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  Las pelotas de León

  Cada dos semanas un grupo de santiaguinos viaja a la playa nudista ubicada cerca de Horcón. León, harto de tanto Piñera, decidió ir hasta allá para comprobar cómo es una reunión de nudistas: qué hacen, cómo miran, qué comen. Al final se dio cuenta de que esto era lo más parecido a "La isla de la fantasía".

Domingo 17 de enero de 2010| por Gonzalo Len

Estamos llegando a Playa Luna, o en realidad a un sector en donde hay una casa que pronto funcionará como restaurante y unos estacionamientos. René Rojas, presidente de la Agrupación Naturista de Chile, me advirtió que había que pagar cinco mil pesos por estacionarse, cuestión que tiene escandalizado a nuestro chofer, que no cesa de espetar garabatos.

Para los que lo desconocen, el naturismo, según Wikipedia, es "una forma de vivir en armonía con la naturaleza, caracterizada por la práctica del desnudo en común, con la finalidad de favorecer el respeto a uno mismo, a los demás y al medio ambiente". O dicho de otro modo, a todos a quienes les gusta andar en pelotas por las playas y lugares abiertos. Pero eso al chofer no le importa y no me queda otra alternativa que descender del vehículo y enfilar hacia la famosa playa, que hace cinco años visité. Sin embargo, aquella vez había pocas personas, en tanto hoy promete haber más de cien, lo que me tiene entusiasmado y a Hoppe con extrañas preguntas del tipo:

-¿Y qué pasa si se me para en la playa?

-No pos, Hoppe, no se te puede parar -contesto serio.

-Pero ¿y si pasa?

Ahora no digo nada, cosa que lo intimida de cierta forma. Cuando estamos a punto de bajar por unas escaleras el cerro que nos conducirá a la playa y de ahí, tras una caminata, al sitio en cuestión, se me ocurre llamar a René para consultarle dónde viene con el bus repleto de turistas… perdón nudistas. Pero no contesta. Le comunico a Hoppe que tendremos que bajar nomás, y en eso se entromete el estacionador de autos y advierte:

-Viene llegando el bus.

Yo no veo nada, tampoco escucho algo.

-Ahí viene, créame.

-¿Y cómo sabe?

-¿Qué? ¿Acaso no escucha?

Me levanto de hombros y, cuando los bajo, diviso un bus.

-¿Ve?

Al parecer los poderes extrasensoriales de la gente que trabaja en esto del turismo-naturista son excepcionales.

La isla de la fantasía

Juan Manuel luce una polera azul con el logo de Playa Luna, por lo que imagino que es la persona adecuada para hablar con él. Cuando estoy por consultarle dónde está René, él responde el teléfono y se pone a hablar. Al colgar me informa que René está abajo, en la playa, y que él es el secretario de la agrupación. Lo felicito, pero Juan Manuel acota que no es momento de felicitaciones, sino de sacarse la ropita. Al escuchar esto, Hoppe se acerca para susurrarme al oído lo de su paquete.

-Lo envuelves, ¿ya? -digo esta vez molesto.

Juan Manuel es amable y, mientras bajamos por un sendero que "alguien" (después descubriré que fue el tipo que vende bebidas, cervezas y empanadas en la playa) había construido. En el camino me fijo en la clase de personas que ha venido: viejos, mayores de treinta, mujeres, hombres, calvos tatuados, lo único que no hay son pendejos, cosa que lamento porque las pendejas son muy ricas en esta época del año.

-La idea de nosotros es abrir el tema y no hacer escándalo por un cuerpo desnudo -explica Juan Manuel-. Llevamos haciendo encuentros cada dos semanas, pero éste es el primero del año.

-¿Qué papel juega el bus entonces? ¿Esto es turismo o cultura naturista?

-¡Cultura!

No entiendo entonces por qué cobran veintidós mil pesos por venir, si la cosa es meramente cultural.

-Aunque también estamos trayendo a gente de Santiago, que está interesada en el tema, y eso no lo niego -apunta para, de paso, cerrarme la boca-. A propósito, ¿te dijeron lo de las fotos?

