
Domingo 7 de marzo de 2010| por DIEGO MOULIAN
Frente a cualquier acontecimiento de interés público -pero sobre todo ante sucesos de alto impacto que suelen monopolizar la agenda informativa por un largo período, como el reciente cataclismo que sacudió a Chile- una de las principales responsabilidades de los medios de comunicación es seleccionar, dentro de una realidad compleja y multifacética, aquellos elementos que ameritan formar parte de su oferta informativa y luego jerarquizarlos según su relevancia social y periodística.
TVN -el canal de todos los chilenos- hizo este ejercicio en su noticiario central del domingo pasado, apenas dos noches después que se había desencadenado la catástrofe. Ese día, 24 Horas abrió con una extensa nota acerca del saqueo de un supermercado en Concepción. Durante varios minutos, emitió imágenes de la turba que entró al centro comercial para llevarse comida, leche, agua, pañales, plasmas y lavadoras, mientras Amaro Gómez Pablos -que siempre está donde las papas queman- entre resoplidos y lagrimones, criticaba la acción de los vándalos y huía de las bombas lacrimógenas de Carabineros. Sólo después de esta secuencia, cargada de violencia, la estación pública empezó a informar sobre las consecuencias del terremoto y tsunami en las innumerables ciudades y pueblos devastados por la fuerza de la naturaleza: la capital de la región del Biobío, Talcahuano, Constitución, Talca, Curicó, Pelluhue, Curepto y un largo etc.
Los demás canales de TV -y también las radios y los periódicos- no se quedaron atrás. En las primeras jornadas post sismo, casi todos los medios de comunicación posicionaron la falta de orden público y la inseguridad ciudadana como la principal problemática que estaba afectando al país y, en particular, a las zonas más golpeadas por el movimiento telúrico.
Esta lectura de la realidad no era obligatoria ni ineludible. El terremoto y sus efectos, constituyen un fenómeno susceptible de ser abordado a través de diversos enfoques informativos que pueden hacer hincapié en distintas aristas: el drama de las personas que perdieron a sus seres queridos, la angustia de muchas familias ante los daños estructurales de sus departamentos, la responsabilidad de las autoridades por sus errores y atrasos en reaccionar, e incluso, el surgimiento de espontáneos gestos de hermandad entre las víctimas. Como señaló un participante en un debate del ciberespacio, la prensa podría haber encontrado muchos ejemplos de solidaridad entre los habitantes de Concepción si se hubiera dedicado a esa tarea con el mismo ahínco que puso en denunciar a los saqueadores y antisociales.
¿Por qué prevalece un tipo de énfasis noticioso en desmedro de otro? Sin duda, esto tiene que ver con el natural desenvolvimiento de los acontecimientos, y, por lo tanto, en estos días de un poco más de calma, priman en la pantallas de la TV los llamados a entregar ayuda y las campañas de beneficencia. Pero también hay variables relacionadas con la línea editorial de cada medio, que está determinada por condicionantes políticas e ideológicas, entre otros factores. Así, algunos consorcios periodísticos -como el que edita el autodenominado diario pop- no pueden evitar sentir nostalgia de nuestro pasado dictatorial apenas ven aparecer atisbos de desborde colectivo que pudieran poner en peligro la propiedad privada, que a sus ojos, constituye un valor fundante del orden social, el cual hay que salvaguardar, si es necesario, aplicando todo el rigor de la ley y la fuerza de los aparatos represivos del Estado.//LND