
Domingo 26 de julio de 2009| por GONZALO LEÓN
Después de una noche de fuerte lluvia y en algunas partes de nieve, todo luce más despejado esta mañana, o por así decirlo transparente.
Esa es la motivación o sentimiento que me condujo hasta el Centro de Extensión de la Universidad Católica a escuchar un seminario que abordará los "Avances y desafíos de la Ley de Transparencia", desde su puesta en marcha hace tres meses.
El salón en que me encuentro curiosamente es transparente, o al menos eso parece. La gente también lo es. Tengo la sensación de estar levitando.
Por fortuna, aparecen las paredes, el techo, el suelo y la gente como por arte de magia. Pienso por un instante que esto de hablar de transparencia puede llevarte a la locura.
Quiero aclarar que otra de mis motivaciones para venir fue que conozco a uno de los expositores de hoy. Sin embargo, ahora Felipe del Solar no es el periodista interesado en literatura, sino el secretario ejecutivo de la Comisión de Probidad y Transparencia, del Ministerio Secretaría General de la Presidencia (Segpres).
Si me lo preguntan, jamás imaginé a Felipe trabajando para el gobierno y menos por la transparencia. Pero éstas son sólo imágenes del pasado y, como dijo un filósofo por ahí, "el pasado es lujo de propietarios".
Mientras observo a los asistentes tomar tacitas de café, hago memoria y trato de recordar las definiciones de transparencia y no hay caso: ninguna calza con lo que el gobierno quiso decir con esta ley; en otras palabras, ninguna hace referencia al libre acceso a la información o a la probidad.
La definición que más se acerca, según mi diccionario, es: "Dícese del cuerpo a través del cual pueden verse los objetos claramente".
Si imaginamos al Estado como un cuerpo, llegamos a lo que quiso decir el Ejecutivo. Pero igual rebuscado el término. Pienso entonces que hablar de transparencia resulta complicado. En medio de estas divagaciones, llega Felipe del Solar, quien me saluda con la familiaridad de habernos visto ayer. Eso me hace reír.
LA PREVIA DE FELIPE
Felipe, o mejor dicho el secretario ejecutivo de la Comisión de Probidad y Transparencia, ingresa al salón y se saca el abrigo.
Al contemplarlo por unos segundos no parece ser un funcionario de gobierno, sino ese joven y transparente estudiante de Periodismo, medio perdido, medio listo, que sostenía interminables conversaciones con el escritor Sergio Missana ("El día de los muertos"). Pero luego de unos segundos, ese joven transparente da unas instrucciones técnicas a Gonzalo Valdivieso, moderador del seminario, y listo: Felipe es otro, ahora sí parece funcionario de gobierno.
-¿Seguís trabajando en LND? -dice adelantándoseme.
Pienso que aparte de abogar por la transparencia, Felipe está muy bien informado. Posee ese toque pillín de cualquier político, cosa que me hace consultar por qué la Comisión de Probidad y Transparencia sigue funcionando, si se suponía que estaba hecha para crear la famosa ley, nada más.
-La función de la comisión es todo aquello relacionado con la Agenda de Probidad. En este sentido, una de las cosas más importantes que hicimos fue la ley de acceso a la información pública, pero esto sigue, especialmente con el apoyo y perfeccionamiento de los servicios públicos.
Intento decir algo, pero él es más rápido. Como alguien diría por ahí, aprendió a disparar con Billy The Kid.
-Además está el cambio cultural de la ley, que no se va a producir automáticamente, sino con el tiempo -agrega.
Bueno, al menos Felipe ha nombrado la palabra "cultural", lo que es bastante, sobre todo para alguien que trabajó con la obra de José Donoso. En este momento me viene a la mente una frase del escritor Claudio Giaconi, contemporáneo a Donoso: "Las apariencias nunca engañan". Esta paráfrasis de Oscar Wilde me hace recobrarme, así es que ahora consulto por qué el Consejo para la Transparencia opera con estos cuatro hombres buenos, que parecen estar sobre todos nosotros. ¿No se supone que estamos en democracia y que todos somos iguales?
-El consejo opera como un tribunal, recibiendo reclamos y dando su dictamen, pero aparte promueve la transparencia.
Definitivamente los políticos cuando quieren entender una cosa entienden "esa cosa", así es que vuelvo a la carga.
-¿Cuánto gana un consejero?
-Veinte UF por sesión -responde Felipe con naturalidad, como si cuatrocientas lucas por sentarse a deliberar fuese poca plata.
Coincidentemente hace su aparición Alejandro Ferreiro, ex ministro de Economía y uno de los famosos consejeros, y la conversación se termina.
