
Jueves 4 de marzo de 2010| por Cristina Espinoza / La Nacin
Sólo 48 horas después de que un sismo de 9.5 grados en la escala de Richter azotara Valdivia el 22 de mayo de 1960, el volcán Puyehue entró en erupción. Este dato es uno de los que el vulcanólogo estadounidense, David Pyle, de la Universidad de Oxford, incluyó en un estudio sobre los efectos secundarios de los terremotos ocurridos en Chile en 1906 y 1960 y su relación con el número de erupciones volcánicas, y asegura que "ambos eventos tuvieron un patrón donde había más erupciones en el año después del terremoto", lo que también podría esperarse ahora.
"Esto sugiere que uno de los efectos de los terremotos es cambiar la distribución de tensiones en la Tierra y, de alguna manera (que no acabamos de entender plenamente), este puede entonces conducir a pequeñas erupciones en una serie de volcanes", sostiene Pyle a La Nación.
Lo mismo habría sucedido en febrero de 1835. Luego del terremoto que afectó a Concepción, Charles Darwin, que entonces realizaba sus investigaciones en Chile, también habría notado el aumento de la actividad volcánica, lo que se tradujo en el "mayor vigor de dos volcanes que ya estaban en erupción (Osorno, Minchinmavida), y evidencia de actividad de menor importancia en un par de volcanes que habían estado inactivos", agrega el vulcanólogo.
Basándose en esas observaciones, Pyle sostiene que podría haber un aumento en el número de erupciones en Chile, aunque estas serían "muy pequeñas y de corta duración".
NO HAY ACTIVIDAD
En vista de lo expuesto por Pyle (y compartido por otros expertos), la Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV), del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), pone atención a la actividad volcánica desde el volcán Tupungatito (RM) al Mocho Choshuenco (XIV), los que hasta ahora se mantienen en sus parámetros normales.
"Efectivamente cuando ocurren sismos de tipo tectónico, como los que hemos tenido en Chile de magnitud superior a 8, se genera la probabilidad de que se active algún volcán cercano al lugar del epicentro, o incluso hasta bastante lejano, por lo que hemos estado pendientes desde el primer momento de la vigilancia de los volcanes del segmento en el cual se han estado produciendo los sismos", asegura el geólogo Jorge Muñoz, jefe de la RNVV.
A más de 120 horas del terremoto, no hay signos de que pueda repetirse algo similar a lo de 1960, pero Muñoz dice que es temprano para "cantar victoria". "No pasó nada, pero la preocupación va más allá de un par de días o un par de semanas, en realidad, vamos a tener que estar alerta por bastante tiempo, porque la desestabilización de los sistemas volcánicos no son instantáneos, requieren tiempo para desequilibrarse y tiempo para hacer que el proceso eruptivo se manifieste", explica.
ESTADÍSTICA ES FRÁGIL
El geofísico Sergio Barrientos, director científico del departamento de Sismología de la Universidad de Chile, señala que el estudio de Pyle muestra una estadística que se puede interpretar de diferentes maneras. "Personalmente, creo que ha habido suficientes terremotos importantes los cuales no han tenido volcanismo asociado. Creo que está sujeto a más datos".
Asegura que efectivamente la erupción del Puyehue en 1960, tuvo relación con el terremoto de Concepción, "pero la interpretación final es sólo un efecto de gatillo. Es decir, el volcán y su sistema magmático deben estar en condiciones de hacer una erupción prontamente y esto no es más que un pequeño movimiento que afecta el sistema magmático, lo hace salir de su estado de equilibrio y se genera la erupción. Si el sistema volcánico no está listo para hacer erupción, no va a hacer erupción", enfatiza el especialista. De esta forma, el movimiento telúrico actuaría sólo acelerando un proceso que se habría producido más tarde.
El Llaima y el Villarrica son los volcanes cuyo equilibrio es frágil, por lo que, según Muñoz, concitan más atención, aunque por ahora no presentan anomalías.
