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  Mea culpa, amigo Bayly

  Llevo muchos años escribiendo. Me han publicado además en Alemania y Portugal. He ganado más de una decena de distinciones (1eros., 2dos., 3ros. premios y menciones honrosas en concursos tales como el de Gabriela Mistral (Muni de Stgo.), Óscar Castro (Muni de Rancagua), Pedro de Oña, (Muni de Ñuñoa), Pasión por la Música (SECh), Patos Buenos (Minist. Gral. de Gbo.), Julio Silva Lazo (Muni de Doñihue), Premio Embajada de España en Bonn, tanto en novela como en cuento.

Domingo 21 de febrero de 2010| por Rafael Fernndez Contreras/ La Nacin Domingo

Mea culpa, amigo Bayly. Una de sus crónicas me produjo un peso de conciencia espantoso. A propósito de un escritor amigo suyo que le dio sus tatequietos a la tía y a la sobrina por lo cual usted le trata de incestuoso, yo también me metí con alguien de la familia, con una prima.

Si me lo permite, le voy contar la historia: Yo, hace algún tiempo, estuve peleado con la jermu. Para evitar problemas, me vine unas semanas a Santiago. Para que nadie pensara que iba de putas, un día, invité a comprar a la prima más confiable que tengo.

Pensé ir a un mall, pero ella me llevó a un bien, bien conocido y frecuentado motel del barrio Brasil. Yo andaba con una pena (con "a") enorme, me sentía como las berenjenas sin la bruja ni los cabros.

"Para eso te saqué, para consolarte", me dijo la prima-lega, pues había estado varias veces con ataques místicos y ganas de hacerse monja servil. Por lo tanto, intuíamos que era la más casta de la familia.

En vez de tranquilizarme unos minutitos dentro de la pieza, la comadre me sacó la ropa a la brutanteque e hizo lo mismo con la suya. Por allá fueron a dar los zapatos taco aguja que usaba para alcanzar el cielo de un solo round, si se iba cortada muy rápido, y empezó a tironearme de lo lindo.

En menos de lo que canta un gallo me hizo returumba y como yo andaba fuera de training, y a causa de una enderezada brusca que se mandó luego de estar doblada un buen rato, rascándose las orejas con los dedos gordos de los pies, caí cama abajo igual que saco de papas, con tan mala suerte que no sé cómo me enterré el taco de doce centímetros del zapato de mi prima-donna en lo que hace chiquitín bombín.

Tengo que haber aullado peor que turco empalado por Vlad Tepes. De un momento para otro varias personas ingresaron a la pieza. Yo ni me movía, una por el dolor y otra por la vergüenza de estar en pelotas y tener el zapato crestón enterrado en el orto.

Una de las camareras, bien canchera la chiquilla, me dijo al oído que ella podía sacarme el taco del hoyito.

Que no me preocupara, que ella estaba acostumbrada a enganchárselos en esas rejillas de fierro que hay en todas las calles del centro. "Tengo una técnica especial, sin tironeos ni fuerza bruta.

Lo muevo hacia los lados y lo saco de a poquito", resollaba la sádica. "No, gracias, contesté", porque el dolor era tan profundo que parece que la punta del taco de mierda me había llegado al cerebro.

La prima-cosa-bella, en un instante de total desesperación, se fue de lengua: llamó a la casa contando lo del accidente, pero sólo a medias. Que en ese momento me llevaban en ambulancia a la Posta.

Allá llegaron todos los mamones de la familia, pues era día domingo en la mañana. Como la prima mística también era virgen, mi hermana le tenía inquina.

Por eso le quitó el privilegio de llevar mis trámites de hospitalización. Le preguntó eso sí, con mala leche, que por qué andaba con un solo zapato. Ella contestó que lo había perdido en el corre corre del accidente.

Mi hermana, a la cual todos apodamos la "Casetuda", pidió explicaciones médicas. Le dijeron que yo me había enterrado algo en el ano, que estaban operándome. Al principio creyó que era una talla del facultativo.

"¿Cómo le sucedió?", preguntó la "Casetuda". "Usted es su hermana mayor, por lo tanto se lo voy a decir: Le ocurrió hace una hora, teniendo relaciones sexuales". "¿Cómo, así? ¿Me está insinuando que mi hermano es marica como para dejar que le hicieran eso?" "No nos adelantemos, cuando termine la operación sabremos la verdad", contestó el profesional y se retiró.

Al poco rato, el mismo ángel casetudo, ángel por la blancura del vestuario y casetudo por que era hocicón, igualito a mi hermana, volvió para decirle que la operación había terminado. Al momento de despedirse le entregó algo que venía dentro de una bolsa de papel.

"Es el elemento con que el señor tanto -le dio mi nombre-, se provocó la herida. Está completamente desinfectado. Puede seguir usándose sin problemas".

Mi hermana abrió la bolsa, intrigada hasta la médula espinal. Se puso a reír de inmediato, cubriéndose la boca, pues en un recinto asistencial hay que guardar compostura.

Los demás se acercaron a ver lo que contenía la bolsa. Creo que mi hermana los retó por curiosos.

Sin embargo, tuvo el infinito placer de entregarle el zapato taco aguja a la sor-prendida en falta, riéndose, porque como decía ella, "la prima reza todas las noches para que el diablo no la pene".

*Esta sección está abierta a la colaboración de nuestros lectores.
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