
Domingo 16 de agosto de 2009| por Gonzalo Len
El recuerdo que tengo de "Chamaco" Valdés está asociado a mi padre, a quien no veo hace mucho tiempo y que perfectamente podría estar muerto, y a mi hermano, quien ese día 14 de junio de 1974, en el que Chile enfrentaba a Alemania Federal, cumplía dos años. Pero mi recuerdo es vago y sólo alcanzo a ver a mi padre con la boca abierta frente al televisor en blanco y negro. Mi madre no estaba o tal vez cuidaba a mi hermano, no sé. Lo único que sé es que en ese tiempo yo tenía muy en claro quién era Francisco Valdés, el "Chamaco". Pasaron los años y me hice adicto al fútbol. Era malo, pero me gustaba oficiarlas de mediocampista defensivo, repartiendo patadas, empujones y codazos. Recuerdo que pasaba horas enteras jugando en aquel patio de tierra de la población Empart de Viña del Mar. Hoy esa población es más bien un condominio y el patio de tierra es pasto.
Hoy, nuevamente, estoy en una población que es de verdad. Se llama Juan Antonio Ríos, pero todos le dicen "La Río". Aquí vivía "Chamaco" Valdés. De hecho, ahora estoy parado frente a su departamento en el primer piso, que es bien modesto. Una rosa, un cartel garabateado y amarrado a la reja, además de una gigantografía de otro héroe colocolino, David Arellano, son las únicas señales de que ahí murió el futbolista. A pocas cuadras de aquí, está por comenzar la misa por su "eterno descanso", pero algo me dice que el homenaje que estoy viendo puede resultar más interesante que el de una iglesia. En una de las paredes de estos conjuntos habitacionales se está terminando de hacer un gran mural, que en su parte inferior ya dice: "Goleador hay uno solo". Y los muchachos que lo hacen son de "La Río". Trabajan en andamios, dedicadamente, y salvo por sus camisetas, nada haría pensar que son hinchas del Colo Colo, o más precisamente de la Garra Blanca.
Garras de amor
Mientras contemplaba cómo se termina el rostro de "Chamaco" -en blanco y negro por supuesto-, un tipo que come naranjas me llama y comienza a hablarme de los orígenes de la Garra Blanca, cuando Mario Montoya, alias "El Chirola", la dirigía. El tipo se identifica como Luis Felipe y agrega que participó en los inicios de la barra, pero que ya mira todo con distancia.
-Muchos de los que estamos acá somos hinchas de corazón -asegura-, pero los otros son de profesión. Ganan con entradas, con la garra, con todo. Pero hable con el mejor -añade, señalando a Roberto Gaete.
Roberto es como de mi edad pero, a decir verdad, se ve bien deteriorado. Además pertenece al mismo club que "Chamaco", el Manuel Montt.
-De aquí han salido puros jugadores, como los hermanos Páez, el "Pollo" Véliz, el "Tanque" Araneda y el "Chamagol".
De la lista el más malo, sin duda, es el sobrino del "Chamaco", el "Chamagol". Cuando consulto con quién puedo hablar del mural, me señalan a un tipo de cara conocida al que le dicen "Chapulín". Lo reconozco, es el sujeto que seguía a todas partes a la selección de Nelson Acosta.
Uyyy, ¡que estái viejo, "Chapulín"! le comento, y él se saca el jockey y contemplo muchas canas. Cuando me repongo, le pregunto: -Oye, ¿y desde qué hora que están?
-Desde ayer a las diez de la mañana y desde hoy a las siete.
-Supongo que esta es su misa.
-No, es la corona -responde serio.
Mirando el trabajo de los muchachos de "La Río", pienso que es fácil comprometer a los jóvenes por una causa, y les juro me dan ganas de llorar. Snif. Pero me contengo, porque estoy rodeado de puros machos No, esperen, detrás de mí hay una mina exquisita con la polera del Colo y pantalones encajados en Fiorucci. Lo mejor es que no es rubia.
Aquí se construye
Pese a todo, me resisto a usar sostenes.
Decido acercarme a conversar con la gente que está construyendo, literalmente, el homenaje a "Chamaco" Valdés, o como prefiere decirle "Chapulín", la corona. Uno de ellos es un viejo integrante de la Garra Blanca, le dicen "Pony" Ruin, pero se llama Juan Carlos, y es canoso, fortachón y guapo. Es quien parece estar a cargo de la logística del mural y así lo demuestra cuando me cuenta que tuvieron que arrendar andamios porque, los que se habían conseguido, no servían; y luego les faltó pintura, plumones y un cheque en blanco.
-Pero aquí estamos, terminando el mural con "La Río" para cuando la carroza pase por acá -agrega orgulloso.
Con idéntico orgullo, relata que los dos niños que están allá arriba, encaramados pintando el rostro del goleador histórico del fútbol chileno, fueron los primeros en ver el cadáver.
-De hecho, la viuda pensaba que estaba durmiendo. Ellos la convencieron de que había muerto -dice.
Recordando al escritor Alfonso Calderón y al "guardalínea" Rodrigo González, le comento que se ha muerto harta gente conocida últimamente.
-Sí, y caleta de garreros "accidentados".
Uno de los "accidentados", "El Pirata", se acerca para inspeccionar la obra. Es, junto a "Chapulín", uno de los líderes de "La Río". Tal vez para evitar más accidentes, Juan Carlos llama a "Chapulín" para decirle que puede ser peligroso dejar los andamios mientras van al funeral en el Parque de Santiago.
