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  El erotismo mañanero en el centro de Santiago

  Ya son parte de nuestra cultura. Hablar de los cafés con piernas dejó de ser un tema tabú, a pesar de que pocos admitan que los frecuentan. Cuando una gran cantidad de santiaguinos comienza sus labores, otro porcentaje no menor de hombres pasa, antes de la pega, a estos lugares que desde las 7:30 de la mañana ya están sirviendo capuchinos con cover cariñoso. LND consultó a expertos y deambuló desde temprano por algunos emblemáticos cafés, conociendo la verdadera mañana caliente en verano.

Domingo 14 de febrero de 2010| por Jos Morgado

Son las 9:30 de la mañana. Salgo pensando en que los cafés con piernas, lugar asignado para realizar mi reportaje, deben estar cerrados o recién empezando sus calientes labores. En el camino hacia la Galería Alessandri, conocida por sus cafés (no precisamente por la calidad del brebaje), me encuentro con varios de estos locales. Me llama la atención que en pleno Santiago Centro y a plena luz del día estén con sus puertas abiertas, sus vidrios no sean polarizados y el erotismo brote a borbotones. Minutos más tarde, luego de hablar con Nicol, una chica de un verdadero café con piernas, me enteraría de que estos locales están a plena luz del día porque son de media pierna, algo así como la diferencia entre el softporn y el porno.

A través de otra sexy chica del Café Haití me entero de que, a partir de las 7:30 de la mañana, están en pleno funcionamiento para remover hormonas y encender ánimos. Los clientes lo saben y aprovechan su oportunidad para comenzar el día con gestos incondicionales de cariño, aunque sea tomando sus desabridos capuchinos de pie, mirando mujeres en mini falda en vez de hacerlo sentados, con la tranquilidad que amerita beber el primer café del día. Me quedo un rato mirando, y a medida que pasan los minutos la temperatura de la capital, junto con la cantidad de gente que entra a los locales, aumenta. Me pregunto si tienen alguna relación.

Llego finalmente a la Galería Alessandri, lugar donde está ubicado el Alibabá, local que según varios comentarios de la página Lalogia.cl, que alberga a los "cafeteros" de corazón y con experiencia en el tema, es conocido por su "buena atención".

Rápidamente me doy cuenta a qué se referían con buena atención. La imagen es la siguiente: 14 hombres, en su mayoría de cuello y corbata, parados como rocas mientras las cinco chicas, que se turnan para satisfacerlos a todos, les hacen un perreo personal directo a sus entrepiernas. El reggaetón se escucha fuertísimo y la poca luz es acompañada de tenues luces de neón que le dan un toque de clandestinidad a la situación.

Miro la lista de precios. Los cafés y bebidas fluctúan entre los mil y los dos mil pesos. Con luca, auspiciada por el diario, compro un café express (admito que no me gusta el café y hubiera preferido una bebida, pero me obligo, pues no vine a una "bebida con piernas"). Da lo mismo el sabor, uno no se puede concentrar mucho cuando tiene un culo de grandes proporciones tapado por un ínfimo colaless brillante a dos centímetros del vaso. Nicol, la rubia de rostro atractivo, pero de cuerpo menos escultural que otras de sus colegas, me saluda con un beso por cada mejilla. Igual, no me pesca mucho. De entrada, funa mis aspiraciones de parecer alguien de trabajo y poder: "¿Dónde estudias?", me pregunta. Como no vengo de terno, debe imaginar que no tengo mucha plata. Tiene razón. Le hago un par de preguntas ridículas (¿qué cosa se puede conversar cuando la otra persona está con un hilo dental y los pezones al aire?) y me entero de que el carrete acá "empieza como a las 9, o algo por ahí". Me dedico a observar este submundo, que a las 10 de la mañana ya tiene un flujo importante de hombres de entre 30 y 45 años. Unos entran nerviosos, otros entran cancheros, se sienten dueños de casa. Me fijo que uno de los que se retira, luego de recibir un largo baile tipo koala, sale tapándose sus partes pudorosas con un bolso.

Luego de ver cómo una misma chica era capaz de mover con el mismo ímpetu sus desnudas caderas, yendo de un hombre a otro, al estilo del jugador de ajedrez que hace un movimiento por cada tablero de su fila de oponentes, decido ir a otro café que es del mismo estilo: el Café Paraíso.

El nombre es pretencioso, lo cual aumenta mis expectativas de ver algo paradisíaco. En su interior veo un decorado más lindo que el de Alibabá, pero considerablemente más pequeño. Allí hay dos mujeres. Una morena en colaless rojo, y otra rubia con un pantalón blanco bien particular: le cubre la totalidad de sus piernas, excepto el trasero. Ambas están "vestidas" con merengue y pelotitas dulces de colores en sus pechos. Hago el mismo trámite de comprar un expreso, que también sale luca, y la morena me saluda con el mismo estilo de un beso por mejilla. Es mucho más cariñosa, hace que uno (que no acostumbra estar tan temprano viendo mujeres desnudas) no se sienta tan incómodo. De inmediato le pregunto: ¿Y eso no se te sale? Apuntando a su exótico minibikini de merengue. "No sé, mira", responde sacando con su dedo índice un poco de merengue de sus "calla-guaguas" (como se les conoce popularmente entre los hombres).

