
Lunes 2 de enero de 2012| por José Morgado - foto: Emiko Hombo
-Usted señaló en su columna "La trampa del voto voluntario" que según la evidencia internacional la premisa de que el voto voluntario significará mayor participación no es razonable. ¿Aumentará la participación de votantes en las Municipales 2012?
-A mi juicio, el voto voluntario es un espejismo de libertad. Como todo espejismo, al principio puede engañarnos. De hecho, debido a la inscripción automática (que incorpora a 4,5 millones de electores al padrón), en las Municipales 2012, la participación electoral podría aumentar. Sin embargo, en el largo plazo (quizás en 12 años más), el efecto negativo del voto voluntario podría ser tan importante que la participación electoral, aun en contexto de inscripción automática, podría ser menor que la actual.
-¿Cómo ha sido la experiencia en otros países con la implementación de este sistema de votación automático?
-Un caso muy interesante es el argentino. Nuestros vecinos tienen voto obligatorio hasta antes de que el ciudadano cumpla 70 años. Al cumplir 70, el sufragio es voluntario. Justo a esa edad, la participación electoral cae más de 10 puntos porcentuales. Más interesante aún: Dicha participación cae en forma mucho más importante en individuos menos educados con respecto a individuos más educados. Dicho sesgo de clase coincide con la evidencia a nivel mundial.
-¿Cree que la fórmula era inscripción automática y voto obligatorio, tal como lo propusieron los diputados de la DC? ¿Hubieran ayudado los incentivos al voto?
-Me encantaría que hubiese existido un debate en torno a la fórmula inscripción automática-obligatoriedad voluntaria. Me explico. Con el voto voluntario, todo ciudadano está obligado a que su voto sea voluntario. A mi juicio existe una alternativa mucho mejor: por defecto, debiésemos considerar que el acudir a votar es un deber cívico. Sin embargo, entendiendo el voto como un derecho, todo ciudadano debiese poder pedir una dispensa para no votar en la siguiente elección. Estoy pensando en un trámite muy fácil a través de una página web o de un mensaje de texto.
-¿Cómo sería la fórmula en ese escenario?
-De esta forma, la obligatoriedad del voto, sería voluntaria. De existir personas que, por principio o por imposibilidad no puedan sufragar, dichas personas pueden pedir dicha dispensa. Lo importante es que todos siguen inscritos, manteniendo su opción de votar y no ocupar la dispensa si las circunstancias lo permiten. Creo que la inscripción automática y obligatoriedad voluntaria permite que coexistan la noción del voto como un derecho y un deber cívico.
-Con este "sesgo de clases" que se produciría, ¿a qué bloque político le favorece este escenario?
-Efectivamente, algo en lo cual hay un amplio consenso entre los investigadores, es que el voto voluntario implica un sesgo de clases: en regímenes con voto voluntario, ciudadanos menos educados y con menos dinero votan mucho menos que ciudadanos con más años de estudio y más adinerados.
"En el caso chileno, la inscripción automática debiese favorecer a los partidos con mayor adhesión entre los jóvenes. En cambio, el voto voluntario podría favorecer a los partidos con mayor adhesión en las clases más acomodadas".
-En la misma columna explica que en otros países no sólo ha bajado la participación política con esta medida, sino que también baja el gasto público de los gobiernos. ¿Crees que en el caso chileno ocurrirá eso?
-Efectivamente, existe buena evidencia que indica que el voto voluntario implicaría una menor inversión en políticas sociales. Este efecto sería importante en magnitud, ya que estamos hablando de un 16% del gasto total de gobierno de menor inversión en gasto social. Alguien podría argumentar "OK, pero no necesariamente un menor gasto social implica una sociedad más desigual". Lamentablemente, dicha implicancia sí existiría. Existe evidencia que el voto voluntario no sólo implica menor gasto en políticas sociales, sino también una mayor desigualdad.
-¿Pero qué sucederá en Chile?
-Si consideramos que Chile está dentro del 12% de naciones más desiguales del planeta -codo a codo con países africanos-, el voto voluntario no aparece como una opción muy atractiva. Me atrevería a asegurar que, en un experimento pensado, el gasto social en Chile va a ser más bajo en un escenario de voto voluntario que de obligatoriedad voluntaria.
-A su juicio, ¿qué debieran hacer los políticos para encantar a los ciudadanos a que asistan a votar? ¿Las lógicas de campaña deben ser otras?
-La mayor parte de los factores que influyen en la participación electoral están fuera del alcance de los políticos. El nivel de educación e ingresos de los ciudadanos sólo se elevan con políticas de largo plazo. Pensemos en campañas extraordinarias, la de Obama por ejemplo. ¿En cuánto creen ustedes que aumentó la participación electoral con respecto a las elecciones anteriores? La diferencia fue de sólo 1 punto porcentual.
-Patricio Navia dijo a este medio que la prioridad de los políticos no será salir a buscar nuevos votantes, sino convencer a sus "votos duros".
-El argumento más utilizado por los políticos que apoyan el voto voluntario es que dicho sistema aumentará el esfuerzo de los candidatos por llegar al elector. Dicho argumento es intuitivo, pero no existe evidencia que lo respalde. Sin embargo, de tanto repetirse, ha pasado a ser verdad en la mente de muchos.
"En contraste, existen buenas razones para pensar que, en un escenario de voto voluntario, el esfuerzo de los políticos se podría centrar aún más en las demandas de los sectores con más años de educación y dinero, postergando aún más políticas redistributivas estructurales en ámbitos como educación, salud y vivienda".