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Domingo 7 de marzo de 2010| por Gabriela Garca
Vio que el mar se recogía, pero en lugar de huir y gritar como la mayoría de los habitantes del actualmente devastado sector de La Pesca, el Presidente del Sindicato de Pescadores, un viejo de 60 años, se encaramó a treinta metros del suelo y tomó platea. Como el Capitán Ahab de la novela "Moby Dick", poseído por el furioso latido de la naturaleza, contempló estupefacto las marejadas que minutos después alcanzaron los 15 metros, barrieron con todas las costas de Iloca, entraron 10 kilómetros y se llevaron todas sus pertenencias.
El caso del tipo que se sentó a meditar frente al cataclismo todavía impacta a Emilio Sutherland, quien interrumpió sus vacaciones en Maitencillo para cubrir la tragedia. "A sangre fría, el hombre se quedó esperando las olas. Pudo haber muerto, escuchó gritos de auxilio, pero él estaba decidido a ser testigo presencial del tsunami", relata sorprendido el periodista de Canal 13, que también reflejó el drama que el sismo ocasionó en otros puntos del Biobío. "Es realmente impresentable ver que construcciones nuevas se hayan caído y todo por un relajo en las normas de construcción", agrega uno de los tantos reporteros que salieron con lo puesto a contar historias, poniendo el hombro y el micrófono al servicio de los damnificados, perpetuando las secuelas del cataclismo. "Sólo puedo decir que los calcetines se quedan parados cuando me los saco", dice, porque sin agua y luz, con suerte los profesionales han podido despachar.
Acerca de esa inyección de adrenalina que recibió el periodismo in situ y el valor que adquirieron los medios de comunicación, el profesional lanza flores para la Radio Biobío. "Fue la única que se mantuvo al aire en medio de la destrucción. Su labor te hacía sentir orgulloso del gremio, porque no sólo ayudaron a la comunidad a saber de sus seres queridos, sino que fueron los primeros en gritar sobre la necesidad de agua y comida en lugares aislados", recuerda Sutherland.
Con imágenes de las zonas críticas durante las 24 horas, hasta la pantalla chica se olvidó del rating, según coincide el periodista con su colega Carola Urrejola. "Esta vez la medición pasó a segundo plano. Es una frivolidad hablar de números cuando hay gente que ha perdido todo", afirma.
VERDADES QUE DUELEN
Lo que sí cobró importancia en cambio, o por lo menos en la estación católica, fueron los límites de la ética. Pues según Sutherland, aprendieron a informar con mesura. "Uno se autoimpone algunos porque en este momento es muy fácil provocar alarma pública. Estamos vulnerables y eso se notó más que nunca cuando se dio la alarma fallida del segundo tsunami en Concepción. Pero por otro lado, tú piensas internamente, que es mejor que sobren las alertas que falte una y cobre millones de vidas", reflexiona quien reconoce haber ayudado fuera de cámara a una señora que cargada de mercadería robada se cayó desde una escalera, quedando fracturada de pies a cabeza.
"Era impresionante ver tarros de alimento botados en la calle porque no le cabían más en las manos a los saqueadores, versus esa gente honesta que pese al dolor te ofrecían una taza de té", afirma sobre las dos caras de un Chile que cambió de golpe.
"Más que límites hemos aplicado el sentido común. Si bien hemos estado presentes en rescates de cadáveres en Pelluhue, se ha decidido no mostrarlos por respeto a sus familiares. Es necesario chequear la información antes de lanzarla porque generas conmoción, así como equilibrar el saqueo con gestos de solidaridad. Es real y fuerte ver a un militar pateando en el suelo a un ladrón, pero no debes dejar de tener tino", expresa la profesional.
Dilemas que al colega de la competencia Amaro Gómez-Pablos lo tienen sin cuidado. "No hago distinciones entre lo que es ser profesional y persona. Me pasa en la guerra como acá, si hay una persona que se destripa por una esquirla la voy a ayudar. Hasta dónde mostrar también es un falso dilema para mí. Porque si bien tratas de representar la realidad lo más justa posible, se trata de actuar con humanidad. No he sentido presión alguna porque creo que ha quedado en evidencia que organizaciones como la Onemi desencadenaron una serie de incompetencias", dice convencido quien todavía no comprende la violencia social que causó la hecatombe. "Me he encontrado con colegas que no veía desde el inicio de la guerra en Afganistán, otros que conocí en Haití y todos estaban desconcertados con la violencia cívica que demostró tener nuestro país, con nuestros valores este terremoto ha asomado muchos fantasmas. Y no tienen que ver con cuan holgado es el bolsillo. Nos comportamos como aves de rapiña en las ciudades. Y es muy fácil hablar de la mala distribución del ingreso. No digo que no es un tema sensible, pero en Haití yo no vi la magnitud de la violencia que observé acá, tampoco la vi en Katrina. Había hechos aislados, pero no miles de personas como tomándose la bastilla", confiesa embroncado.
