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Colusión presidencial

Parlamentarios de todas las bancadas, dirigentes de partidos, comandos de campañas, todos quisieron estar presentes en esto que se anunció como “debate”, incluso León, quien se reencontró con Rodrigo Hinzpeter a la luz de… Pero también nuestro cronista conversó con Luciano Cruz-Coke y con Rafael Gumucio, quien sugirió que estaba mal de la cabeza y que por eso apoyaba a MEO. Esto y más en la siguiente crónica.

Domingo 27 de septiembre de 2009| por GONZALO LEÓN

Un cura de mi colegio solía citar al ministro de Propaganda de la Alemania nazi: “Miente, miente, que siempre algo queda, y cuanto más grande la mentira, más gente la creerá”. Son pasadas las siete de la tarde y estoy en TVN, lugar donde se ultiman los detalles para lo que será el primer debate presidencial entre los cuatro candidatos que estarán en la papeleta el próximo 13 de diciembre. Pienso si alguno de ellos mentirá esta noche y de qué tamaño será su mentira. Quizá el tamaño va en directa relación al tamaño de… bueno, ustedes saben.

TVN ha producido esto con mucho cuidado, o eso parece. Hay un improvisado set, en donde se vivirá la “previa” al debate y luego un capítulo especial de “Estado nacional”. Al lado del set, unos tramoyas aún trabajan en un mesón de guardarropía, con letras arriba.

-No, León -corrige Rodrigo Muñoz, de la gerencia de comunicaciones del canal-, es para que los invitados retiren su ubicación.

Cruzo un umbral y estoy en lo que llaman hall. Aquí hay cinco o seis divanes, como de sicoanalistas, varias pantallas de televisión y de fondo un gran telón amaranto. Observo a un par de periodistas de TVN inquietos, conversando de esto y lo otro. Al final del hall está el auditórium donde se realizará el debate. Con Hoppe intentamos ingresar, pero una tal Sussy, no la de la película, nos lo impide:

-Todavía no, chiquillos.

Sussy trabaja con Rodrigo Muñoz y está instruyendo a unos anfitriones, vestidos con los colores corporativos del canal público, aunque a decir verdad más parecen una tripulación de Lan. Decido devolverme y, cuando voy llegando nuevamente al improvisado set, veo a otros anfitriones siendo instruidos por una mujer. Éstos son los mesones de guardarropía… perdón de las invitaciones, y la mujer les explica cómo se debe retirar la ubicación. Cuando termina su labor, yo les comento a los anfitriones que parecen un mesón de embarque de Lan, y una chica contesta bromeando:

-¡Claro, por los pañuelitos rojos! -Y luego cambiando la voz agrega-: Todos los interesados favor subir al vuelo de las presidenciales.

Juntos con Hinzpeter

Pasadas las ocho comienzan a llegar los periodistas y algunas personas vinculadas a los diferentes comandos, como Hugo Gutiérrez del “Juntos, pero no revueltos”, José Miguel Benavente de la “Desconcertación”, Gonzalo Cienfuegos de la “Colusión por el cambio”. Pero sin duda los más organizados son los del “Juntos, pero no revueltos” que han arribado en masa. A Hugo Gutiérrez se le unen el dirigente pyme Iván Vuskovic, el sindicalista Cristián Cuevas, el actor Mauricio Pesutic y la abogada Fabiola Letelier, quien es saludada por el primero de “compañera”. El compromiso al parecer en este pacto es a todo “evento”.

Decido abordar a Cristián Cuevas, a quien le hago una pregunta huevona, que él en todo caso contesta extensamente como si le hablara a una asamblea, lo que me desconcierta y me hace apurarlo. Al final, señala que lo único que espera es que la derecha no vuelva a gobernar este país, y yo encogiéndome de hombros pienso en que toda la gente decente espera lo mismo.

Curioso, pero cuando uno habla con gente decente, se queda pensando en el significado de la decencia, así es que para reflexionar mejor salgo por donde están ingresando los invitados. Es ahí, en medio de la noche, con la romántica luz de unos focos donde se produce mi reencuentro con Rodrigo Hinzpeter, el generalísimo de Sebastianísimo Piñera. Lo diviso a lo lejos, mientras sube las escaleras, y ambos avanzamos para saludarnos, como si estuviésemos en una playa desierta y el sol nos pegara en nuestras hermosas cabelleras negras. Rodrigo sonríe y me estrecha la mano, mientras con la otra palmotea la que tiene estrechada.

