
Martes 9 de marzo de 2010| por Carlos H. Conde / Herald Tribune, derechos exclusivos para La Nacin
En las últimas cuatro décadas, los comunistas filipinos libran la que se ha convertido en una de las más prolongadas rebeliones maoístas en el mundo. Una de las formas de financiamiento es el cobro de lo que los guerrilleros llaman "impuestos revolucionarios", estrategia que les ha dejado cientos de millones en ganancias los meses previos a las elecciones.
A casi dos meses de los comicios generales programados para el 10 de mayo, se espera que las guerrillas extorsiones fuertemente a los políticos, so pena de impedírseles el acceso a las áreas que controlan o donde tienen influencia, según un informe divulgado el domingo por los militares filipinos.
El general Francisco N. Cruz Jr. afirma en el documento que los comunistas incluso han recaudado tarifas por "permisos para ganar" a cambio de una promesa de victoria para un candidato. Afirmó, además, que quienes se negaron a pagar fueron castigados.
Ante tal situación, el general pidió a los residentes informar sobre extorsiones y hostigamientos a los funcionarios legales, agregando que pagarle al Nuevo Ejército del Pueblo (NEP, rama armada del Partido Comunista), sólo fortalecería a los rebeldes.
COBRO SELECCIONADO
De acuerdo al informe castrense, el NEP comenzó a cobrarles "impuestos revolucionarios" a los políticos en las elecciones de 1992. Este año, según los oficiales, los comunistas esperan reunir alrededor de 108 millones de dólares.
"La tasa actual va de los 109 a 437 mil dólares, que son cobrados desde los postulantes a concejales municipales hasta quienes aspiran a la Presidencia", explica el documento militar, que agrega que los aspirantes aliados a los comunistas o al NEP están exentos.
La Comisión Electoral filipina había estimado con anterioridad que los guerrilleros reunieron un total de 76 millones de dólares en las elecciones de 2004 y 2007. Uno de sus comisionados, René Sarmiento, advirtió por entonces a la población que las extorsiones "podrían amenazar la existencia de la democracia".
La Comisión de Derechos Humanos del país también ha denunciado los "impuestos revolucionarios", calificándolos de "repugnantes en todos los sentidos para los valiosos estándares y principios de DDHH, no sólo de los candidatos y los partidos políticos, sino también de los votantes individuales".
Además de los políticos, los "enemigos de clase" de los comunistas igualmente deben dar su "contribución", sobre todo las grandes empresas relacionadas con la construcción, la minería, el transporte y las telecomunicaciones.
Los militares afirman que las "tarifas estándar" para dichas compañías equivalen al 6% ó 7% del ingreso bruto de los operadores madereros y de 21.900 a 43.702 dólares para las empresas de buses. De no contar con dinero en efectivo, los rebeldes también aceptan como forma de pago armas de fuego, teléfonos celulares, medicinas y equipamiento, según los uniformados.
Los rebeldes nunca han negado que recauden lo que llaman "impuestos". Luis Jalandoni, dirigente del Frente Nacional Democrático de Filipinas -la cara visible de los grupos revolucionarios- afirmó en 2004 que los pagos eran una prueba de que "en Filipinas existen dos gobiernos".
Jalandoni señaló que la única diferencia entre el gobierno guerrillero y el de la Presidenta Gloria Macapagal Arroyo, era que los rebeldes recaudaban el dinero de los "enemigos de clase", no el de los filipinos pobres, y que dicho fondo se usaba para sustentar al movimiento revolucionario, mientras que el Ejecutivo gastaba su dinero de impuestos en corrupción.