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Martes 9 de marzo de 2010| por Gabriela Garca / La Nacin
Sus ojos delataron sorpresa. Juan José Campanella subió al escenario del Teatro Kodak para recibir la tarde del domingo el Oscar a la Mejor Película Extranjera, premio que recibió de manos de Pedro Almodóvar y que al otro lado de la cordillera no recibían desde "La historia oficial", en 1985.
"Aturdido" por la emoción, el director de "El secreto de sus ojos" vio cómo los 45 segundos de agradecimiento (versus los cinco minutos que le dieron a Sandra Bullock) se hacían escasos para abrazar a tanta gente. Tiempo en que no olvidó, declararle el amor a su mujer (Cecilia), a su tierra trasandina y "a los hermanos de Chile". Única mención que tuvieron los damnificados del terremoto en el glamoroso evento de la Academia.
"Cuando vi el contador que bajaba 29, 28, 27 no recordaba nada de lo que tenía pensado y encima tratando de no cometer errores en inglés", expresó luego el hombre que con la historia de un jubilado agente judicial que se decide a sanar las heridas del pasado a través de la escritura, se impuso a la peruana "La teta asustada", la francesa "Un prophète", la israelí "Ajami" y la alemana "La cinta blanca". "Quiero agradecer a la Academia por no considerar el Na'vi (lengua creada para la producción "Avatar") una lengua extranjera", fueron las primeras palabras que pronunció el realizador tras recibir el galardón al que ya había estado nominado por "El hijo de la novia".
Acompañado por el actor Guillermo Francella, los vencedores hablaron de las enormes puertas comerciales que les abrirá este reconocimiento, partiendo por el estreno del filme en Estados Unidos, donde llega el 16 de abril, además de la insólita apuesta que deberá cumplir el protagonista de la película, Ricardo Darín tras el triunfo: dar la vuelta olímpica al Obelisco de Buenos Aires desnudo. Y aunque aún la hazaña no tiene fecha, el actor manifestó su alegría desde Argentina. "Fue milagroso. Vi las cuatro películas con las que competíamos y la teníamos bastante brava", dijo a la vez que celebró el humor como el ingrediente que marcó la diferencia.