UNA CHARLA TRANSPARENTE
Estoy sentado al lado de las dos funcionarias de la oficina de transparencia municipal de Cerro Navia. La jefa de la oficina no dejará de anotar lo que dicen Felipe, Alejandro y Sebastián Soto, el jovencísimo director del programa legislativo de Libertad y Desarrollo. Como Alejandro Ferreiro llegó con diez minutos de retraso, le comento a mi compañera de banco si no cree que la falta de puntualidad sea signo de poca transparencia.
-Claaaaro -contesta ella sonriendo.
Aparte de la Municipalidad de Cerro Navia, hay otros encargados de oficinas de transparencia municipales: San Felipe, Vitacura, Puente Alto. Además hay funcionarios de la Junji, Sernatur, Coanil y Fondecyt.
"La luz del sol es el mejor desinfectante". Así comienza su exposición Felipe del Solar, quien trata un punto crítico en la implementación de la Ley de Transparencia: los archivos públicos en los que se deja constancia la acción del Estado no se sabe dónde están ni qué contienen. Siempre imaginé que las personas eran los únicos desaparecidos, pero bueno, todos los días se aprende algo nuevo. Esto me recuerda "La conjura de los necios", la novela en la que el protagonista toma un empleo en el archivo de una empresa y es felicitado por lo ordenado y metódico; sin embargo, cuando le preguntan dónde está tal o cual documento, confiesa que todo lo ha tirado a la basura.
-Con la ley los ciudadanos son los propietarios de la información -remata Felipe y enseguida agrega-: Pero bueno, ustedes quieren escuchar cifras, ¿no?
Ahora es el turno de Sebastián Soto, quien se centra en las causales de reserva de la entrega de la información. ¿Cuándo es reservado o no un acto, ah?
-El Estado optó por tirar la pelota al intérprete, o sea a causales genéricas, y en esto hay que felicitar al Congreso Nacional.
No sé si está hablando en serio o tomando el pelo. Aunque creo que a él le agrada dejar la duda. De hecho, su modo de hablar es complicado y rápido, como el de todos los expositores; a veces usa una expresión, como bolsillo de payaso, pensando que así será más digerible, sin éxito por supuesto.
-No importan los intereses que están detrás de las peticiones de acceso a la información, como tampoco quién la pide o para qué. Sólo importa el qué está pidiendo.
¿Ven a lo que me refiero con este juego de palabras poco transparente? Por fortuna este seminario va llegando a su fin. La exposición de Alejandro Ferreiro ha empezado, contando que en 1994 se presentó en la Cámara de Diputados un proyecto de Ley de Transparencia.
-En esa época, pese a que José Antonio Viera-Gallo, actual ministro de Segpres, estaba en la Cámara, nos dijeron que cómo se nos ocurría entregar información del Estado, que Chile no estaba preparado para eso.
Alejandro -aparte de ocupar un lenguaje técnico, con expresiones como "test de daño"- mueve los brazos y gesticula demasiado. Más que político parece mimo.
-Si el consejo se transforma en un sistema de equilibrios políticos , bueno afortunadamente esto aún no ha sucedido -afirma y luego advierte-: Veo que allá atrás está la gente de la Contraloría. Bueno, esto lo digo a título personal y no a nombre del consejo.
PREGUNTAS FINALES
Como se imaginarán a la hora de las preguntas finales, todos los funcionarios de las oficinas de transparencia se pelearán por consultar si es correcto entregar esta información o cómo se hace para mantener la privacidad.
De hecho, hasta intervendrá la tía y madrina de Alejandro, Soledad Ferreiro, quien planteará el por qué no se hacen grandes centrales de información , perdón de preservación digital.
Al final harto blablá, todos contentos, todo transparente, hasta que me acerco a Alejandro Ferreiro. Al identificarme recuerda el conflicto que ha tenido el consejo y este diario de mierda.
-Pero esa es pelea menor -le digo como representante de la oficina de transparencia de este diario, y él concuerda conmigo.
Me cuesta tomar nota de lo que dice este ex ministro, así es que mejor opto por preguntar:
-¿No cree que después de la transparencia pública viene la de la vida privada?
-No, hay una norma que protege la vida privada.
-¿Qué opina de las dobles vidas? -insisto.
-Esta es una ley para escrutar cómo funciona el Estado: la esfera de lo privado seguirá siendo privado.
-¿Y el nepotismo?
-El hecho de contratar a algún pariente hace que esa relación tenga relevancia pública.
Clarito Alejandro, ¿no les parece? Así es que me retiro no sin antes sacar la cámara y decir a viva voz:
-Todo transparente.
Después de decir esto, las paredes, el techo, el cielo, la gente, todo desaparece. Me miro las manos y el resto del cuerpo, y el mismo fenómeno. Pienso al fin que todo es auténticamente transparente.