
Lunes 8 de marzo de 2010| por Javier Rebolledo
Pasada la ira de la naturaleza, los rostros insomnes de la gente de Constitución se funden en el cansancio de los sonámbulos en constante tránsito. Los perros vagabundos, embetunados en el barro forcejean jugando y se mezclan con los labradores de la Policía de Investigaciones, sabuesos en búsqueda de carne humana en descomposición.
El martes pasado amaneció con sol y la huella de podredumbre que viene de abajo de los maderos, clavos, terrones de barro, comienza a hacerse más fuerte y el trabajo de los caninos más fácil. En la Plaza de Armas, un tipo llora a alguien con rabia. No son sólo las construcciones las que están abajo, a tres días del terremoto y tsunami, la gente acá aún no despertaba, porque desde ese día no habían dormido. Querían estar aquí, sin irse de nuevo y perderse en el mar nocturno.
En la playa principal, uno de los sectores por donde entró la lengua de agua, sólo queda un interminable camino de escombros. Los cimientos de los restaurantes puestos ahí por su inmejorable vista, aún apuntan hacia el horizonte. La gente ya sacó todo lo de valor.
Juan Díaz, uno de los buscadores de tesoros de buen ánimo, el domingo se encontró una caja fuerte. Adentro habían "50 lucas, puta, pensé que podía haber más", recuerda.
La noche del terremoto estaba en la ciudad, en la festividad de la Semana Maulina, ya terminando la juerga. Corrió hasta un cerro. Desde ahí escuchaba los gritos y veía las luces de las linternas cruzarse y apuntar sus rayos en medio de la oscuridad y las tronaduras de las construcciones que se venían abajo.
En un instante, su oído se centró en el murmullo profundo que traía el horizonte. Golpes de agua, la oscuridad total y el silencio de las voces.
Celulosa Constitución
A un costado, muchos de los cientos de miles de maderos apilados en la Celulosa Constitución del grupo Angelini se derrumbaron. Las torres tienen daños estructurales. Juan trabajó ahí. En noviembre lo echaron por integrar una huelga para lograr mejoras salariales. "A ver cómo van a funcionar ahora", dice y la sorna se le escapa por un momento. Luego el mismo parece comprender: "Éstos no pierden nunca, de alguna forma van a salir ganando".
La paradoja indica que sus competidores en la carrera por lograr la fortuna más grande del país, los Luksic, sí. En la Bolsa de Comercio el lunes las acciones de Madeco subían un 4,11%. Cristalerías Chile, Cementos Melón, entre otras empresas, y los insumos producidos por ellas -necesarios para construir un país hecho pedazos -ascendían al ritmo de las réplicas sísmicas en una danza siniestra.
¿Qué cálculos estarán haciendo sus conciencias? Imposible saberlo, pero en Talca, el miércoles un empresario de neumáticos, sin luz y apenas un hilito de agua en su local, abastecía a todo el que podía, con precio al costo, sin importar el horario. El mismo era uno de los afectados.
En Pelluhue, Rosa Alvear, dueña del local Rosita, vio como todo se le vino piso. No le quedó una sola botella sin quebrarse, en el sector de Mariscadero, donde ese mismo día encontraron bajo un Peugeot a una mujer ahogada. Con rabia, pena y orgullo dice que no quiere nada regalado, así lo aprendió durante todo este tiempo, sino un crédito blando. De otra forma no tiene la menor posibilidad de seguir.
Traslado de cuerpos
El martes, el director del SML Patricio Bustos llegó hasta Constitución y ordenó el traslado de los cuerpos que permanecían en el gimnasio techado en bolsas negras hasta las oficinas de la repartición en medio del calor del mediodía.
"No tenemos un lugar de frío, pero lo estamos consiguiendo", nos dice, e Investigaciones comienza a cargarlos, mientras la muchedumbre observa el espectáculo.
Ahí mismo, al lado de los cadáveres, la gente llena sus bidones con agua. Una pizarrita manuscrita tiene los nombres de los cuerpos identificados y los que no.
Un colega despachaba como contrapunto a los saqueos ocurridos en el lugar y otros como Concepción, Lota y Talcahuano, que a pesar de lo negativo de la acción, en el caso de las farmacias, los medicamentos más robados eran los ansiolíticos y antidepresivos.
"No nos vamos a recuperar"
Pasado Constitución, siguiendo la ruta costera de Pellines "el maestro Soto", un anciano de 70 años, nos hace dedo. Va hacia a Villa Paraíso, el lugar donde vive solo desde hace años porque sus hijos partieron "mucho tiempo atrás".
