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  Jóvenes analfabetos

  La iniciativa prometía, porque además sería acompañada por skaters, BMX, motociclistas y bandas de reggaeton; sin embargo, el desinterés cundió, ya que se convirtió en un evento exclusivo para los concursantes inscritos, quienes a la larga se lucieron por su analfabetismo y poco manejo con el celular, cuestión que sorprendió a los jueces, pero no a León, quien siempre ha considerado a estos pendejos como… Mejor lean.

Domingo 19 de julio de 2009| por GONZALO LEÓN

Raúl Perrone es un director de cine de culto en Argentina. Hace poco volvió a las pistas con "Bonus track", una historia de unos skaters perdidos en un ignoto pueblo y en la vida. La película es un retrato de cierta juventud trasandina. En esto pienso cuando pongo mis pies en la cancha del Movistar Arena y veo a varios skaters haciendo piruetas sobre una rampa. Imagino por un instante que los personajes de la película del "Perro", así le dicen a Perrone, han salido de la pantalla y me han seguido hasta el Primer Campeonato de Mensajes de Texto o SMS, pero no: los BMX's o ciclistas, los motoqueros y, por sobre todo, las promotoras que deambulan de aquí para allá, con sus ajustados trajecitos de Universidad Santo Tomás, Movistar y LG, son parte del decorado. Precisamente una de las chicas de LG llama mi atención y la de varios pendejos, que con la boca afuera observan cómo ella enseña a manipular el celular con el que se participará. Sin embargo, el escote distrae, si no pregúntenle al pobre Hoppe.

Una voz con acento mexicano me distrae nuevamente: pertenece al animador de la jornada, que irá indicando los pasos a seguir. Ahora por ejemplo avisa que la competencia está por comenzar, pero antes con ustedes, en este magnífico escenario, Power Peralta. Este evento es bien raro. Aparte de haber poca gente y de los chicos que hacen deportes extremos, los números musicales que se presentan son lo que la producción por poquita plata pudo conseguir. Sin ir más lejos, la máxima atracción es Reggaeton Boys, pero sin uno de sus integrantes, que está en "Pelotón VIP". Bueno, pero los Power Peralta bailan en el escenario central, una plataforma circular coronada con sendas pantallas gigantes, y los pocos chicos se acercan y sacan fotos con sus celulares y sus bocas se abren, al igual que sus ojos, y ya: entiendo por qué Claudio Spiniak es pederasta.

Las reglas del juego

La sala donde se realiza la competencia, que ahora está en sus rondas preliminares, se parece mucho a la de cualquier casino: tres mesas y croupiers, que esta vez llamaremos jueces. De éstos hay hombres y mujeres, pero el juez de la final es macho y al parecer recio. Fabiola Sánchez es jueza y egresada de Comunicación Audiovisual de la Uniacc. Se queja porque, según ella, su generación ha tenido mala suerte para encontrar trabajo. Fabiola me cae bien, quizá porque a su edad yo tampoco tenía trabajo.

-¿Hasta qué hora te toca estar acá? -pregunto.

-Hasta las nueve y media, pero llegué a las dos de la tarde y no he comido nada.

Fabiola se ve rellenita, así es que cambio de tema y le consulto qué es lo más complicado de ser juez de un campeonato de SMS.

-Para mí lo más complicado es el tiempo estipulado para la competencia.

Observo mi celular, son poco más de las cuatro y media de la tarde y los primeros participantes hacen su ingreso a la sala. El juez de la final, que se llama Jorge Tapia, los recibe y les explica brevemente de lo que se tratan estas rondas. Los participantes, en su mayoría pendejos, parecen no entender nada. Se ven impresionados por el celular que tienen frente a ellos, con un teclado que sale por el costado y que es una reproducción en miniatura de la de cualquier ordenador. En verdad no es para tanto, pero ellos tocan el celular y lo vuelven a tocar, como si se masturbaran.

Hay dieciséis teléfonos por mesa y por tanto la misma cantidad de competidores. Varios lucen una polera negra, en cuya espalda a modo de la presentación de "Star Wars" aparece el programa de hoy. Por fin entiendo por qué el campeonato se llama Xatwars. Mientras reflexiono, otra jueza recorre las tres mesas repitiendo esta frase al tiempo que exhibe cada uno de los aparatos:

-Modalidad mensaje, no está bloqueado el teléfono.

Cuando termina su labor, cada uno de los jueces de cada mesa explica las reglas del juego, cómo funciona el celular y los posibles problemas con que se pueden encontrar. La idea es replicar el mensaje que sale en las pantallas ubicadas arriba de la mesa en el celular. Fácil, ¿no les parece?

-Bueno, ahora manos atrás -advierten los jueces y, al ver que algunos competidores no hacen caso, repiten la advertencia.

¿Analfabetos?

Aún estamos en las rondas preliminares, afuera de la sala se escucha la voz del mexicano anunciar que todos los interesados en competir pueden hacerlo con su cédula de identidad, mientras que en la sala los competidores dejan atónitos a los jueces. Me acerco para, como dijo el ex marido de Mercedes Ducci, oír su voz:

-¡¿Qué están haciendo con los celulares?!

-Sí -complementa Jorge Tapia sorprendido-, uno escribió tres letras y luego nada más.

