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Hechos y no palabras, gobierno de unidad nacional

La democracia habilita los sitios para trabajar las diferencias, sólo hay que evitar que la población compruebe que pese al dolor, no hay acuerdos porque no hay respeto.

Miércoles 10 de marzo de 2010| por BASILIO TORRES

Don Jorge Alessandri siempre decía hechos y no palabras, por ello el Presidente electo, que seguramente trabajará para constituirse en su heredero político, debería colocar como meta en este momento el logro de acuerdos reales con la Concertación, a fin de asegurar que los mismos tengan éxito. La experiencia vivida con la Presidenta Bachelet indica que la alternancia en el poder llegó para quedarse, porque es insuficiente hacerlo muy bien para lograr que el bloque político del Presidente herede el gobierno. De seguro por las grandes expectativas generadas a partir de sus grandes compromisos ante el país, en la ceremonia de nombramiento de sus ministros, el Presidente electo le regaló a cada uno de ellos un libro sobre los terremotos en Chile, probablemente como un anticipo de lo que podría ocurrir con su gobierno si se falla, o para indicarles que el cambio a lograr debe ser equivalente a un gigantesco sismo democrático.

En democracia gobiernan los bloques políticos que alcanzan el poder y lo hacen con las personas más preparadas tanto política como técnicamente. Sólo que ellas siempre están entre quienes respaldan sus políticas y apoyan su programa de gobierno. Ello cambia totalmente cuando estamos ante una emergencia nacional de proporciones como una guerra o un gigantesco terremoto.

El Presidente electo tiene la posibilidad de ser recordado como el Presidente de unidad si es capaz de construir un gobierno con el apoyo de la oposición. Para ello debe garantizar la integridad de esta última y no intentar dividirla, como buscó hacerlo al querer aplicar el modelo del Presidente Sarkozy de Francia, que terminó destruyendo al Partido Socialista francés, que gobernó Francia por largos años.

La integración de colaboradores de la oposición requiere la aprobación de esta última, seguramente por un tiempo acordado, dentro del cual por lo común se les debería ir pidiendo su renuncia a los cargos a las personas de confianza de la Presidenta Bachelet. Ello permitiría al Presidente Piñera contar con un elenco experimentado para enfrentar la tragedia que hoy vivimos y disponer de tiempo para elegir los mejores colaboradores entre los suyos.

Por cierto, al término del tiempo acordado las personas deberán obligatoriamente dejar sus cargos o ser confirmados en ellos, caso este último en el cual deberían pasar automáticamente a convertirse en funcionarios de la planta directiva profesional del Estado y, por tanto, quedar sujetos a la Ley del Servicio Civil.

El prestigio internacional de la Presidenta Bachelet y de sus colaboradores expertos son un capital importante en el exterior para continuar logrando las ayudas y los apoyos que el país requiere en el corto, mediano y largo plazos. Por ello sería suicida intentar dañarlos.

Por cierto, el mayor desafío será la autorización y logro del inmenso endeudamiento internacional necesario para financiar los 15 mil a 30 mil millones de dólares que se han perdido, logrando los recursos con las más bajas tasas de interés y a los máximos plazos. Sólo ello permitirá realizar una buena reconstrucción y tener la posibilidad de construir nuevas realidades. En esta materia, como en otras de gran importancia, se requiere obligatoriamente del apoyo de los dirigentes y parlamentarios de la Concertación para legislar rápidamente.

Posible error grave que debe evitarse: la reconstrucción demorará al menos todo el presente período de gobierno y nos necesitará a todos para cumplir con la tarea de levantar a Chile. Por ello, si el Presidente electo se deja llevar por quienes entre sus partidarios quieren sacar ventajas políticas y enfrentarlo con la poderosa oposición política que tiene, validada por 20 años de gobiernos exitosos, habrá cometido tempranamente el error más grave de su gestión, del cual no podrá salir él ni la Alianza durante los próximos cuatro años.

Por el bien de Chile, de su futuro y de su población, que sólo espera gestos de unidad y no de desunión frente a la catástrofe. La democracia habilita los sitios para trabajar las diferencias, sólo hay que evitar que la población compruebe que a pesar del dolor, no hay acuerdos porque no hay respeto, y los políticos jamás serán capaces de colocarse por sobre sus diferencias, aún en situaciones límite, destruyendo con ello la democracia.

* Basilio Torres Becerra, coordinador Grupo de Análisis

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