Se dio una vuelta por la ciudad, pero ya no quiere volver. No habla mucho, sólo niega con la cabeza, como si así se le vaciara de los pensamientos que de un rato a otro se le escapan sin conciencia. "No nos vamos a recuperar nunca", repite un par de veces. Es su respuesta para la mayoría de las preguntas.
"¿Dónde están sus hijos?", le preguntamos. "En muchas partes", responde y mira hacia el mar en el mediodía soleado. Como todos ahí, no tienen luz, agua y hasta el miércoles no había llegado ninguna información, ni ayuda, la mayor parte de ella centrada en los lugares más siniestrados.
El guía de pocas palabras nos va indicando algunas de las pequeñas caletas destruidas que conducen a Chanco, luego Pelluhue y a Curanipe. Una de ellas, Pellines, luce desierta. Una que otra construcción de madera permanece en pie. Un hombre solitario deambula con la mirada concentrada en la vorágine de mallas, trajes de buzo y maderos de bote. Perdió los dos que tenía. Con ellos vendía pescado y mariscos a un tercero que, a su vez, comercializaba con Santiago.
Al sacarlo por un instante de su búsqueda, de su boca resquebrajada por el sol, sale un aullido. Parece como si una fiebre y picazón lo recorriera entero mientras se queja y grita. "No quedó nada, señor. No tenemos nada. Avise para allá. Yo no me puedo mover de acá, están mi hija arriba en el cerro", dice Luis Flores (50).
Unos metros más allá, el puente con un pequeño desnivel tiene las barandas totalmente dobladas. Con el tsunami no quedó casa en pie. Una mujer busca con su hija pequeña bajo los escombros.
Acá muchas de las casas fueron construidas casi encima de las aguas. Nadie tenía idea de la posibilidad de un terremoto o tsunami, o nunca lo creyeron. El maestro Soto se despide escuetamente, y enfilamos hacia Chanco, pueblo un poco más alejado de la costa, pero fuertemente impactado por el terremoto.
Con el terremoto, el mayor problema que tuvo la autoridad sanitaria fue qué hacer con los cuerpos sin vida que llegaban a raudales desde el propio Chanco, Curanipe y Pelluhue. El motivo es que la morgue está capacitada para albergar un cuerpo y con entrega inmediata a su familia.
Entre un detective que pidió reserva de su identidad y un empresario de la zona, urdieron una estrategia.
El hombre es dueño de un camión frigorífico que transporta frutillas, manteniéndolas a 0 grados y lo ofreció para que sirviera de una improvisada cámara de refrigeración de cuerpos. Encendido todo el día, en su interior permanecían seis víctimas que aún no habían sido reclamadas. Dos eran niños.
Inhabitables
En el centro del pueblo, la calle principal lucía destruida y sin luz. El resto se veía bien. Pero un carabinero nos corrigió: prácticamente ninguna de ellas puede ser habitada, porque muchas o están a punto de caerse o tienen daños estructurales graves.
La parroquia San Ambrosio de Chanco, construida en 1835, se vino abajo. Era parte del espíritu de sus habitantes. Durante la tarde aún algunas mujeres permanecen frente a ella en un placita aledaña, pero queda muy poco. El campanario está en el suelo y la mayoría de los muros también. Una mujer, al borde las lágrimas, rescata que "a la imagen de la Virgen no le sucedió nada. Está intacta, gracias a Dios".
Cerca de las ocho de la noche, sin embargo, antes de que el sol se ponga y se inicie el toque de queda, comienza el peregrinaje pagano hacia los cerros, más allá del cementerio. Algunos en automóvil, otros a pie, ponen sus carpas o toldos de plástico en los campos.
Debido a la presencia de un generador de energía en el hospital, lo mejor fue dormir en el automóvil al lado de la improvisada morgue. Ahí Héctor Pacheco (16) hace guardia como soldado durante toda la noche. Los dos primeros días durmió con su madre, porque estaba demasiado asustada. "Yo me juego la vida acá, estoy seguro que vamos a salir adelante", dice el voluntario que es aspirante a bombero. A pesar de que antes de la tragedia estaba suspendido de la Segunda Compañía de Chanco por un altercado con una profesora durante el terremoto y tsunami, fue el encargado de tranquilizar y guiar a gran parte de los vecinos.
Por la emergencia decidieron reintegrarlo al cuerpo y empezar a hacerle realidad parte de su sueño.
Liceo de PELLUHUE
Recién ingresados a Pelluhue, en la playa de Mariscaderos, el mar se llevó prácticamente todo. Una de las pocas construcciones en pie es el liceo.
Su directora Eliana Concepción, junto a un grupo de profesoras, hace guardia afuera del establecimiento sentadas en los que fueran los pupitres de sus alumnos. En su interior hay, por lo menos, un par de casas incrustadas. El día sábado encontraron el cadáver de una mujer adentro que fue derivada al hospital de Chanco, ya que en el sector no cuentan con un recinto con especialidades.
