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Lunes 6 de febrero de 2012| por Raphael Minder
Artículo sindicado desde nuestro medio asociado 
Parason ya los días en que diplomáticos y banqueros podían pasear por Ginebra sin preocuparse de que les robaran sus maletines. Los casos informados de robos contra la propiedad (incluyendo todo, desde billeteras a autos) aumentaron en 23% en 2011, sumando unos 61.000.
Pero, de hecho, las pertenencias de los 450.000 habitantes de la región de Ginebra podrían no estar mucho más seguros guardados en cajas fuertes en los hogares. La cantidad de irrupciones en casas subió el año pasado 20%, a cerca de 8.200 (un promedio de más de 22 por día), según cifras entregadas por la jefa policial de la ciudad suiza Mónica Bonfanti.
El incremento criminal ha sido tal que en el pasado verano europeo la oficina de turismo de la ciudad eliminó de su publicidad toda mención a Ginebra como un destino seguro. Describir a Ginebra como la ciudad lacustre segura y tranquila que fue una vez sería “engañoso, cuando no de hecho una mentira”, dijo Bernard Cazaban, vocero de la oficina de turismo.
Bajo presión para detener la oleada delictiva, las autoridades de la ciudad anunciaron recientemente cambios en el departamento de policía, sobre todo para exigir que sus efectivos dediquen más tiempo a patrullar las calles en lugar que hacer trabajos de papeleo en las oficinas.
Pero los cambios se han enfrentado a la oposición del poderoso sindicato policial, que el mes pasado inició una huelga parcial negándose a emitir multas por faltas de tránsito, entre inquietudes de que la reorganización podría empeorar sus condiciones de trabajo más que mejorar la eficiencia. Bonfanti, la jefa policial, mostró comprensión por el descontento entre sus tropas. “No creo que hayamos tenido alguna vez que trabajar bajo tanta presión”, dijo.
Sostuvo que, además de los delitos, la policía se ha visto también abrumada por una duplicación de la cantidad de protestas callejeras en el año pasado, la mayoría de ellas realizadas en los terrenos de Naciones Unidas y relacionados con los sucesos de la Primavera Árabe.
Además de impulsar la reorganización propuesta, ella sugirió que a su fuerza de 1.300 policías debieran sumarse otros 200 efectivos. Pero señaló que luchar contra el crimen requería también “cambios conductuales” en una ciudad donde la gente nunca tuvo que mostrar demasiada vigilancia.
Como un centro de la banca privada y una de las ciudades más ricas de Europa, Ginebra es un blanco obvio para los delincuentes. Pero otros factores también explican por qué Ginebra se ha convertido en la ciudad más peligrosa de Suiza, por delante de la mucho más grande Zurich.
En el tope de la lista está la geografía de Ginebra. Además de ubicarse en las costas del lago del mismo nombre, Ginebra está rodeada por una frontera de 105 kilómetros con Francia. Con la eliminación de los controles fronterizos bajo el acuerdo de Schengen, al que Suiza se unió en diciembre de 2008, las bandas criminales internacionales se han aprovechado plenamente de un acceso más fácil. Algunas bandas, que anteriormente operaban principalmente en ciudades francesas como Lyon y Marsella, han optado en cambio por Ginebra, pasando con frecuencia allí sólo el tiempo necesario para cometer sus delitos antes de escapar de regreso a Francia y su jurisdicción separada.
La cooperación policial y judicial entre Suiza y sus vecinos se ha reforzado, pero con limitaciones. Por ejemplo, bajo un acuerdo bilateral con Francia, la policía obtuvo la facultad de perseguir criminales en los respectivos territorios. Pero cualquier persecución automovilística debe ser abandonado tan pronto el vehículo perseguido salga de la vista directa del coche policial.
Ello restringió el año pasado esas intervenciones transfronterizas a cinco. Por su parte, a la policía de Ginebra le preocupa que los cambios hechos el año pasado a los procedimientos del código penal suizo han paradojalmente puesto obstáculos adicionales en su camino, sobre todo en el trato a quienes delinquen por primera vez.
“Cuando arrestamos a delincuentes que vienen de Francia, algunos nos dicen frontalmente que esperan mayor clemencia en Suiza que en Francia”, dijo Bonfanti. El fiscal público Yves Bertossa hizo ver que el código reformado hacía significativamente más difícil mantener a los sospechosos en detención preventiva. El cambio legal, agregó, fue “diseñado teniendo en mente una pequeña y tranquila ciudad suiza, no una ciudad como Ginebra”.
El problema criminal de Ginebra también ha generado inquietud en Berna, la capital suiza. La residencia en Ginebra del embajador de Suiza ante Naciones Unidas fue una de los cerca de 20 edificios diplomáticos que fueron asaltados en el último verano europeo. Desde septiembre, las autoridades ginebrinas y federales han estado negociando acerca de quién debiera pagar por una seguridad adicional. Mientras Ginebra quiere que el gobierno suizo aumente su contribución anual de 16,5 millones de francos suizos (unos 18 millones de dólares) al costo de garantizar seguridad a los 40.000 residentes vinculados a Naciones Unidas u otras organizaciones internacionales, Berna ha cuestionado que Ginebra haya gastado eficientemente los anteriores subsidios. Cualquiera sea el resultado de la negociación, Oliver Coutau, quien maneja los temas relativos a las organizaciones internacionales en el gobierno de Ginebra, afirmó que el problema de seguridad “no debiera dramatizarse”. A pesar de algunos asaltos armados a sucursales bancarias, oficinas de correo y gasolineras, sólo una fracción de los crímenes implicó violencia física. Por su parte, la más reciente encuesta policial entre extranjeros residentes en Ginebra, publicada en abril de 2010, mostraba que 92% de los encuestados recomendarían a familiares y amigos trasladarse a Ginebra. (…) Pero algunos prominentes residentes de Ginebra han expresado con mayor fuerza sus preocupaciones. George Koukis, fundador de Temenos, un proveedor de software bancario con sede en Ginebra con ingresos anuales de alrededor de 379 millones de euros, advirtió recientemente que estaba considerando trasladarse a otra ciudad tras sufrir el robo de dos maletas al bajar de un taxi. Koukis dijo que varios colegas también habían sido robados o asaltados hace poco. Guy Mettan, ex presidente del parlamento cantonal de Ginebra, dijo que probablemente tomaría de dos a tres años ver alguna mejoría significativa, porque “nuestros políticos fueron desgraciadamente demasiado lentos en reconocer la dimensión del problema criminal”. Aún así, predijo que los cambios en la aplicación de la ley mejorarían eventualmente la situación. “En términos de criminalidad, Ginebra está ahora por desgracia a la par, si es que no está por debajo, de otras ciudades comparables”, dijo; “pero esto no significa que la situación esté completamente fuera de control y que este lugar esté en vías de ser como Bagdad”.