Hoppe para la oreja, y yo respondo que sí: que cada vez que queramos fotografiar a alguien, habrá que preguntar, porque la gente, esta gente, podría tener problemas en sus trabajos, y ésa no es la idea.

-Yo, pese a que trabajo en el sector de la construcción, no tengo problemas, pero el resto no sé -admite hinchando el pecho.

Por fin llegamos a la playa. El sendero es tan largo y los escalones tan pequeños y seguidos que ya me duelen las rodillas. Aquí un hombre alto y de pelo largo saluda a todos los turistas-nudistas como si fuera el Señor Roarke de "La isla de la fantasía". Juan Manuel en consecuencia vendría siendo Tattoo. Precisamente "Tattoo" se acerca ahora para decirle:

-Oye, vienen más abuelitos.

"Tattoo" se refiere a dos tipos de pelo cano, que con dificultad van llegando a la playa, que como dije no es Playa Luna, sino el inicio de un camino para llegar hasta allá.

-Otros más -contesta el "Señor Roarke"-. ¿Y qué quieres: que los lleve en la moto?

Y como por arte de magia, aparece una motocicleta. Como ven esto es muy parecido a "La isla de la fantasía".

En pelotas, en pelotas

Después de caminar un trecho, que fueron algunos minutos y no los cincuenta que son desde la caleta de Horcón, y de conversar con el "Señor Roarke", quien además de presidente de esta agrupación, es productor de eventos en la playa de Reñaca. Pero no sólo eso, ya que también es fotógrafo; de hecho, ayudó a Tunick cuando vino a Chile. Y además es motoquero y un poco ególatra, porque le pide a Hoppe que le saque una foto arriba de su moto, teniendo como telón el mar.

Es mediodía y hace calor, por lo que tengo miedo de insolarme, pese a que traje bloqueador solar. Pero no nos centremos en calor, sino en una pareja de mujeres: una rubia y la otra morena; esta última ya ha venido varias veces, mientras que para la rubia ésta es su primera vez.

-¿Cuál es su motivación para venir a Playa Luna?

-Principalmente no tener que usar traje de baños, ¡son una lata! -exclama la morena y enseguida agrega más en serio-: Este será un día de limpieza.

Hoppe interrumpe para preguntar si puede tomar unas fotos, pero ellas se quedan mirando. Hoppe, recordando las instrucciones del "Señor Roarke", dice:

-Las reglas son por detrás y de lado, ¿no?

Las mujeres sueltan una carcajada. Hoppe trata de explicar sus palabras, pero ya es tarde: la pareja se está sacando la ropa, y pronto la morena esparcirá bloqueador en las nalgas de su amiga.

Como todos o casi todos se están quitando la ropa, yo los imito. Hoppe, por unos momentos, no sabe qué hacer. Después se quitará la parte de abajo, pero mantendrá un gorrito y la camisa para ocultar cualquier "exabrupto". Mientras tanto, trato de ubicar a un supuesto chico que arrienda quitasoles por mil pesos. "Tattoo" me dice que anda desnudo por ahí, vestido únicamente con un banano. Lo busco por toda la playa, sin encontrarlo. Al regresar, me encuentro con el "Señor Roarke", aún vestido, conversando con Hoppe y con "Andrés", uno de los fundadores del grupo. "Andrés" afirma que quiere mantener bajo el perfil y que por eso no da su verdadero nombre.

-Hace dos semanas, había como trescientas personas en la playa -recuerda "Andrés" con nostalgia, al ver ahora poco más de cien.

Miro para todos lados y veo a un par de minas ricas: glúteos firmes y formados. El "Señor Roarke" se da cuenta de esto y me lanza una censuradora mirada. Así es que me veo obligado a tranquilizarme: me siento sobre mi polera en pelota y le consulto a Hoppe si está nervioso.

-Sí, huevón -responde él afectuosamente.

