
Domingo 24 de enero de 2010| por Gonzalo Len / La Nacin Domingo
Difícil trabajar con este clima, pienso cuando cruzo la Plaza Yungay con treinta y cinco grados de calor. Pero no sólo me refiero a la temperatura, sino también al ánimo después de las elecciones del domingo pasado. No hablo aquí de "mi" ánimo en particular, sino al de algunos escritores y poetas, por no mencionar a periodistas, con los que conversé antes de llegar aquí. Curioso, pero lo que observé entre mis colegas fue "desconcertación": qué pasará, qué hacer: "¿Volver a la comisión de cultura del Partido Comunista es una buena idea, León?" o "Si la derecha me ofrece una pega, ¿debo aceptar?". El calor hace estragos en mi mente. Me confunde, así es que ahora con la lengua afuera observo a Sebastián Redolés, hijo de Mauricio, gritando "¿Quién mató a Gaete?". Sebastián es uno de los organizadores de la Fiesta del Roto Chileno y en este momento habla con la encargada de una murga, que al parecer ha llegado tarde.
Luego de asustar a la encargada de la murga y aceptar sus excusas, me quedo mirando a Sebastián y le digo que nos conocimos hace casi diez años, en un tren que nos conducía a una lectura de poesía en la Maestranza San Eugenio. Ibas sentado en las piernas de Claudia Reyes, le cuento, y él me para en seco, como agobiado:
-Sí, ya me lo has contado antes.
Desanimado y más encima con Alzheimer, ahora qué más podría pasarme. ¿Convertirme en un "lamebotas", como dijo Maori Pérez en su blog? Puede ser, las botas siempre han sabido bien, por lo que he visto en los monitos animados.
-Te voy a contar lo que sucedió en la mañana -anuncia Sebastián, con lo que me saca de mis cavilaciones-. Todos los 20 de enero vienen unos militares y le rinden homenaje al Roto Chileno y a la Batalla de Yungay. Pero como aquí hay una gran tasa de inmigrantes peruanos, decidimos interrumpir esta mañana la ceremonia militar y mostrar un lienzo que decía "Barrio Yungay celebra la integración, no las guerras entre hermanos".
A Sebastián ahora lo acompaña Claudio, que es más viejo y también "algo" más sabio.
-¿Les da lo mismo que el próximo año hagan esta misma fiesta con un Presidente de derecha? -inquiero.
-Personalmente a mí me duele bastante -confiesa Sebastián.
-Esta fiesta se viene realizando hace cien años, y lo importante es la autogestión, la participación ciudadana -repone Claudio.
Y en este punto, la pregunta surge de las entrañas de la plaza:
-¿Piñera es un roto con plata?
-No -responde Claudio, serio como toda la tarde-, él siempre ha sido de clase media alta. De hecho, su padre era profesional, cuando sólo una casta podía entrar a la universidad.
PAYASO, PERUANO, ALCOHÓLICO
Conozco a varias personas que viven o han vivido en el barrio Yungay: el Jacinto, el "Chico" Eduardo, el poeta Raúl Hernández, la Carola Ibarra y su ex marido, sin contar a los chicos del Centro Cultural Manuel Rojas o el Taller Azul Violeta. Debo confesar, sin embargo, que nunca me ha gustado el barrio. No sé, pero ese tono "especial" que posee no me gusta, prefiero Independencia y el barrio Maruri, por donde acontecen los libros "Cuando era muchacho", de José Santos González Vera, y "Las memorias del Baruni", de José Leandro Urbina. Pero bueno, aquí estoy conversando ahora con el "Feñita", a quien recuerdo como un experto sonidista pero que, como ven, está vestido de payaso. ¿Qué pasó, "Feñita"? ¿Acaso la Concertación te desconcertó?
-No huevón, trabajo de payaso -cuenta tratando de pegarse la nariz que compró por veinticinco euros-. En las poblaciones voy gratis, pero arriba, en los
malls, cobro bien. Soy como Robin Hood -concluye, y yo me doy cuenta de que los colores con los que está ataviado son los de Robin Hood, o eso creo.
-¿Y cuál es tu nombre de payaso?
-Como no se me ocurría nada, decidí ponerme "Feñita" pa' no perderme.
"Feñita" se despide, porque debe contactar a uno de los organizadores. Le cuento que hablé recién con Sebastián Redolés, pero él contesta que ya no está. Habla con Claudio entonces, propongo, y él ahora sí se aleja.
Como dije en un comienzo, hace calor, así es que para prevenir una deshidratación camino hasta un carro de jugos naturales, atendido por una pareja de peruanos. En verdad son dos los puestos, pero la pareja es la propietaria de ambos carros. Pido uno de piña. Está bueno.
-¿Cómo se llama usted? -digo.
-Frei -responde para mi asombro.
Recuerdo que Frei también es un nombre: Frei Betto, sin ir más lejos, es un teólogo de la liberación. Luego de unos segundos me entra la duda:
-¿Frei o Freddy?
-Freddy.
Sigo mi camino, por la ribera de la plaza, en donde hay varios puestitos con todo tipo de productos: poleras, aparatos eléctricos usados, mermeladas caseras, libros, chapitas y cigarros cubanos, completos. Al llegar a Libertad con Santo Domingo me detengo en un puesto que llama mi atención.
-Somos de La Nación Domingo -saludo.
-Nosotros somos del Club de Abstemios -contesta uno, con lo que desata risas.
-Mucho gusto -agrega otro, estrechándome la mano, las fotos no le hacen justicia.
