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  Gavilanes o palomas

  Desatadas las campañas, abundan las palomas y sus cuidadores. León se paseó por el Paseo Ahumada, el Parque Forestal, la Plaza Italia y dos rotondas del barrio alto para conocer quiénes son estos cuidadores. Algunos recién cumplieron los dieciocho años y están por convertirse en padres, otras son dueñas de casa, también hay exiliados que se vinieron a trabajar especialmente. En suma, todos hacen su labor por doscientas lucas o menos.

Domingo 22 de noviembre de 2009| por Gonzalo Len

Erich Fried fue un poeta austríaco. Hoy se cumplen veintiún años de su muerte y me acuerdo de él gracias a un librito que me compré hace poco y que se llama "Cien poemas apátridas". En él escribe: "Una democracia / en la que no pueda decirse / que no es / una verdadera democracia / ¿es realmente / una verdadera democracia?". En tiempos de elecciones uno suele preguntarse por el significado de democracia. De hecho, en una pared de Santiago Centro hay un rayado que me gusta mucho: "Si el voto diera poder, las elecciones estarían prohibidas". Por eso me sorprende el boom de palomas, carteles, "voluntarios" y cuidadores de todo tipo de propaganda. En Ahumada con Huérfanos, sin ir más lejos, están representadas las cuatro candidaturas presidenciales. Con algún recelo -ya que no voto hace diez años- decido acercarme a la mesa o stand de Marco Enríquez-Ominami (MEO). Lo hago por antigüedad, puesto que lleva aquí casi todo un año, primero recolectando firmas, luego consiguiendo apoderados y ahora haciendo campaña. La dirige Ernesto Medina, quien dice haber sido uno de los fundadores del MAS, el movimiento del senador Alejandro Navarro.

-Pero me fui cuando salió con lo de la AFP estatal sin consultarnos -cuenta.

-Bueno, ¿y cómo fue el reencuentro? Porque Navarro ahora apoya a Marco -apunto.

-A Marco lo apoya mucha gente y nosotros, los de esta mesa, somos un movimiento de ciudadanos. Nosotros fuimos los que le sacamos mil doscientas firmas diarias para inscribir su candidatura y nosotros, junto a otros dirigentes sociales, estamos propiciando un acuerdo que le diga no a la derecha en segunda vuelta.

Observo la mesa y contemplo una chapita en la que se lee "no doblar a la derecha" y al lado una estrella-alcancía, en donde la gente puede depositar dinero para ayudar a la campaña. Junto a Ernesto hay dos coquetas mujeres, que comentan lo guapo (una) y lo feo (otra) que es su candidato.

-¿Cuánto ganan? -pregunto.

-Nosotros nos autofinanciamos con el aporte de la gente -contesta Ernesto, serio.

Las otras familias

Al frente del stand de MEO se encuentran diez "voluntarios" de Sebastián Piñera. Ellos son los únicos que no cuentan con mesa. Obviamente no es por falta de dinero, sino que así, junto a la caseta de Carabineros de Chile, se sienten más seguros. Pía es su líder, pero al principio se niega a hablar, por lo que lo hace el más viejo del grupo. Sin soltar su banderita celeste, explica señalando un autoadhesivo en su pecho:

-Nos pagan tanto que hasta damos plata a la Fundación Regazo.

-¿Cuál es su horario de trabajo?

-Estamos desde las diez hasta las siete de la tarde y tenemos una hora de colación en la casa de un militante amigo. Además, cuando necesitamos algo, siempre hay gente que nos da cosas. Oye, ¿pero de dónde son?

-Vida Social de El Siglo.

-Ah, entonces van a poner que estamos con los torturadores y asesinos -advierte Pía.

-Buena idea -comento.

-Ya, vamos a dar una vuelta -ordena Pía, y el grupo avanza con desánimo por Huérfanos.

Cuando me quedo solo junto a Hoppe, aparece un peruano medio espía, que comienza a hablar sobre lo que los candidatos y especialmente Frei ofrecen. Pasados los minutos lo paro en seco y le pregunto quién es el candidato que asegura una mejor relación entre Perú y Chile.

-Piñera, porque ha dado empleo en su empresa -dice Sergio Arístegui-. Eso demuestra que es un hombre capaz.