Siempre los problemas

Por fin Hoppe se saca su traje de baño. Quizá esto le da la confianza necesaria para empezar a tomar fotos. Primero lo hace desde mi espalda, cuestión que me calienta. Sin embargo, uno de los "abuelitos" del comienzo, al verlo, lo manda a llamar. Ahí mi compañero de desventuras recibe un reto, cosa que en vez de intimidarlo, lo enoja y, avanzando hacia el mar, fotografía a diestra y siniestra a los bañistas. Pronto llega a mi lado el "Señor Roarke", quien conversa ahora conmigo con cierta amabilidad:

-Mira, nosotros tenemos la mejor de las ondas, pero hay mucha gente inquieta por las fotos de tu amigo.

Quiero aclarar que Hoppe no es mi amigo, sino mi compañero, pero el "Señor Roarke" no da tiempo para nada y prosigue:

-Y como yo los traje, la gente acude a mí y miren, yo entiendo lo que hacen…

-Ah, ¡qué lata! Estoy a punto de vestirme y volver a Santiago. Para pasar el mal rato, avanzo hasta el agua y me meto. Trato de orinar ahí, pero no puedo: tendría que internarme más, y yo no sé nadar, por lo que la idea de ahogarme en una playa nudista me detiene y mejor voy a una cueva, ubicada al final de la playa. Según el mismo "Señor Roarke", muchos la usan de baño.

Cuando regreso al mar, observo cómo le preparan a Hoppe una foto: el "Señor Roarke" ordena cual coreógrafo a los nudistas que se mantengan de espaldas para así no dar la cara. ¡Pelotas cobardes!

Entonces voy hasta mi lugar y decido sacar la banda presidencial que he traído para la ocasión. Con ella en la mano vuelvo al mar y me la calzo. Hoppe me fotografía, mientras los bañistas aplauden y gritan "¡bueeeena!". Una mina de rico culo me la pide prestada.

-¿Cómo se pone? -pregunta ella.

-Por el lado y por detrás -respondo recordando a Hoppe.

-¿Cómo?

-De cualquier manera.

La mina se calza la banda y luego, dándose vuelta o exhibiendo su mejor parte, posa para estas páginas.

La despedida de la "isla"

Llevo dos horas tomando sol en pelotas y confieso que tengo hambre. Además por aquí cerca no se ve ningún restaurante, ni quiosco, ni esos clásicos vendedores de palmeras, helados o bebidas que hay en cualquier playa. Justo cuando me apresto a marcharme, Hernán Vega, vendedor de bebidas, cerveza y empanadas, hace su aparición, completamente desnudo. Pregunto por los precios y en verdad pagar una luca por un agua mineral me parece excesivo. Hernán me cuenta que él construyó el sendero con peldaños diminutos por el que bajamos.

-Me demoré nueve meses -agrega.

-Como un hijo -apunto.

-Claro, y otros siete años en hacer el camino de tierra que lleva a la casa-restaurante y a los estacionamientos

-puntualiza.

-¿Cuánto ganas vendiendo? -consulto, señalando sus dos coolers.

-Top secret.

Como el hambre me mata, decido irme. Cuando me voy a despedir del "Señor Roark", aprovecho para preguntarle si algún candidato se ha acercado a su agrupación naturista.

-Yo creo que los candidatos debieron darse cuenta de que el naturismo está presente en todo el mundo y que por tanto debieran darse las facilidades para practicarlo. Así es que quien sea Presidente, yo lo invito a conocer esta playa.

Imagino a un Presidente en pelotas aquí mismo. Como he visto a tanto Presidente empelotado, creo que no sería mala idea ver a uno en pelotas. Sería un pequeño paso para Frei o Piñera, pero un gigantesco paso para nuestra democracia. Así, con esta convicción, tomo mis cosas, me visto, me paro y me voy con otra convicción, todavía más interesante: es primera vez en mucho tiempo que me desnudo y no tengo sexo. Y eso es un pequeño paso en mi vida personal, pero un tremendo paso para la masculinidad. //LND

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