Jorge, que es quien me ha reconocido, le explica a sus "compañeros" quién soy, y ellos exclaman un "aaahhhh". Hoppe, que para ser justos me ha acompañado todo este rato en monástico silencio, les pide a las mujeres una fotito.
-Pero están muy serias -se queja, y yo pienso que les falta copete.
Mientras Hoppe toma fotos, Jorge me explica que el Club de Abstemios es más antiguo que Alcohólicos Anónimos y que su labor es rehabilitar gente.
-¿Qué es lo mejor de ser abstemio?
-Andar lúcido -responde.
-Bueno, después vuelvo y les invito una cerveza.
LAS CHALLAS DE UN ROTO
Está por empezar la Corrida El Roto Chileno. Por un momento imagino qué hubiera pasado si se hubiese llamado Corrida del Roto Chileno. Hoppe, para mi sorpresa, quiere inscribirse en la carrera o cómo se llame, y ahí está, a metros del stand del Club de los Abstemios, conversando con los corredores que participarán en esta corrida y que, según uno de los jueces, no alcanzará los diez kilómetros. Yo lo observo desde el otro lado de la calle y aprovecho para hablar con Jimmy, un vendedor de challas envasadas.
-Antes vendía bolsas más chicas, pero me di cuenta de que gastaba mucha plata en plástico.
Imagino que no habrá sido tanta la plata despilfarrada. A fin de cuentas, las bolsas son baratas, a no ser que sean de cocaína, y éstas son challas.
-Entonces tú vienes a vender nomás -comento.
-No, a mí me gusta esto. Esta fiesta es una tradición, que quiero que incluso sigan mis hijos.
Aclaremos que las challas son una parte importante en esta fiesta, ya que en unas horas más la gente las soltará por los aires y habrá una lluvia de papel.
-Para ti, ¿Piñera es un roto?
-No.
-¿Y un roto con plata?
-No, porque anduvo en La Piojera y en las poblaciones por las elecciones
En el escenario ya han comenzado a tocar bandas, como La Quijotada, Admapu y Chaleko. Un animador, que ya no es Sebastián Redolés, sino otro, precisa el carácter latinoamericano de esta fiesta y enseguida manda un saludo a Álvaro Hoppe y a mí, anunciando además que el domingo saldrá esta crónica, cosa que me provoca pudor y me hace sonrojar.
El calor se está yendo lentamente y en la plaza las cervezas y el olor a marihuana se multiplican. Tampoco son tantas las cervezas y el olor a pito a decir verdad es casi imperceptible; sin embargo, eso basta para darme la sensación de haber vuelto a la universidad, etapa de mi vida que no volvería a repetir por nada del mundo. Quizá ese sea el motivo del por qué el barrio Yungay no sea de mi predilección, lo veo como una universidad abierta. Quiero irme, pero como siempre algo me detiene: el jolgorio, la plaza, los árboles, las minas ricas y con diferentes tatuajes, unos chicos vestidos como ninjas, esos idiotas lanzándose agua como si fueran niños, la semifinal de rayuela, el libro "Rayuela", de Cortázar, que nunca he leído por prejuicio. En fin, algo me impide irme.
ENCUENTRO CON UN NOTABLE
Confusión, insisto, es lo que he notado en varios colegas escritores. Algunos piensan o escriben sin pensar: dicen que nada ha cambiado, que lo que sucedió el domingo pasado es lo más parecido a un duelo entre la Universidad de Chile (Frei) y Colo Colo (Piñera) y que ganó el "Colo" con un gol que no supo remontar la "U". Pero para mí una elección presidencial no es un partido de fútbol, hay más cosas en juego.
Borges escribió al menos dos cuentos que son una cita a "El duelo", de Joseph Conrad. En "El otro duelo" el escritor argentino narra la historia de dos compañeros de armas que son apresados por el enemigo. Al saber de su enemistad, el capitán a cargo les dice: "Les tengo una buena noticia; antes que se entre el sol van a poder mostrar cuál es el más toro. Los voy a hacer degollar de parado y después correrán una carrera. Ya sabe Dios quién ganará". ¿Se imaginan si Frei y Piñera hubieran dirimido de esta forma quién ganaba la elección? Mejor será no pensar en ello y continuar dando vueltas por la Plaza Yungay y observar el Monumento al Roto Chileno. Fue así, tal como surgen los imprevistos o los accidentes, que nos encontramos con el sociólogo Tomás Moulián, quien primero saluda a Hoppe. Entendible, él es más viejo.
-Vine porque vivo cerca -explica después de saludarme y luego dando un vistazo agrega-: Está bien esto.
-Oiga, ¿le gusta esto? -consulta Hoppe, exhibiendo sus challas.
-No, las challas son lo más infames que hay -contesta.
Hablamos entonces del "Roto con plata", y Tomás Moulián se nota muy informado de lo que pasa. Sin embargo, la conversación se ve interrumpida por un par de ex alumnos que lo saludan y por Hoppe, quien insistente vuelve a preguntar:
-¿O sea que no le gustan las challas?
-No.
Hay "no" y "no". Está el no del plebiscito de 1988, el no a Frei en 2010 y el no de Moulián. Algo particular tiene esto de negar, si no pregúntenle a Judas. Tal vez por eso decido negarme a seguir dando vueltas, a observar a la gente extasiada, a tomar notas. Este "no" repentinamente me convierte en un "negado" y por eso termino esta crónica en este punto.