CIUDADES BESTIALES
Buques pesqueros por doquier, containers a la deriva y negocios completamente saqueados son la postal que Amaro Gómez-Pablos contempla al momento de esta entrevista en Talcahuano.
Conmovido, el reportero de TVN cruza los dedos para que el combustible le alcance hasta Dichato, una zona brutalmente embestida por el cataclismo, dolorosa y lejana, pero con una dignidad del porte del Everest. "Me gusta porque vi algo que necesitaba ver: pese a la destrucción, es un lugar que se mantuvo solidario. Allá no hubo robos sino olla común, albergues bien organizados, familias apiñadas en carpas y banderas flameando. Es algo que deja en evidencia que la dignidad del pueblo chileno está en las zonas remotas", cuenta el periodista que desde el día de la tragedia viaja en su propio jeep, acompañado de un camarógrafo, un saco de dormir a prueba del frío y una hamaca en la que duerme poco y piensa mucho. "¿Cómo es posible que la suerte de millones de chilenos dependa de si hay tinta en el cartucho de un fax? ¿Dónde están los operativos de seguridad, qué va a ocurrir con las familias de los buques pesqueros que en tiempos normales ganan 200 mil pesos y hoy no tienen nada?", se desvela Amaro. Desgaste emocional inevitable que sólo mitiga la sonrisa de esa señora que gracias a la televisión logra dar con el paradero de su hijo. "Cuando se está en terreno y se pueden canalizar ayudas, la satisfacción moral es muy fuerte. Porque además aplacas la ansiedad de personas que están lejos de estas localidades y que quieren saber cómo están sus seres queridos", revela.
Lo mismo opina su colega de Canal 13 Carola Urrejola, desde un Concepción aterrorizado por las réplicas, edificios al borde del derrumbe, propietarios que despiertan del shock y se organizan para tomar acciones legales contra los responsables del desplome del condominio Alto del Río y multitudes que se toman las calles después de levantado el toque de queda. "Esta catástrofe ha demostrado que el periodismo no ha muerto. Pese a que el escritorio y la investigación por internet son vicios que sin duda vamos adquiriendo todos, en esta vuelta, el reporteo es todo. Para mí ha sido muy gratificante", confiesa la periodista que sólo el martes pasado pudo darse una ducha y que cuando se apaga la cámara oficia de cocinera para su aperrado equipo.
RÉPLICAS
Fue en uno de esos ratos muertos. En Talcahuano a Carola se le acercó una pareja que buscaba desesperada a su hija, la cual en el momento de la tragedia se encontraba en Temuco. "Recuerdo que estaban velando a la madre y la suegra del superintendente de Bomberos y que ellos lloraban desesperados por un celular. Entonces les pasé el mío. Escuchar que lograron comunicarse fue como haberles salvado la vida", comenta la reportera que vivió el terremoto en Viña del Mar y que pasó de los despachos festivaleros a imágenes dominadas por la desolación. Cambio de switch que inevitablemente la pantalla chica realizará otra vez, porque Canal 13 ya ha anunciado el estreno de su teleserie "Feroz". "Es lógico que la televisión continúe con su programación habitual, pero también representa un desafío para los medios no olvidarse de estas personas que tienen una reconstrucción dolorosa y larga por delante. En ese sentido, este terremoto nos dejó lecciones a todos", afirma Urrojola.
Parecido piensa su compañero de canal Emilio Sutherland, que al momento de esta entrevista ya venía viajando de vuelta a Santiago. "Es necesario volver al circo. Para la salud mental, para que la tristeza no nos agobie", cuenta el periodista que tiene experiencia en desastres volcánicos y en sismos anteriores, como el que asoló a El Salvador.
El análisis, sin embargo, para Gómez-Pablos es algo que no se puede dilatar. Y aunque cree que es natural que el terremoto ya no ocupe las 24 horas de sintonía, debe seguir siendo noticia. "El remezón nos ha calado fuerte y es una cicatriz que seguirá abierta mientras no se examinen las responsabilidades y los problemas que implicó en términos sociales. Esto es una bofetada al país de winners que nos hemos contado, es hora de descartar esa arrogancia exitista, de recalibrarse", señala quien no puede dejar de volver al recuerdo de esos padres que aferrados a las manos de sus hijos fueron embestidos por las olas. "Me imagino el momento en que ya no pueden aguantar y tienen que destrenzar sus manos de los dedos de su hijo y éste se va a la deriva", suspira. LCD