-Tú sabís, se sube un cabro chico y...
-Bueno, hacemos otro mural que diga no subirse -bromea "Chapulín".
Ahora un chico se acerca para consultarle a "Chapulín" si peleará con el Pancho.
-Yo no quiero, pero si quieren, peleamos -contesta sonriendo.
Al final, los muchachos desmontarán los andamios y dejarán sólo el rostro de Francisco "Chamaco" Valdés como único rastro de que ahí, alguna vez, hubo una "construcción".
Reconocimiento
Ha pasado casi una hora y media desde que estoy aquí y un lienzo con el escudo del Colo Colo se despliega justo arriba del departamento de "Chamaco". Abajo, ahora hay una corona de flores y varias banderas albinegras que ondean en esta fría hora de almuerzo. De pronto un garrero se me aproxima para preguntarme si soy el Gonzalo León, el que escribe todos los domingos. Mi pecho se llena de orgullo, y estoy a punto de responder algo así como Gonzalo León en estos momentos está trabajando o Gonzalo León no sabría qué decir. Al final sólo contesto un tímido sí, y entonces él me cuenta que ayer esta calle estaba repleta de gente.
No sé por qué las minas ricas me desconcentran, en especial sus culos, pero ahora la mina de los pantalones encajados en Fiorucci es enfrentada por su pareja o su hermano:
-¿Cómo se te ocurre andar vestida así?
Ella se da vuelta para un lado y para el otro, enseñando su culito.
-¿Y qué querís, que andara con una falda larga?
La réplica no sirve de nada, porque desaparece de aquí. Me hubiera gustado defenderla, pero creo que para esos casos está "El Chapulín". Así es que mejor me encamino hacia la iglesia.
Por calle Baldomero Flores la gente espera a que saquen el ataúd. Hay dos carrozas fúnebres. Una es para "Chamaco", por el evidente decorado, la otra es para el cortejo. Dos hombres muy compuestos aguardan al lado de ambas. Imagino que uno es el chofer y no me equivoco. Se trata de Gustavo Montecino, hincha de la Universidad de Chile, a quien le consulto si alguna vez pensó que tendría que conducir a Francisco "Chamaco" Valdés hasta su "última morada".
-En realidad yo lo veía muy cercano, porque me lo topaba a menudo en el barrio.
-Ah, ¿usted es vecino también?
-No, yo trabajo por acá y me lo topaba en la bencinera, pero nunca imaginé que me tocaría llevarlo usted sabe.
-¿Y qué siente?
-Es un honor que no se da todos los días -confiesa.
La misa concluye y la gente empieza a moverse, así es que hago lo mismo y me devuelvo. Al llegar al lugar del mural, el papá del "Chapulín", medio urgido, pregunta:
-Oye, ¿y dónde están las micros?
Cortejo blanco
Quiero subirme a una de las micros que disponen los muchachos de "La Río", pero sencillamente no las encuentro, así es que pruebo suerte y le pido al "Pollo" Véliz que me lleve. Sin embargo, el cortejo ha empezado y no hay tiempo para detenciones, a excepción de la efectuada frente al departamento de "Chamaco". Ahí se escucha el siguiente canto:
-"Chamaco", "Chamaco" querido, los garreros jamás te olvidarán.
El auto permanece detenido ante cientos de personas, y digo "personas" porque aparte de vecinos y garreros, también hay niños de la escuelita Camilo Mori, que entusiastas interpretan ahora:
-Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles de "Chamaco" no tienen que morir.
Por fin el cortejo parte hacia el cementerio, y yo afortunadamente consigo subirme a un furgón utilitario de la Municipalidad de Recoleta. Adentro me percato que voy con la prima de "Chamaco" y su esposo, Roberto, un músico de la Sonora Cumbarí. Ambos vienen de Colina y cuentan que, en el último tiempo, habían estado en hartos velorios con "Chamaco", pero que jamás imaginaron esto.
-Yo creo que al Chamaco la muerte del hermano mayor le afectó demasiado -advierte Roberto, quien no deja de mirar hacia una camioneta con veinte chicos de la Garra Blanca que apenas avanza. Pienso que la muerte de "Chamaco" le afectará demasiado a los amortiguadores de esa camioneta.
Al lado del chofer va un vecino de "La Río", quien cuando le consulto si ese ostentoso auto pertenece a algún futbolista, contesta riéndose:
-Es de un garrero. No, si ahora los garreros ganan, y con la güena.
Sentada a mi lado va una señora excesivamente maquillada, que habla y habla; a ratos también canta tangos; besa el autógrafo que le dio Jorge Toro; asegura que no se lavará la mano en todo el día porque la saludó la Presidenta, y al divisar que detrás nuestro va el auto de un alto oficial de Carabineros, interpreta el himno de la institución. La señora, como se imaginarán, me saca mentalmente del cortejo y no sé cómo vuelvo a transportarme al pasado, pero ya no es a ese partido entre Chile y Alemania, sino a otro del Colo Colo 1973. No sé si es un recuerdo real o uno construido con el paso de los años. "Chamaco" a punto de jugar la final de la Copa Libertadores asiste a la embajada de Chile en Argentina y es recibido junto a todo el plantel por Salvador Allende. El clic de la foto es el punto final de este cortejo.
Foto: Álvaro Hoppe