Mal no lo estoy pasando. Mientras veo todo este show, pienso en lo que estarán haciendo otras ocho millones de personas de Santiago, muchas de las cuales deben estar empezando su día, regando sus antejardines, tomando sus desayunos con cereales Corn Flakes y jugo natural… Bueno, nunca tanto, pero en ningún caso viendo esta particular escena. En Paraíso la cosa es un poco más relajada, no hay tanto baile pélvico, sin embargo, algo llama mi atención. Un tipo joven, talvez de 25 años, entra con cara de malicia. Somos cinco en el local y se nota que este último no vino precisamente porque necesitaba cafeína para empezar el día.

No alcanzo a escuchar la conversación, porque el hombre se fue a la esquina con la morenaza. El trámite fue corto, se tomó el café como si fuera un golpeado de tequila y se borró del lugar. La mujer se devuelve y le comenta a otro cafetero: "Hay hueones que tiene cero sutileza pa' mirar, caché altiro que éste quería otra cosa. Además dejó 300 pesos de propina", dice antes de soltar una carcajada. Aprovecho el desliz, y decido irme sin dejar propina, no por la mala atención, sino porque no puedo justificar este gasto en el diario. Son las 10:30 y Santiago ya tiene ese calor insoportable. Ya en el mundo real, veo a todos los transeúntes yendo de un lado a otro, aguantando estoicamente la alta temperatura.

El mundo cafetero

Luego de la experiencia in situ de una mañana por los cafés con piernas, descubrí un grupo nuevo, con terminología y códigos propios. Los "cafeteros", como se denominan, se dedican a escribir sus proezas, sus tips y todo lo relacionado al mundo de los cafés con piernas en el foro Lalogia.cl. En el sitio, que está dedicado a diferentes temas eróticos, el foro de los cafés con piernas es uno de los más visitados, con 192 temas y 3.419 mensajes tales como "soy un cafetero que ya lleva 15 años por este medio", "estoy recién cafeteando y me gustaría aprender algunos trucos" o "Tatiana se retira del cafeteo, una pena, por su belleza y simpatía".

Don Gabo, moderador general del sitio, prefiere mantener su nombre real en secreto y no dar muchos datos sobre los cafés "kiltreros", que cuelgan de la delgada línea de lo legal, para no funar los sitios predilectos de los cafeteros. Sin embargo, explicó a LND que el éxito de estos lugares se debe a "que somos muy calientes, y el sistema de locales ha sabido captar la mejor manera de atender a los califas. Son piolas pa' que no te cachen, te atienden como amiga con ventaja, el consumo es económico y se pasa bien".

Según el sociólogo de la Universidad de Chile, Klaudio Duarte, la afluencia de estos lugares a tan tempranas horas de la mañana se debe a que "el horario de las 7:30 permite cierta clandestinidad en el traslado entre la casa y el trabajo. Para aquellos hombres que lo hacen a la par de mantener sus vidas en familia, esta posibilidad permite mantener el anonimato". El académico es tajante en señalar que, además de la clandestinidad que permite el horario, "el sexo no tiene hora. A quien le gusta ir a los cafés con piernas, ir en la mañana, la tarde o la noche, le da lo mismo".

Ahora se me vienen a la mente las caras de contentos con las que se iban algunos cafeteros, muchos de los cuales tenían que esquivar los efusivos besos de despedida de las señoritas agradecidas por las propinas que, en general, son de dos mil pesos después de un personal y acalorado baile (toqueteos varios incluidos).

El sexólogo y magíster en Psicología Clínica, Mauricio Salas, explica que esta escapada mañanera produce el "placer de estar en lugares semiocultos con mujeres jóvenes por poco dinero". Salas aclara que esto es parte de "una pulsión libidinal y atracción de objeto de deseo en contexto erótico, con una alta rutina diaria, que además se encuentra a la vuelta de la esquina".

Duarte aclara que estos lugares se convierten en una especie de "no lugares", pues "es un espacio que está dentro de la ciudad, pero es un 'no lugar' al mismo tiempo. Si tú estas en la micro, y empiezas a darte besos con una muchacha, vas a ganarte la reprobación de todo el mundo. Mientras que en ese espacio, al interior del café, está permitido".

Según la mirada del sexólogo Mauricio Salas, la gente busca satisfacer la "necesidad de mirar mujeres jóvenes provocativas porque los seduce la idea del erotismo lujurioso, el voyerismo. Eso genera endorfinas y con ello, adicción, todo dentro de un espacio público donde te piropean y te preguntan cómo está "don X". Todo este ambiente permite controlar la frustración masculina oculta de la vida cotidiana". //LND

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