"Estamos acá porque se han robado gran cantidad de los colchones del internado y nosotros recibimos alumnos de muchas localidades pequeñas, entre ellas Las Pocillas y Canelillos. Hacemos turnos", cuenta. Destaca, eso sí, que la gente se llevó eso y no los computadores u otros enseres inservibles en este momento. "No vamos a poder iniciar las clases en mucho tiempo, porque el daño es enorme. La construcción se quebró por la mitad".
Un poco más allá, un buzo recorre el lugar. Con los ojos rojos, apenas ha logrado pegar un ojo. Junto a su hermana y la hija de ella alcanzaron a arrancar hacia los cerros donde pernoctan hasta ahora. De su casa no quedó nada. "Los primeros días no podía siquiera pensar, estaba como raro. Ahora, recién pasado el tiempo, me doy cuenta de lo que sucedió", cuenta Juan Vera (33) y parte a ver si hay algo para rescatar.
En la plaza principal, un puesto de coordinación entre la PDI, Bomberos y Carabineros tiene como encargada a la asistente policial, Luz Suazo. Ella nos da algunas de las cifras extraoficiales: 42 muertos hasta el martes entre Curanipe, Pelluhue y Chanco, pero el número de desaparecidos, según sus cálculos, poco más de 60.
Es nacida y criada ahí, por lo mismo se ofreció para mantenerse en su cargo a toda hora. En su casa, por suerte, tiene gas, pero en la mayoría están cocinando con leña. "Ha llegado algo de comida, pero el combustible se acaba. Necesitamos más ayuda, urgente", señala.
Un poco más allá, en Curanipe, el panorama es similar y peor que el de Pelluhue. Un par de ancianos limpian al interior de su casa. Una parte de cemento se salvó, pero el interior está hecho pedazos. No queda un solo mueble servible y su ingreso mensual es de 70 mil pesos. El hombre, con bastón en la mano, nos pide que le digamos a la Presidenta Bachelet "que nos haga unas casa buenas, como las que hay en la población allá, que construyó el gobierno hace poco. Eso es lo único que pido, con subsidio", dice.
Vacunas y baños químicos
Nos dirigimos al consultorio, ubicado en la parroquia. Ahí la doctora jefe del equipo de emergencia de Curanipe, Daniela Guede, informa que lo que viene ahora es tanto o más peligroso que el tsunami. No tienen material esterilizado, agua, luz, ni tampoco vacunas de ningún tipo.
"Con el frío que hace en la noche, la gente durmiendo arriba, van a empezar las infecciones. No damos abasto. Lo más que necesitamos es vacunas para el tétano y baños químicos", dice y agrega otro dato que, hasta ahora, no se aquilata: especialistas mentales.
"La gente está muy dañada. Va a ser largo. Como ejemplo, una niña de doce años, vino con su madre y 11 familiares más, tíos, hermanos y primos. Murieron todos. Está durmiendo arriba en los cerros con gente que la cuida", señala.
Para conocer las cifras de víctimas, vamos a Bomberos. Ahí una larga cola espera por comida y grupos de voluntarios de Talca y otras ciudades que, con sus banderas de Chile en sus vehículos, han ido llegando primero de forma tibia, pero cada vez en mayor número.
En medio de todo, el encargado de bomberos Óscar Salazar nos entrega la cifra para Curanipe: 21 muertos al día miércoles. Pero el número de desaparecidos es aún indeterminado, todo avanza conforme pasa el tiempo y la gente se les acerca.
Una mesa recibe nombres, fotos, y cualquier dato, de parte de hombres y mujeres y niños que tienen a sus queridos desaparecidos. "Anoche los perros marcaron cuatro puntos en el sector del río, al lado del camping. Ahora están trabajando en encontrarlos". En el lugar nos percatamos que todavía no encontraban nada, pero el aroma indicaba que, antes o después, sucederá.
Tres días después, el sábado, volvimos a escudriñar una parte del sector donde ocurrió la catástrofe. La doctora Guede de Curanipe nos indicó que había llegado gran cantidad de ayuda en medicamentos, lo mismo que Óscar Salazar en pertrechos. En Pelluhue, Luz Suazo nos contó que la energía eléctrica desde el viernes alumbraba todo el poblado y la gente comenzaba a dormir con algo más de tranquilidad. Todos estaban algo más relajados.
Los chicos de Un Techo Para Chile, comenzaban a trabajar en las mediaguas en Pellines, Loanco y otras pequeñas localidades costeras. Miles de autos recorrían las costas entregando ayuda para seguir reconstruyendo el país, en trabajo hormiga, desde las cenizas. LN