
Domingo 7 de marzo de 2010| por Gonzalo Len
Son cerca de las 11 de la mañana y un sujeto arriba de un camión que dice Onemi -para los que no saben, Oficina Nacional de Emergencias- le comenta a un operador de una grúa horquilla que intenta cargar unas cajas de cartón embaladas:
-Dile al jefe que compre un par de paletas nuevas.
-¿La pongo de lado? -replica el operador.
-No, derecho no más.
Pienso en las cajas de cartón y en la cara que pondrán los damnificados al ver que les han llegado después de mucho tiempo cajas. Pero como en los desastres no hay tiempo para pajas, enfilo hacia la entrada principal de la Onemi.
Al detenerme en recepción un tipo canoso se me adelanta. Lleva una chaqueta de la Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (ECHO en sus iniciales en inglés, ¿o será en francés?). El tipo dice que viene a una reunión. Lo hacen esperar un segundo, y yo aprovecho para consultarle si pasó el terremoto acá.
-No, llegué ayer después de una larga triangulación que partió en Nicaragua, siguió por Panamá, Ecuador, Argentina. Ayer finalmente llegué por tierra, en bus.
Como decía Juan Pablo Donoso, quien pasó el desastre en Talcahuano, "muy interesante, pero a mí no me interesa", así es que sigo de largo, hasta que me topo con un pasillo en el que hay fotografías de distintas tragedias: inundaciones, terremotos. Debajo de las fotografías hay un periodista de Radio Bío-Bío durmiendo, según sé está cansado, porque se levantó a las cinco de la mañana. Justo al frente de él, que a estas alturas ronca un poquito, está la sala de prensa en donde están todos los periodistas que observan como atontados un televisor. Entre ellos están figuras ilustres como Pablo Honorato e Ivette Vergara. Pero lo más curioso de todo es que la sala se llama La Réplica. Pienso en los terremotos de La Piojera y me da sed.
Pablo Honorato sale un momento, toma un diario, creo que es La Cuarta, aunque me puedo equivocar, y pasa hojas hasta que llega a la mina pilucha o con poca ropa. Ahí se queda un buen rato, hasta que el gordito de Radio Bío-Bío despierta y le arma conversación, mientras los funcionarios de la Onemi entran y salen del Centro de Alerta Temprana, que está a un costado de La Réplica. En un minuto alguien detiene a una funcionaria y le pregunta en qué está.
-Redactando informes, informes y más informes -responde la mujer.
-Ah, ¿y habrá una actualización del número de fallecidos?
Los milicos de Riesgolandia
Han pasado más de 20 minutos y Hoppe recién viene ingresando. Me cuenta que lleva rato afuera y que me ha estado llamando; sin embargo, aquí no hay señal, o sólo para teléfonos Entel. Como Carmen Fernández, la directora de la Onemi, fue profesora de Hoppe en Uniacc le digo:
-¿Acaso tu "profe" no te contó que aquí no había señal?
-No -asegura encogiéndose de hombros.
Me gusta la Carmen Fernández y su tonito de voz de fumadora. Lamentablemente ahora anda en Concepción, o eso dicen. Además intentó enseñarle a Hoppe, quien ahora que lo veo bien es como un cabro chico: se fascina fácilmente, así es que comienza a sacarle fotos a las fotos de los desastres, mientras yo me quedo mirando un diario mural en el que hay una especie de metrópolis llamado Riesgolandia, cuyo lema es "aprendamos jugando cómo prevenir desastres". Pese a todo lo que se ha dicho, no sé cómo se pudo haber prevenido un terremoto y un posterior tsunami. Lo gracioso de Riesgolandia es que consiste en ir sorteando desastres, que se muestran como casillas en un tablero, casillas que son inundaciones, erupciones volcánicas, terremotos y aludes. En el fondo Chile es Riesgolandia y por primera vez me doy cuenta de que vivimos ahí y no en Chile como creemos.
-Mira -dice Hoppe indicando una grieta en el pasillo.
Como ya la había visto, no le presto atención y salgo afuera. Rodeo La Réplica hasta que llego a una oficina en donde hay puros milicos y "ratis". A través de la puerta abierta parecen debatir sobre la realidad del país, pero perfectamente pueden estar hablando de otras cosas. Me acerco más y justo un coronel del Ejército en traje de campaña abandona la oficina.
-¿Cómo está tu familia en Curicó? -pregunta a través de su teléfono celular.
El militar ahora escucha con atención y luego prosigue:
-¿Tenías una casita en Pelluhue? Pucha, ¡qué lástima! Bueno, nosotros aún no nos comunicamos con mis suegros en Cauquenes.
Al percatarse de mi presencia, el coronel reingresa a la oficina, pero tras él, se asoma otro, que eso sí no usa traje de campaña. Un cabo con cara de sueño llega y le entrega un notebook.
-Gracias, cabo, ¿y están listos los lentes?
-Sí.
-¿Y por qué no me los trajo?
Parece que están en el intermedio, porque ahora sale el coronel del aire Manuel Soto, quien me cuenta que lleva acá desde el sábado, con dos oficiales más rotando en tres turnos.
-¿Todo bien en su familia? -consulto.
-Sí, todo bien. Aunque le confieso que ni siquiera sé si pasé susto, porque en la casa habían 25 amigos de mi hija que venían de Punta Arenas.
Las moscas de Ivette
Las caderas de Ivette Vergara se ven mucho más anchas que cuando animaba ese programa infantil en TVN. Su rostro luce más maquillado que el resto de los periodistas. Sin embargo, lo que a ella le llama la atención es lo mismo que a mí: la cantidad de moscas que revolotean por todas las dependencias.
-Parece que nosotros no somos los "apolillados" -lanza ella al viento-. Hay un asunto serio con las moscas, pero si miren: hasta Raid hay en la mesa.