-En mi mesa, todos escribieron mal el mensaje y tuve que hacer una ronda más -agrega Fabiola.

Aclaremos que los mensajes que salen en las pantallas arriba de las mesas no son nada del otro mundo, son refranes del tipo: "Más sabe el diablo por viejo ", "Dime con quién andas ", o "Quien se acuesta con niños ". Entonces no debería haber dificultad en escribirlos, pero las hay y por eso los jueces, preocupados, se reúnen para analizar la situación.

-¿Y si les cortamos las cadenas? -propone Jorge, refiriéndose a las cadenas que atan los celulares a las mesas-. O mejor, les ponemos electricidad.

El resto de los jueces ríe. Al final se toma una sola decisión: en vez de que las tres mesas funcionen al mismo tiempo, funcionará una por vez. Todo sea por los niños. Para tener una opinión oficial, me acerco a Jorge Tapia y antes que nada le consulto si le pagan más por resolver estos entuertos.

-Me pagan un poco más por no responder esas preguntas -dice sonriendo.

A la ronda siguiente sorprende, esta vez gratamente, Dominique, estudiante de veinte años de la Universidad de Las Américas, quien destaca por sus dedos rápidos y quien a la postre será la ganadora de este campeonato. Ella sin duda no es ninguna analfabeta, o al menos no lo parece.

Un breve intermedio "tironesco"

Como el campeonato no es que digamos "qué bruto", salimos con Hoppe a la cancha a ver promotoras y a decidir cuál es la más rica. En vez de eso, detectamos a la que tiene más cara de loca y enseguida, medio aburridos, nos dirigimos al sector de prensa. Hasta allá nos conduce Gabriel. "Allá" en realidad es el paraíso que esperábamos: una frigobar con bebidas y unas tablas con queso, jamón, tomatitos cortados, guacamole, nachos.

-Pronto viene el sushi -anuncia Gabriel y luego cuenta que tiene una hija BMX abajo. Por "abajo" se entiende la cancha, donde BMX's también hacen sus piruetas.

Gabriel se va y con Hoppe nos sentimos como en un motel.

-Sólo falta el pisco sour -apunta riendo.

-No te pongái cariñoso -le recomiendo.

Al final nos quedamos contemplando las acrobacias y piruetas de la cancha, que se aprecian perfectamente desde aquí. Por fortuna aparece una periodista. Del sushi aún nada. La periodista nos interroga. Después de contestar, es mi turno. Me cuenta que trabaja para Tironi Asociados, la empresa comunicacional de Eugenio Tironi, miembro estelar del Comando de Frei.

-Bueno, y estamos aquí porque al parecer nos haremos cargo de una asesoría a Movistar -confiesa la periodista, que ausculta todo como cirujano, mientras yo pienso que luego de abandonar la asesoría a SalcoBrand había que agarrar otra empresa grande, ¿no, Eugenio?

-¿Y qué te parece este campeonato?

-Más o menos -responde con cara de inconformidad-. Hay cosas por ejemplo que no se hicieron bien, como enfocar comunicacionalmente todo a un nicho solamente. Vi a padres con sus hijos que se asomaban para entrar, pero al final se iban -añade observando las acrobacias de los BMX, skaters y motociclistas.

Retomando el pulso del torneo

De más está decir que el sushi nunca llegó, así es que de nuevo estoy en la sala del torneo, esta vez conversando con un "institutano de corazón", digo esto porque es un gordito que luce aún el uniforme del famoso colegio. Le deseo buena suerte, él dice que hará todo lo posible por dejar bien puesto el nombre del Instituto Nacional. A mí me parece una exageración, pues aquí ningún nombre puede quedar bien puesto.

Después de la ronda en la que el gordito institutano no ganará, una juez de culo rico le pregunta a Fabiola si le trae algo de comer, ella responde que no, pero que acepta algo de beber. Son pasadas las siete de la tarde y los jueces llevan cinco horas acá. Pero no hay tiempo para contemplaciones: viene ingresando otro grupo de dieciséis pendejos.

-Por favor no aprieten el "OK" del teclado, porque los remitirá a otra función -insiste Jorge.

En esta ronda hay un trío de skaters, que no prestan atención a las instrucciones y comentan lo raro del modelo del celular, lo loco del concurso, lo rica que está la Manuela, la única skater que está afuera junto a los demás.

-Las manos atrás -dice Fabiola.

-¡Las manos atrás! repite la jueza de culo rico. Como ven ahora son dos jueces por mesa, e incluso tres si contamos a Jorge.

El final de esta ronda es inesperado: dos de los tres skaters quedan entre los primeros lugares. Al salir con ellos me doy cuenta de que su pequeño triunfo ha sido un gran triunfo para el grupo que los aguardaba afuera. Al observarlos celebrar, recuerdo un ensayo de Hans Magnus Enzensberger sobre los analfabetos secundarios, que son tipos que saben leer y escribir, pero que en el fondo no leen bien, o más bien mal, porque están educados en otro formato, el de la tele. Ronald Reagan era un analfabeto secundario, según Enzensberger, pero también lo son estos pendejos y todos los que participan en este campeonato. Así es que no tengo otra alternativa que vestirme y salir: touch and go, porque esto sí que puede ser contagioso.

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