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Miércoles 3 de marzo de 2010| por Luis Dimas
El viernes 26 fui a Concepción a actuar al Casino Marina del Mar. Un lugar precioso. Honestamente, hice uno de los grandes show que he hecho en mi vida. Cerca de dos horas en escena y un público increíble.
Volví al Hotel, no sin antes jugar unas manitos donde gané sus lucas, ya que el lugar de 5 estrellas estaba contiguo al centro de juegos... Me sobaba las manos pensando en el jacuzzi en la mañana antes de partir, en el baño turco, en la piscina y otros juguetes que no habría de disfrutar.
Pasada las 2 de la madrugada ya dormía plácidamente aunque afectado de un resfriado de verano que se iba acentuando. Cansadísimo. Soñaba que venía en tren y desperté porque el movimiento del "tren" se hacía muy rápido. La cama parecía la coctelera de un gran barman francés.
Así llegaron las 3:35 de la madrugada con la puerta, la muralla y el plasma que casi me cae en la cabeza antes de destrozarse. En fin, casi salgo disparado del cuarto piso donde estaba. La gente corría bajo gritos de angustia y dolor. Corrimos con mi acompañante Manolo Palma que estaba al lado de mi suite. Pasamos por el casino y con pena lo vi, minutos antes bello y ahora todo derrumbado. Pensé: "qué pequeños somos".
Salimos a las 4:30. Estábamos aislados y nunca vi tanto caos en mi vida. Vehículos por todas partes. Todos los puentes rotos. Tres horas nos costó salir.
Vi postas llenas de gente sin atención, mientras escuchaba al ministro de Salud por el radio diciendo que todos estaban siendo atendidos con prontitud. Cuando empezó la mortandad, según la radio, escuché que se estaba haciendo el catastro y evaluación... ¿Cuál evaluación si una vida se debe intentar salvar sin importar el costo?
Escuché que por ningún motivo habría tsunami y antes de llegar a Santiago hubo tres... No entiendo tampoco el error de la Armada. Lo cierto, es que hasta ayer y en muchos lados hoy se sigue evaluando y ya casi vamos en las mil personas muertas y no sé cuantas desaparecidas. El saqueo vergonzoso ya forma parte de ese lado repugnante de cierta gente en Chile, que, lamentablemente, es muy grande. Y no me hablen ahora de la desigualdad existente. Eso es crimen. Y llevaban horas. Aparte de plasmas, y cualquier cosa, llevaban containers de alcohol. Qué vergüenza ante los ojos del mundo.
Sin gasolina, cansados, transpirados, tensos, deprimidos, tristes por mi gente, con rabia al ver cómo se ensaña la madre naturaleza con mi tierra, llorosos, decepcionados al recordar que a Haiti se demoró 6 horas en estar listo un Jumbo y aquí tres días para completar la "evaluación".
Nos demoramos 18 horas en llegar a Santiago en donde también todas las entradas estaban impasables. En fin, tanto que decir. Me resta un pensamiento. ¿No estará Dios haciéndonos llegar su aviso de que cambiemos?... De que todo no es dinero, poder o trucos del sistema apegados a la demagogia, con lo mentirosos que somos amen de egoístas, y muchas veces somos solidarios sólo cuando hay televisión, o se saca un canje al samaritarismo más falso que los halagos de animadores y artistas a la tia Coty en Viña...
UNÁMONOS DE VERDAD, TENEMOS MUCHAS VIRTUDES, QUE PREVALEZCAN SOBRE LOS DEFECTOS, se los dice un ser plagado de lo último, que perdió un hogar por deslealtad, y que he tratado de enmendar.