevamente a Giorgio para consultarle por las galletas de Karen.

-Nooo, las hizo ella. No ves que es de Puerto Varas -advierte con una sonrisa picarona.

Después de una hora, el cardenal Errázuriz, Marco y Karen salen de la casa para enfrentar a la prensa y dar explicaciones sobre las galletitas. El cardenal al observar el aparataje de producción advierte:

-Miish, hasta banderita trajeron.

Enseguida dice que la intención es reunirse con todos los candidatos y luego se despide. Marco toma lugar en el podio y los periodistas comienzan a interrogarlo por las desafortunadas declaraciones de Álvaro Escobar en Buenos Aires, en el sentido de que no apoyaría a Eduardo "Lalo" Frei en segunda vuelta. Pero Marco contesta con habilidad, como si las metidas de patas en su comando fueran cosa de todos los días. Cuando la avalancha concluye, pregunto algo esencial para este punto de la crónica:

-¿Hasta qué hora estuvo la Karen horneando las galletitas que le trajeron al cardenal?

Marco se desconcentra un tanto, pero igual alcanza a responder:

-No fue la Karen, sino yo quien me levanté a las cuatro de la mañana para prepararlas.

Marco da por concluido el punto de prensa, y en ese minuto Karen se aproxima y confiesa que fue ella quien verdaderamente las preparó.

-Pero eso sí fue ayer por la tarde.

A Valparaíso los boletos

Luego de que el candidato a diputado René Tabilo, otro adherente de MEO, nos dejara en el Metro Moneda y dijera que si Frei pasa a segunda vuelta, esa misma noche se pondrá a trabajar por él, me dirijo en bus a Valparaíso para intentar acompañar a Marco en esta agitada semana.

A las 13:45 horas ingresamos con Hoppe al Congreso Nacional. Vamos a la Cámara de Diputados, pero la sesión concluyó hace unos minutos. Recorremos la cafetería y observo a la ministra Tohá recibir las quejas de unos pescadores de ilusiones. Reviso la cafetería sin éxito. Me pregunto con cierta desesperación dónde está Marco. Un mozo me dice que puede estar almorzando tras esa puerta, ¿la ve? Golpeo y abro. Veo a los diputados Schilling, Díaz, Allende y Montes, entre otros. Es decir, una conjura de socialistas. Al consultar por Marco, Montes responde:

-No, a ése lo echamos hace mucho tiempo de acá.

Pienso entonces que puede estar en su oficina. Cojo el ascensor. Piso siete, oficina uno. Inspecciono la oficina, que comparte con nada menos que Marcelo Schilling. No quiero saber qué opinará él sobre los afiches autorreferentes que Marco tiene ahí. Bajo nuevamente hasta el primer piso y ahí me topo con Álvaro Escobar, el vocero de la discordia.

-¿Buscan a Marco? No, él se devolvió a Santiago hace unos minutos, apenas terminó la sesión.

Quiero decir que a Marco lo conozco desde 1996, pero a Álvaro Escobar desde 1988, cuando una vez visitó la Universidad Santa María, donde yo estudiaba. Él era vicepresidente del Centro de Alumnos de Derecho. De ahí nos hemos topado pocas veces, pero en todas ellas él ha tenido algo nuevo que contar: una nueva carrera, una nueva polola, una nueva cagada. Por eso me cae bien.

-¿Sabes cuándo empecé a trabajar con Marco? -pregunta retóricamente-. Después que hice una obra de Harold Pinter llamada "Traición".

-Ahí se explica todo entonces.

Un rodeo y al CEP

No estoy autorizado a contar qué diputado me trajo a Santiago, más específicamente al lugar donde Marco está siendo preparado para su exposición ante los empresarios en el CEP. Ese lugar no es otro que su casa, o más bien la casa de la Karen, ubicada en Avenida El Rodeo, La Dehesa. Tres autos decoran la entrada. Toco el citófono de la puerta. Mi alergia empeora, y hablo por el intercomunicador:

-¿Está Marco?

-Sí-contesta la nana.

-Le puede decir que Gonzalo León y Álvaro Hoppe lo están esperando afuera.

-Ya, voy a ver.

El "voy a ver" de la nana es inmediato:

-No.

-No, ¿qué?

-Dice que no atenderá a periodistas.

Minutos después llega un radiotaxi, recoge a Fernandita, la hija de Karen, y la lleva a dar una vuelta. Me gustaría haber tenido una infancia de radiotaxi: de un lado para otro. Pero bueno, hay que aceptar lo que Dios nos da, como decía mi mamá. Y aquí estoy, afuera de la casa de Karen y Marco, aguardando a que alguien, la nana o la Karen, se apiaden de nosotros y nos traigan un "sanguchito". Mal que mal, no hemos comido nada en todo el día. Y como el hambre desarrolla la creatividad, se me ocurre revisar las bolsas de basura que hay afuera y adivinen qué… ¡Encontramos ramas! Pero Hoppe no tiene tiempo para contemplaciones, quiere orinar y no halla otro lugar mejor que…

A veces mear o ver a alguien hacerlo sirve para teletransportarse en el tiempo. Eso no lo digo yo, sino un mendigo que deambula cerca de mi departamento. Así es que ahora ya no es ayer, ni anteayer, sino hoy. Estamos a la entrada del CEP y Marco, al igual que con el cardenal, llega con el mismo retraso: diecinueve minutos. Y al igual que ayer, lo acompaña Karen. Marco camina de la mano con su esposa y se reúne con el senador Ominami, Max Marambio, Sara Larraín, los economistas Paul Fontaine y Luis Eduardo Escobar y otros más que no conozco. De este modo todos posan para las cámaras.

-Marco, un mensaje para tus adherentes -digo.

-Que viva la nación.

Cuando Marco traspasa la puerta del CEP, una melodía inunda mis sentidos: "Marco se ha marchado para no volver". Y aquí sucede algo que no pensé: mi alergia por fin mejora, pero un lumbago incipiente me ataca. Al parecer, el candidato del pelo largo me enferma.

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