Intento tomar una Coca-Cola, pero las moscas me lo impiden. Luego Ivette intenta dar un despacho en directo, pero la llegada de la Hillary Clinton a nuestro país lo frustra para siempre. ¡Pobrecita!
Cuando la ex animadora abandona La Réplica le pregunto su opinión breve por esta tragedia, pero ella se extiende y dice que lo que más lamenta son las pérdidas humanas. Bueno, al menos Ivette es normal y no se comporta como esa gente de televisión que parece importarle más la propiedad que la vida.
-Mi marido tiene familia afuera y contaba que todos los canales internacionales alertaban ante la posibilidad de un tsunami, pero acá lamentablemente no se tomaron las medidas -asegura la mujer de Fernando "Solorrabieta".
-En ese sentido, ¿hubo irresponsabilidad de parte del gobierno?
-Yo creo más bien que ha habido descoordinaciones entre las autoridades y la Onemi -asegura como si creyese que la Onemi es una ONG y no una oficina que depende del Ministerio del Interior.
-¿Qué opinas que el terremoto le haya tocado a Bachelet y la reconstrucción le vaya a tocar a Piñera? -consulto inocentemente.
-Ojalá mucha gente que está en el gobierno de nuestra Presidenta se quede y se trabaje más allá de los partidismos.
-¿Con unidad nacional?
-Sí.
Sabía que, como aseveró el mismo Piñera "el terremoto no estaba en nuestro programa de gobierno", a la larga el único favorecido iba a ser él y su famosa unidad nacional. Cuando la planteó, siempre me pregunté por qué no postuló un gobierno de unidad popular. Ahí habría estado yo, al menos. Pero ahora el terremoto nos obliga compartir esa unidad nacional, porque sin ella no habrá reconstrucción.
Calientes con corresponsales
A medida que avanza la tarde comienzan a llegar los corresponsales extranjeros. El primero es un español que conversa con todos, intentando obtener la mayor información posible.
-¿Llegaste hoy?
-No, hace una semana.
-Ah, ¿viniste a ver a Raphael? -insisto, y el tipo sonríe sin dejar de grabar lo que a esa hora, casi dos de la tarde, sucede en La Réplica, que a decir verdad es bastante poco. Poco igual a Pablo Honorato preparando su despacho en directo.
Al salir de la oficina de prensa nos topamos con las corresponsales de Univisión que conversan con uno de los encargados de prensa de Onemi, Alejandro Ramos, quien les aconseja que vayan a almorzar y que vuelvan a las tres y media.
-Lo que pasa -explica la mayor o con más experiencia- es que necesitamos despachar a las cuatro.
-Ah, entonces vuelvan a las tres -contesta Alejandro.
Al igual que el corresponsal español, imagino que ellas llevan una semana en Chile.
-No, llegamos hace seis horas -aclara la más joven y rica. Como ven la calentura de Alejandro es contagiosa.
-¿Y cómo llegaron: nadando?
-No, en avión -responde la mayor.
Las corresponsales, lejos de hacerle caso a Alejandro inmediatamente, ingresan a La Réplica y tras un ventanal son observadas, libidinosamente, por un oficial de la Armada y por otro de la
FACh. En estos momentos echo de menos a una persona de una estatura moral como la de Pinochet. Con él vivo, no correría libido, sino sangre. Pero las corresponsales se marchan. En ese momento una funcionaria de la Onemi llega y pregunta a viva voz:
-Ya, ¿qué necesitan: muertos, heridos?
La conferencia y el padre Tupper
Después de almorzar rápidamente con Hoppe unos deliciosos porotos granados en el casino de la Onemi (pucha que se almuerza bien aquí), estamos de vuelta para escuchar la actualización de fallecidos que dará Víctor Hugo Illanes, jefe de Protección Civil. En La Réplica todos estamos alineados, pero cuando entra Illanes, quien luce un arito en la oreja izquierda, todos lo rodean como si él fuera la miel para las moscas.
Víctor Hugo contesta preguntas con papeles en mano, mientras Pablo Honorato, ubicado justo detrás, parece puntearlo. La conferencia o lo que sea o haya sido concluye. Honorato toma lentamente nota y consulta tal vez recordando viejos tiempos:
-¿Cuántos eran los muertos?
Minutos después un periodista de Radio Cooperativa entra agitado a la sala de prensa, toma su celular y dice:
-¿Paula, supiste que la Presidenta actualizó en Curicó la cifra de muertos?
Este "colega" tiene una fijación con los muertos. A lo mejor es necroperiodista, o vaya a saber uno.
Pasa el tiempo y a las cuatro de la tarde aparece el padre Felipe Tupper, flanqueado por el periodista Alberto Pando. Me adelanto y le consulto al padre si no cree que esta tragedia fue un castigo divino. Él, entre serio y con una sonrisa enorme, contesta:
-De ninguna manera, Dios no castiga así. Esto fue un llamado de la Tierra, a cuidarla más
Pando, que al parecer es su asesor de prensa o su mejor amigo, nos interrumpe y acota que nos conocemos.
-Sí, nos vimos en Chaitén para la erupción del volcán, así es que no te quiero ver en un buen tiempo.
El padre sonríe y luego se rodea de las moscas y les da la miel que necesitan, porque digámoslo de otro modo, en la Onemi cualquier noticia sirve. Cuando el padre Rodrigo Tupper por fin termina de hablar, me despido de Alberto y no sé por qué me viene a la mente el escritor Albert Camus y su definición del carácter del chileno: "Quinientas sacudidas por año -de las cuales varias son catastróficas. Esto crea una psicología de inestabilidad. El chileno es jugador, gasta todo lo que tiene y hace política todo el día". ¿Seremos tan telúricos realmente? //LND