-Oye Rodrigo, no todo tiene que ser tan serio -le comento, recordando el veto a este “pasquín” para la proclamación de Piñera.

Rodrigo, ahora creo que lo puedo tutear libremente, suelta mi mano y comienza a agitar un dedo.

-No, pero tú sabís que ese día yo estaba muy enojado y podría haber dicho cualquier cosa. Además, no sabía que estabas grabando.

Cuando estoy a punto de confesarle que efectivamente dijo “cualquier cosa”, Hoppe nos interrumpe y pregunta:

-¿Cualquier cosa como un garabato, dices? -Y enseguida añade-: No te preocupes, no dijiste ninguno. Hablaste perfecto. Así es que tranquilo.

Entre todo lo despistado que es Hoppe, a veces resulta muy perspicaz. La escena termina con Rodrigo Hinzpeter enviándoles un saludo a los lectores de La Nación. Cuando nos despedimos me dan ganas de decirle: “Juntos podemos más”, pero algo me lo impide.

Política de cóctel

En el hall donde están los divanes y las pantallas de televisión ahora dan vueltas bandejas con vinos, champaña, canapés, y los invitados, como es de suponer, comen y beben a la espera de que lleguen los candidatos, quienes por el momento brillan por su ausencia. Jorge Navarrete hijo conversa con Gutenberg Martínez, Soledad Alvear y Andrés Allamand. A lo lejos hacen lo propio Lautaro Carmona, secretario general del PC, y Juan Antonio Coloma, presidente de la UDI. Pienso por un momento que la UDI quiere hacer otro pacto contra la exclusión, así es que una vez finalizada la “minicumbre”, me acerco al senador Coloma y le consulto si mi impresión es correcta. Él, sosteniendo un vaso de pisco sour, responde:

-No, nada que ver. ¿Acaso no se puede hablar ahora con los amigos?

Sinceramente no sabía que Coloma y Carmona eran amigos. Bueno, sigo circulando. El senador Alberto Espina, un poco hinchado de cara, saluda afectuosamente al ex ministro Belisario Velasco. Pienso que es mi oportunidad de interrumpir.

-¿Qué le parece que los uniformes de los anfitriones sean tan parecidos a los de Lan?

-No me había dado cuenta -contesta azorado y luego intenta divisar a los anfitriones, sin éxito.

Al igual que a Rodrigo, le pido un saludo para los lectores de este diario pero, a diferencia del primero, no es tan entusiasta y vuelve rápidamente con Belisario, justo en el momento en que hace su aparición Jorge Arrate. No sé si será por sus canas o qué, pero a Arrate los periodistas le dicen don Jorge, cosa que me provoca risa, ya que el “don” indica posesión de algún título nobiliario, todo lo contrario a lo que defiende una candidatura de izquierda como la de “don Jorge”. Pero bueno, no seamos tan estrictos y mejor sigamos “chupando”, como diría Hoppe.

MEO no se mea

Cuando vuelvo a asomarme al lugar donde está el set, Marco Enríquez-Ominami y Karen Doggenweiler tienen todo alborotado con su llegada. Las autoridades y demás trabajadores salen a recibir a la pareja. Mario Papi, presidente del directorio de TVN, se forma orgulloso al lado de la pareja, cosa que me hace exclamar:

-Veo que el presidente apoya a Marco.

-Aquí -apunta Daniel Fernández, director ejecutivo del canal- apoyamos a todos los candidatos.

Al intentar entrar al hall, aprovecho para preguntarle a Marco si fue a ver “Dawson”, la película inspirada en el centro de detención.

-No, pero tengo un abuelo que estuvo ahí -responde rápido, pero también algo ansioso por entrar a escena.