Le recuerdo entonces que hay un candidato a diputado que apoya a Piñera y que ha declarado que los peruanos que no tengan su situación "regularizada" deberán regresar a su país. Don Sergio, enojado, responde la alusión a Cristián Espejo:

-Ese señor es un ambicioso, pero no es capaz.

Al parecer el límite entre capacidad y ambición es muy delgado para este peruano. Atravieso Ahumada y me instalo a conversar con la gente que apoya a Frei.

-¿Son familiares?

-No, somos del PPD.

Ah, mierda. Estos inocentes no saben que el PPD es una familia como las de Mario Puzo.

-¿Reciben alguna paga?

-Colación y locomoción solamente.

Bueno, como no quieren hablar sobre lo que ganan realmente, me voy al stand de Jorge Arrate. Ahí dos tipos me cuentan que son exiliados: uno viene de Francia, el otro de Austria. Ambos llegaron especialmente para ayudar en la campaña.

-Y nosotros compramos la mesa y el quitasol -agrega con orgullo el "francés".

Cuando quiero consultarle al "austríaco" si conoce a Erich Fried, el amigo más parlanchín repone sonriendo:

-Arrate, el candidato que le cruje el mate.

Los riesgos de la propaganda

Después de comprobar que la Plaza Italia, a diferencia de otras elecciones, está vacía de propaganda, continúo hacia el Parque Forestal. Por Andrés Bello observo decenas de palomas del diputado Alberto Cardemil. Hoppe quiere rayar un cartel con un plumón, pero le advierto que los cuidadores deben estar cerca, cual gavilanes. De pronto a la entrada del Teatro del Puente, justo antes del río Mapocho, diviso a tres jóvenes sentados junto a unas palomas apiladas. Cruzo la calle y me doy cuenta de que las palomas están averiadas. Los jóvenes en verdad son bien chicos. El líder tiene dieciocho años y anuncia que pronto será padre.

-Por eso viene bien la plata.

-¿Y cuánto es eso? -consulto.

-Más que el mínimo -responde el futuro padre.

Pero yo insisto, hasta que el de gorro dice que más de doscientos mil pesos, además de un bono por fin de semana, locomoción y comida. ¡Ah, mierda! El sueldo ético del que habla Piñera.

-Por ser, en cualquier momento -anuncia mirando un imaginario reloj- debería estar llegando la comida.

Suena un celular y uno de ellos, el que no habla, debe movilizarse para recibir lo que serán tres bolsas con la leyenda Piñera. Ahí habrá dos sanguchitos de queso y jamón y una bebida Fruna por persona.

-¿Han tenido algún problema con la propaganda? -digo observando los carteles apilados en el piso.

-La otra vez pasaron unos punkies y nos rompieron como veinte carteles.

El líder me muestra una pancarta con las cabezas recortadas de Cardemil y Piñera.

-Cuentan que anda un comando de cabezas recortadas.

Me acerco a la pancarta y leo la siguiente leyenda: "¡Yo voto por Rodolfo! Busca en Facebook".

Cuando los chicos se aprestan a comer, un ruido los interrumpe. Pero ni ellos ni nosotros le hacemos mucho caso, hasta que vemos a una señora rubia corriendo por Andrés Bello. Hoppe, al verla, le pregunta qué pasa.

-Mi espejo lateral de mi auto salió volando al chocar con uno de éstos -señala.

El líder de los cuidadores se inquieta y, al igual que nosotros, atraviesa la calle.

-Es de un Mercedes y el seguro no lo va a pagar

-añade la señora preocupada porque viene de la Vega, y su marido le tiene prohibido ir a la Vega en el Mercedes. Mala suerte la suya.

Los guardias municipales se aproximan a la escena. Al terminar de escuchar a la señora, ellos, serios, la tranquilizan:

-No se preocupe, señora. Nosotros vamos a tomar el procedimiento.

Al consultar quién debe pagar el millón de pesos que cuesta el espejo, la mujer contesta mirando la propaganda:

-Alberto Cardemil, supongo.

-¿Y por qué no Piñera? -retruco-. Total, en algunos aparecen abrazaditos.

Al final llega la caballería "paquística" y todo se soluciona… bueno al menos en apariencia.

