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Sábado 18 de febrero de 2012| por Nación.cl
El verano es una época que permite hacer mayor vida nocturna, y en la que jóvenes y adultos se reúnen a menudo torno al alcohol. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud (2010), el 74% de las personas bebe alcohol, convirtiéndose en la droga más consumida en nuestro país.
Patricia Provoste, académica de Enfermería de la Universidad San Sebastián, explica que “el alcohol es clasificado como un depresor del sistema nervioso central. El tiempo que pasa entre que se ingiere el último trago hasta que se alcanzan las concentraciones máximas en la sangre varía de 25 a 90 minutos. Ese es el tiempo en el que la gente suele retirarse del lugar para quedarse en la vía pública o deciden retirarse a sus hogares; dos instancias peligrosas donde se exponen a desórdenes en la vía pública, agresiones, violaciones, accidentes automovilísticos, caídas, hipotermias, entre otras situaciones”.
Este no es un tema desconocido. De hecho la mayoría de las personas conocen los efectos inmediatos del consumo de alcohol que están en íntima relación con la dosis ingerida.
“Desinhibición, exaltación, vasodilatación, taquicardia, irritación gastrointestinal, depresión de ciertos centros nerviosos afectando funciones básicas como el habla, pensamiento, entendimiento y juicio; también afectando el equilibrio, coordinación motora fina, visión y audio como los reflejos, los que nos hace bajar el sistema de alerta natural contra el peligro”, son algunos de los signos más frecuentes del consumo excesivo de esta droga.
Cuando el alcohol es ingerido, explica Patricia Provoste, éste se oxida en nuestro estómago gracias a la acción de una enzima, la deshidrogenasa y queda transformado en una sustancia llamada acetaldehído, altamente tóxico para nuestro organismo y que rápidamente pasa al hígado para su transformación inmediata; aquí se realiza la transformación en acetato y a su vez en dióxido de carbono y agua.
Ambas sustancias, básicas para nuestro organismo, terminan siendo filtradas al torrente sanguíneo a través de los vasos periféricos del hígado y quedan disueltos en el mismo.
La enzima deshidrogenasa está en menor proporción en las mujeres que en los varones, por lo que el llegar a metabolizar el alcohol ingerido está también disminuido.
“Esto hace que sea más fácil para una mujer llegar al nivel de intoxicación con menores dosis o grados alcohólicos”, asevera la enfermera de la Universidad San Sebastián.
Cuando bebemos alcohol, el pick máximo en la sangre se alcanza una hora después de la ingesta, que es cuando se está procesando en el estómago con destino al hígado y filtrando a través del torrente sanguíneo.
Es importante saber, dice la enfermera, que “normalmente sólo el 5% del alcohol ingerido es excretado mediante la orina. La gran mayoría se queda en el organismo al menos un día mientras es filtrado por nuestro hígado (alrededor del 92%)”.
A juicio de la académica de la Universidad San Sebastián, “algunos factores extra como la ingestión de alimentos de forma previa, sí son del todo influyentes. La absorción en el estómago se hace de forma mucho más suave cuando se realiza con otros elementos, como proteínas o lípidos poliinsaturados, que cuando se hace con el estómago vacío. También la superficie corporal influye; una persona más grande tiene comparativamente más sangre por lo que la dilución es variable para cada individuo; el sexo de la persona, por lo antes mencionado; la interacción del alcohol con algunos fármacos que se estén ingiriendo puesto que pueden potenciar el efecto depresor, y así otros factores hacen que la tolerancia al alcohol sea de carácter muy individual”.
1.-Consumir alimentos antes de beber.
2.-Si se va a beber más de un trago, alternar con un vaso de agua.
3.-Consumir licores de buena calidad.
4.-No mezclar diferentes tragos.
5.-Preferir tragos bajos en grados de alcohol.
6.-Retirarse de los lugares en grupos de personas.
7.-Evitar circular por lugares solitarios.
8.-No conducir ni transportarse en un vehículo cuyo conductor haya bebido.
9.-Ante primeros síntomas, abstenerse de seguir bebiendo.
Patricia Provoste explica que “la idea no es no consumir alcohol, sino tener destrezas para controlarse y conocer la tolerancia individual; además de saber que sin cantidades peligrosas de alcohol también se puede socializar amenamente”.