Marco, flanqueado por gente de TVN, es conducido hacia los camarines, mientras Karen e hija quedan a merced de la prensa y los políticos. ¿Será ése el mejor ambiente para una niña… como Karen? Prefiero no preguntármelo y abordo a Rafael Gumucio, que conversa con Ricardo Solari sobre la importancia de los acuerdos en la Alemania del este. Solari luce una chapita que dice Frei, y Gumucio, primo de Marco, sonríe. Como nos conocemos hace un tiempo le consulto si apoya a su primo.

-¡Obvio!

-¿Pero estás bien de la cabeza?

-Nunca he estado bien de eso -concluye abriendo los brazos.

El tercer candidato en aparecer es Eduardo Frei, quien se ve más preocupado por el partido entre la Universidad de Chile e Inter de Porto Alegre que por el debate.

Algo me pasa con Sebastián Piñera: o no me deja entrar a su proclamación o se me pierde entre este mar de gente, o como cuenta Daniel Fernández, ingresó por otra parte. El hecho es que tengo que conformarme con Sebastián hijo, quien al reconocerme, comentamos la crónica que escribí para la proclamación de su padre. Él se ríe, y yo aprovecho para pedirle si puede interceder para que su padre nos dé una entrevista.

-Porque no es necesario ser tan serios, ¿no?

-Claro -concuerda él.

-¿Entonces…?

-Eso habría que hablarlo con Carla Munizaga… pero supongo que ustedes ya hablaron con ella.

Curioso, pero Sebastián hijo podría ser la síntesis entre el dinero de su padre y el encanto que provoca en ciertas personas la figura de Marco Enríquez-Ominami. En otras palabras, Sebastián hijo es el perfecto candidato para el 2018.

Unos chispazos

Al entrar al auditórium, la gente está ansiosa por el debate. Recorro el lugar y observo a José Miguel Izquierdo, que pronto las oficiará como jefe de barra de Sebastián Piñera, Luciano Cruz-Coke, Cristián Larroulet, Felipe Morandé, entre otros adeptos al candidato empresario. Sigo y más allá están Jorge Burgos, Ricardo Solari, Claudio Orrego, Alberto Undurraga, entre los conspicuos adeptos a Frei. En otro lado, Esteban Maturana, Marcelo Trivelli, entre los de Marco, y Claudio Narea y muchos más por “don Jorge”.

Entre todos ellos escojo a Luciano Cruz-Coke para conversar un ratito. Luciano se muestra incómodo y balbuceante ante mis simples preguntas.

-Bueno, yo conocí a Sebastián hace cuatro años y me di cuenta de que estaba muy interesado en la cultura -cuenta él.

-¿No te parece que al apoyar a un candidato de derecha, eso te puede convertir en un artista de derecha?

-Yo diría que no, y la verdad que no creo en esas diferencias de izquierda y derecha. Pero, en todo caso, yo trabajo con gente de izquierda y derecha.

¡Pobre Luciano! No sabe lo que dice: primero no cree en “esas” diferencias y luego sucede que sí. ¿En qué quedamos? Mejor continuar con mi recorrido y llegar hasta la primera fila, en donde Cecilia Morel, la esposa del empresario candidato, y Karen conversan silla a silla, cadera a cadera, vestido azul a vestido azul, mientras el senador independiente por la Región de Magallanes, Carlos Bianchi, intenta llamar la atención de los fotógrafos para que le saquen unas fotos con “estas dos bellezas”. Cecilia Morel sonríe halagada, Karen no sabe muy bien qué hacer. Al final, el senador se sale con la suya y posa con “sus bellezas”.

-Seguro que esta foto será usada en su campaña -exclama Cecilia Morel, ignorando que las regiones pares no se eligen este año.

Cuando el senador queda solo, me acerco para comentarle:

-Las ventajas de ser independiente.

-¡Pero lógico, ¿no?! -exclama él, con orgullo.

Antes que salga Alejandro Guillier a moderar este primer debate presidencial televisado, las diferentes barras de los candidatos gritan: “Piñera, MEO, la misma tontera”, “Se siente, se siente, Piñera Presidente” y otras consignas que ya no recuerdo. Antes de que Alejandro Guillier les llame la atención a las diferentes barras, pensaré en quién mentirá más esta noche. Y antes que el debate comience, la frase de Goebbels retumbará en mis oídos: “Miente, miente, que siempre algo queda”. //LND

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