Las mujeres de la rotonda

Al frente de la Clínica Alemana está la Rotonda Irene Frei, que está atestada de carteles de todos los candidatos a diputado: Rodrigo García Pinochet prometiendo junto a su madre "lograrlo otra vez"; Macarena Carvallo y su "radicalmente mujer"; el ex director general de Carabineros Alberto Cienfuegos diciendo que es el primero "en seguridad"; Cristián Monckeberg y su original "Piñera Presidente"; Ernesto Silva junto a Joaquín Lavín augurando "nuevas ideas", además de los carteles y palomas de Eduardo Frei y Sebastián Piñera; claro, porque aquí en Vitacura, MEO y Arrate brillan por su ausencia.

De entre toda la propaganda diviso a dos mujeres. Una luce una casaca roja que dice "Piñera", la otra está sentada y se ve cansada. Al acercarme con mi camarita amiga, la mujer de la casaca de Piñera sale huyendo, mientras que la otra ríe y se identifica como Elba.

-Yo cuido a… cómo es que se llama… ¡Cienfuegos!

Elba cuenta que es dueña de casa, que trabajaba de "colera" en una feria pero que se había quedado sin pega.

-Así es que esto me vino como anillo al dedo -agrega-. Además ganamos bien, o sea más que el mínimo, y me traen en auto hasta acá y también dan colación.

Elba dice que llega a las siete de la mañana y se va a las seis y media de la tarde.

-Yo miro esto como una pega en la que el jefe es muy simpático.

-¿Y por qué su colega se alejó entonces?

-Lo que pasa es que ella es tímida, pero somos bien amigas, comemos juntas, vamos al baño de la Clínica Alemana juntas, hasta recogemos los carteles juntas.

Cuando Elba llama a su amiga, ésta por fin aparece, pero pide por favor que no le tomemos fotos.

-¿Esta rotonda es tranquila?

-Sí, Lo Barnechea es más complicada, pero Vitacura es tranquila -concuerdan ambas mujeres.

Al divisar los carteles rotos, Elba comenta:

-Al parecer hay un comando que paga dos lucas por cabeza recortada.

Hago el ejercicio matemático y concluyo que, si ese comando existe, perfectamente podría ganar veinte o cuarenta mil pesos por día. Paso el aviso: quiero participar en él.

La carpa y la parrilla

Avanzamos unas cuadras hasta que llegamos a la Rotonda Lo Curro. Aquí también hay una plaza con propaganda y cuidadores, aunque aquí dos de ellos duermen. Cuando me acerco, uno despierta y pregunta qué pasa. Respondo con otra pregunta.

-Trabajamos para Ernesto Silva cuidando los carteles entre ocho de la mañana y seis de la tarde.

-Se ven cansados.

-Sí, lo que pasa es que es dura la pega.

Observo el pasto y diviso una improvisada parrilla a unos metros y luego una carpa de campaña hecha con propaganda. Pienso que no debe ser tan dura la pega como ellos dicen.

-¿Y con qué hacen el fuego?

-Con lo que encontremos.

Examino cual agente de CSI los alrededores de la parrilla y veo que hay un cartel roto de Rodrigo García Pinochet y en la parrilla dos palos de su propaganda. ¡Se ha perdido el respeto a los nietos de los dictadores! ¿Adónde iremos a llegar?

Al otro lado hay una mujer gruesa y morena que trabaja para Cristián Monckeberg. No quiere decirme su nombre, pero sí cuánto gana:

-Doscientas veinte lucas además de colación y locomoción. Los niños de Silva, en cambio, se tienen que venir por las suyas e inventar qué comer.

-¿Por eso la parrilla?

-La parrilla está de ayer nomás, pero se explica, ¿no?

-¿Y la carpa?

-La ocupa el niño de la noche. ¡Pobrecito! Bueno, nadie iba a pensar que a estas alturas del año iba a hacer frío.

Repentinamente me hastío de tanta propaganda y de sus cuidadores. Será porque no voto ni votaré en estas elecciones o porque para mí el voto no da poder, en verdad no sé bien. Lo único que sé es que en estas elecciones no se ha hablado de Chile, y eso me inquieta. Tal vez Erich Fried podría iluminarme nuevamente: "Quienes hablan de Chile / censuran / a quienes silencian a Chile / y quienes silencian a Chile / censuran / a quienes hablan de Chile". Las paradojas como ven aún siguen siendo de utilidad. //LND

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