
Miércoles 22 de febrero de 2012| por Nación.cl
La periodista norteamericana Marie Colvin, que hizo una fulgurante carrera para el dominical inglés Sunday Times como corresponsal de guerra, ya había dejado parte de sí en el campo de combate: el año 2001 perdió su ojo izquierdo por acción de una granada en Sri Lanka. Hasta el día de su muerte, ocurrida ayer durante un bombardeo en Siria, aseguró que “valía la pena” perder un ojo a cambio de entregar información independiente y cubrir en lugares donde ningún bando quiere que la prensa esté.
En ese incidente, el magnate de los medios de comunicación Rupert Murdoch, dispuso de su avión personal para ir en ayuda de Colvin. Desde entonces ella se convirtió en una figura reconocible en cada conflicto armado por su cabello rubio amarrado en cola y un característico parche negro en su ojo lisiado.
Colvin falleció junto al fotógrafo francés Rémi Ochlik, quien trabajaba para la revista París Match. Ambos estaban dentro de un edificio en la ciudad de Homs que fue bombardeado en una ofensiva de las fuerzas del régimen de Bashar al Assad, según activistas sirios.
El mismo día de su muerte, la periodista, formada en la Universidad de Yale, despachó lo que sería su última nota para la BBC. Se trataba de un contacto telefónico en el que narraba la muerte de un niño de dos años mientras esperaba ayuda en un improvisado hospital de la derruída ciudad de Homs.
“Aquí nadie entiende cómo la comunidad internacional está permitiendo que esto ocurra”, denunció sobre una realidad que calificó como “repulsiva”. La profesional de 55 años era la única enviada de un periódico británico a la zona y llevaba cerca de un año cubriendo la primavera árabe en países como Túnez, Egipto, Libia y Siria.
Previamente, en sus 30 años de carrera, narró otros conflictos históricos como los de Sierra Leona, Timor Oriental, Kosovo, Zimbawe y Chechenia. Por ese trabajo recibió importantes reconocimientos como el de mejor corresponsal de la prensa británica, el galardón “Valentía en el Periodismo” que otorga la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios y el de mejor periodista del año de la Foreign Press Association. Aunque no tuvo hijos, Marie Colvin se casó tres veces, una de ellas con el periodista boliviano y corresponsal de diario “El País” Juan Carlos Gumucio, quien se suicidó en febrero de 2002.
Durante uno de sus últimos reconocimientos, Colvin valoró el rol de los medios que arriesgan recursos en ésta práctica y a sus colegas anclados en los conflictos bélicos por vocación. “Nuestra misión es informar sobre el horror de la guerra con precisión y sin prejuicios”, dijo. “La opinión pública tiene derecho a saber lo que nuestros gobiernos y nuestras fuerzas armadas, hacen en nuestro nombre”, agregó.
Junto a Colvin falleció también el joven fotógrafo francés Rémi Ochlik de 28 años, quien pese a que trabajaba para la revista Paris Match, había recibido órdenes de abandonar Siria, país al que llegó por su cuenta. Venía de escapar en circunstancias similares de la ciudad de Zabadani y lo último que se supo de él a través de correo electrónico, fue su paradero y que se encontraba en la fatídica ciudad junto a un reportero del diario español El Mundo.
Su primer acierto noticioso fue a los 20 años al cubrir el derrocamiento del presidente de Haiti Jean-Bertrand Aristide el 2004, país al que volvió en diferentes oportunidades a realizar su trabajo.
Entre los méritos de Ochlik se contaban su arriesgada cobertura fotográfica de la guerra de Libia y otras revoluciones en Túnez, Egipto y El Congo para diversos medios como Le Monde, Time o The Wall Street Journal. Desde el año 2005 dirigía su propia agencia de servicios IP3. Recientemente había sido premiado por el World Press Photo por sus imágenes captadas en Libia. Gran parte de su carrera puede seguirse en su web profesional.
►Éste es el último reporte realizado por Marie Colvin horas antes de morir